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PUM. Capítulo 15.
by Itahisa on Jun.18, 2010, under PUM
Capítulo nuevo!!! Siento la tardanza!! AH!! Y espero que se den cuenta de que no se percataron de un detalle bastante importante en el capítulo anterior, ahora Byshael conoce a Sinea!!!!
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Tras la asamblea, los habitantes de Ayua comenzaron a levantarse, despacio y en silencio y emprendieron el regreso a sus hogares. Habían esperado grandes noticias, todas sus esperanzas habían sido depositadas en aquel singular joven que había partido en busca de respuestas hacía tanto tiempo ya. Ahora que las habían recibido comprendían todos los cambios que se habían estado produciendo en el bosque durante los últimos tiempos, sabían por qué en Thrakien habían comenzado a morir algunos árboles de forma inexplicable, o por qué ciertas especies de aves habían dejado de anidar allí. Ya conocían el origen de la oscuridad que se extendía, lenta pero inexorablemente, por todas partes desde hacía algún tiempo.
Byshael, de pie junto a Silara, los contemplaba con tristeza, lleno de impotencia. Él había sido en aquella ocasión el portador de la mala nueva que pesaba ahora en los corazones de los habitantes de la bella Ayua. Ni siquiera los miembros de la Asamblea dijeron una palabra más y se retiraron del mismo modo que los demás. Incluso Hekki, de natural alegre, estaba sentado a los pies del joven con expresión apenada en su pequeño rostro a rayas. Todos sabían que no había nada que pudieran hacer, nadie sabía cómo devolver la vida a las Zabay, y sin ellas, pronto todo cuanto conocían y amaban moriría.
-Vamos, Byshael – dijo la mujer, que permanecía a su lado, con tono sombrío-, regresemos a casa, ahora ya no podemos hacer nada más. Convocaremos otra asamblea pronto, pero creo que en este momento solamente necesitan asumir cuál es la situación real en la que estamos.
-No, Silara, ve tú, yo iré más tarde -respondió Byshael, sin mirar a Silara.
Se agachó para coger en brazos a Hekki y cuando se irguió de nuevo se encontró con la penetrante mirada de la hechicera.
-Este… -tartamudeó el joven, inquieto-, tengo algunas cosas en las que pensar.
Silara le miró en silencio un instante, asintió en silencio antes de alejarse, dejando a Byshael totalmente solo bajo la bóveda del Haradyan. El joven la miró durante unos segundos, preguntándose si no sería mejor seguirla, había demasiadas cosas que hacer, que hablar, como para pensar en sí mismo, pero al mismo tiempo sentía que necesitaba algún momento para ordenar sus ideas y sentimientos antes de hablar sobre ellos. Mientras respiraba hondo, miró hacia el cielo y tras una leve sonrisa, echó a andar.
Siempre le había encantado ver el atardecer desde aquel hueco en lo más alto del más alto árbol de Thrakien. Podía decir, sin dudarlo, que aquel era su lugar favorito, el único al que acudía cuando necesitaba tranquilidad para poder pensar o simplemente un momento para relajarse y alejarse de las preocupaciones del día a día. Allí podía olvidarse de todo aunque fuera un instante, y estar a solas consigo mismo, ya que aunque no era un secreto para casi nadie la existencia de aquel lugar, nadie solía ir allí, y mucho menos cuando él estaba en su refugio.
Aquel día el ocaso le parecía especialmente hermoso, pues tanto tiempo alejado del hogar casi le había hecho olvidar su belleza. Hekki, que parecía haber olvidado ya los tristes momentos vividos apenas unos minutos antes, ya revoloteaba por todas partes, como siempre, y ahora se entretenía tratando de llamar la atención del joven con saltitos, juegos y continuos gorjeos desde una rama situada justo encima de la cabeza de Byshael quien, por su parte, hacía caso omiso de ellos.
Pero el muchacho no conseguía concentrarse en el atardecer que tenía ante sus ojos, a pesar de no estar prestando atención a nada más. Había pasado la casi media hora que se tardaba en llegar hasta allí desde el centro de Ayua pensando en todo lo que había dicho durante la reunión con la Asamblea, pero apenas llegó su refugio y se acomodó ocurrió algo que desvió su atención tanto de lo sucedido en la tarde como de lo que ocurría ante él.
Volvía a escucharla, a ella, pero esta vez su voz sonaba claramente en su cabeza.
«¿Por qué sostenía el Yhaara en sus manos con tanta frecuencia?», se preguntó.
La joven no estaba sola en esta ocasión, hablaba con alguien y, sin embargo, su voz era apenas audible, como si hablara en susurros, y además transmitía una gran tristeza. Dedujo de la conversación que hablaba con su padre y que estaba muy apenada por algo que había hecho, algo que le había preocupado. Él sólo podía escuchar lo que decía la joven, pero le pareció que, tras uno de sus silencios, su voz sonaba algo más tranquila.
«Tiene una voz tan dulce… y tan triste al mismo tiempo›› -pensó, curioso-. «Lástima que no haya dicho nada que me ayude a encontrarla››.
Varios minutos pasaron en silencio y Byshael pensó en lo que acababa de escuchar. No podía entender la mayor parte de cuanto ella decía, eran sólo frases inconexas, pero estaba profundamente interesado en aquella misteriosa joven que tenía su Yhaara, había algo en su voz que le hacía preguntarse qué le ocurría, qué causaría aquella profunda tristeza, aquella angustia que escuchaba cada vez que ella hablaba.
-¿Por qué no puede ser todo como antes? –escuchó con claridad en su mente- ¿Y por qué hablo contigo? ¡Sigo hablando sola! Pero… ¡qué digo! Sólo es un trozo de madera…
Su voz sonó tan cercana en su cabeza que por un instante había sentido que realmente se dirigía a él. Sabía que era a causa del Yhaara, que hacía que pareciera como si ella realmente estuviera allí, aunque estuviera tan distante al mismo tiempo…
-¿Por qué hablo contigo? –oyó de nuevo, unos instantes después-. Tal vez sea porque no tengo a nadie que me escuche o porque sé que nunca traicionarías mis secretos. Un trozo de madera no puede hablar… Quizás sea porque parece que de verdad puedes entender lo que digo, aunque no respondas. O puede que simplemente me esté volviendo loca…
Había tanta tristeza y resignación en las palabras de la joven que Byshael no pudo evitar un estremecimiento al imaginar qué clase de vida debía llevar alguien que hablaba de ese modo. Volvió a recordar el instante en el que la había descubierto, durmiendo como una niña, sola, en el acceso al Elhörien: incluso así, sucia, mojada, le había parecido tan bella que no había podido evitar mirarla con admiración.
«¿Por qué me intriga tanto esta muchacha?» -se preguntó-. «¿Será sólo porque tiene el Yhaara? ¿O tal vez por la tristeza que percibo en su voz cada vez que habla?»
Había vuelto a hacerse el silencio. Hacía ya rato que no escuchaba absolutamente nada y se forzó a volver sus pensamientos hacia lo ocurrido en la reunión, así que cuando empezó a sentir cierta angustia y oyó de nuevo la voz de la joven, casi se sorprendió. Pero esta vez no hablaba sola, su abuela estaba con ella, y la muchacha le decía que era muy injusta con ella, parecía reprocharle por algo que había dicho o hecho.
Y entonces sucedió. Después de unos instantes de silencio, sintió muy claramente que la joven ya no tenía el Yhaara en sus manos. En lugar de la presencia tenue, tímida y triste que había sentido hasta ese momento, ahora percibía que alguien muy distinto lo tenía en su poder. Sentía ira y rencor fluyendo hacia él a través del pequeño unicornio de madera y entonces pudo oír cómo esa persona se dirigía a la muchacha, con tanta dureza que podía considerarse crueldad.
-¿Se puede saber de dónde has sacado esto? –dijo la voz de una anciana-. Yeixa dice que no lo has soltado desde ayer. Déjame ver… -comentó, mientras la analizaba minuciosamente-. Ya veo que mantienes esas ridículas ensoñaciones tuyas… cómo no…
Byshael estaba petrificado. ¿Qué iba a hacer esa mujer con el Yhaara? Desde allí no podía hacer nada, pero sabía que el que la talla de madera cambiara demanos no era algo que le conviniera.
-Si no es nada importante, tampoco te importará que me lo lleve. Hace mucho tiempo que debiste haber olvidado esas ridículos sueños. Esto –escuchó decir de nuevo a la anciana, justo antes de que volviera a hacerse el silencio-, al igual que esa absurda y pueril fantasía tuya, no volverá a ser tuyo jamás.
«¿Realmente esta mujer es la abuela de esa chica a la que vi ayer? ¿Por qué se dirige a ella de esta manera?», pensó.
No podía explicárselo: aún no había olvidado el hermoso rostro dormido de aquella joven, su tristeza que parecía llenarla por completo. ¿Cómo podía ella merecer un trato como ese? ¿Qué habría hecho que fuera tan malo?
Aún no lo sabía, pero se juró a sí mismo que lo averiguaría. Por el momento, la única certeza que tenía era que su Yhaara estaba en manos equivocadas y que tanto él como la muchacha estaban en peligro por ello. Ya no podía esperar mucho más, debía recuperarlo cuanto antes.
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Todos los derechos reservados
(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.
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#Escuchando… Saladin (from Kingdom of Heaven Soundtrack) - Harry Gregson-Williams
Chi.
by Itahisa on Jun.17, 2010, under Foto del día
El nuevo miembro de mi familia (aunque no sé por cuánto tiempo), es esta enana y maligna gatita. ¡No dejen que su carita de buena e inocente les confunda!
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Fotos hechas para ilustrar una pieza compuesta por Yaiza Varona,
llamada “The Cat and the Hat”.
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#Escuchando… Ka-Boom Ka-Boom - Marilyn Manson
Suzhou.
by Itahisa on Jun.12, 2010, under Foto del día
1 Comment :blanco y negro, China, Foto del día, Fotografía, fotos, Suzhou more...Sin título.
by Itahisa on Jun.09, 2010, under Foto del día
Simplemente intentando dar un aspecto diferente a algo ya demasiado visto, demasiado habitual…
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#Escuchando… Close to the flame (Rappula tapes) - HIM
Zen.
by Itahisa on May.21, 2010, under Foto del día, Relatos y otras tonterías
Caminó, despacio, muy despacio, mientras trataba de acompasar su respiración al lento movimiento.
Aquel lugar era lo que siempre había buscado, un oasis de tranquilidad en medio de la delirante algarabía de la gran ciudad.
Muy lejos quedaban ya de ella los interminables atascos, aderezados por el humo y el estridente sonido del claxon de miles de coches al mismo tiempo. Olvidadas ya estaban las prisas con las que se movía la ingente masa humana por las amplias calles flanqueadas por edificios que casi impedían ver el cielo. Inconcebible le parecia en aquel momento que apenas unas horas antes se hubiera sentido estresada, agobiada por el trabajo y las obligaciones cotidianas, por las responsabilidades y la presión social.
Cuando estaba allí, nada más existía, allí estaba sólo ella.
Ella y el silencio.
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#Escuchando… Only the beginning of the adventure (from Cronicles of Narnia OST) - Harry Gregson-Williams
Mar de nubes.
by Itahisa on May.20, 2010, under Paridas varias
Aprovecho mi baja actividad bloguera para dejar por aquí algo que he estado haciendo últimamente… ¡Espero que les guste!
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PD: Recomiendo MUCHO verlo en pantalla completa…
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#Escuchando… Twisted ‘Everyday hurts’ - Skunk Anansie
PUM. Capítulo 14.
by Itahisa on May.07, 2010, under PUM
Hola hola!!
Sí, sigo viva, aunque a juzgar por la actividad del blog en estos últimos tiempos nadie lo diría, lo sé… Lo siento muchísimo, pero he tenido algunos problemas bastante graves con el ordenador (tuve incluso que formatearlo, pues no quedó más remedio) y además de eso he estado bastante ocupada con muchas otras cosas…
Pero ya estoy poniéndome al día con algunas cosillas, y entre ellas, PUM, así que ya estoy de vuelta con un capítulo más de esta historia… Espero que no haya pasado tanto tiempo como para que hayan perdido el hilo!!
¡Espero que les guste!
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Cuando Khar entró en la habitación de su hija con evidentes muestras de preocupación, hacía apenas unos pocos minutos que el sanador se había marchado y ahora Yeixa se ocupaba del cuidado de la joven princesa. Había abierto las cortinas y los tímidos rayos de sol de las primeras horas de la mañana entraban ahora a raudales por las ventanas, cubriendo todo cuanto encontraban a su paso con una cálida y dorada luz.
La Princesa, semiincorporada aún en la cama, muy pálida y ojerosa, parecía apaciblemente dormida. La doncella, sentada a su lado, recogía en silencio la bandeja en la que le había llevado el caldo caliente que había recomendado el sanador.
-Buenos días, Majestad –dijo la doncella, mientras hacía una leve reverencia y continuaba ordenado un poco la habitación.
-Buenos días, Yeixa -respondió el monarca, afable-. ¿Cómo se encuentra mi hija?
-El sanador ha dicho que su temperatura es muy alta y por eso se encuentra tan mal, que en cuanto se enfríe comenzará a notar la mejoría –respondió la muchacha, con cierta timidez, pero sin dejar lo que estaba haciendo-. También ha dicho que después de la sangría que le ha aplicado estará un poco débil y tendrá que descansar durante algunos días, que es importante que esté abrigada cuando su temperatura baje y que se le pongan los emplastos de hierbas que ha dejado preparados. Con todo esto, en poco tiempo se recuperará totalmente.
Mientras ella hablaba el Rey se había acercado hasta la cama de su hija y se había quedado observándola con ternura. La muchacha abrió lentamente los ojos al sentir que alguien se sentaba a su lado.
-Yeixa, por favor, déjanos solos, he de hablar con mi hija.
-Por supuesto, Majestad.
La doncella cogió la bandeja que había dejado sobre la mesita junto a la cama, en silencio, hizo una reverencia y salió de la habitación. La Princesa la miró hasta que cerró la puerta y luego se quedó mirándose el regazo, en el que sostenía firmemente entre las manos una talla de madera con forma de unicornio. Se sentía tan avergonzada que no se atrevía a mirar a su padre, que la contemplaba aún con cierta preocupación.
-Hija –dijo Khar-. ¿Qué te ocurre? ¿Y qué es eso que tienes ahí?
-¿Esto? –respondió, quitándole importancia-. Sólo es un pedazo de madera que encontré.
Inquieta, cubrió la figura con la colcha, pero no la soltó. No podía explicarlo, pero cuando sostenía aquel objeto en las manos sentía cierta seguridad que la reconfortaba. Tras un suspiro, levantó los ojos y, miró a su padre, antes de continuar.
-Siento mucho haberos preocupado, no era mi intención… Yo… sólo… quería salir… poder respirar en paz aunque fuera un rato, estar tranquila –sin darse cuenta había comenzado a hablar muy rápido, atropelladamente, de manera que no se entendía bien lo que decía-, no sabía que iba a volver a llover y no sé cómo me alejé demasiado del castillo y luego…
-Hija, tranquila -interrumpió Khar, con ternura-. No te preocupes más, ya todo pasó –continuó mientras le acariciaba la cara suavemente-, pero debes tener más cuidado cuando salgas sola, si te pasara algo… no sé qué haría si…
-No, padre, no me va a pasar nada -exclamó la muchacha, de pronto-. Os prometo que a partir de ahora sólo saldré acompañada, y sólo en caso de que sea totalmente seguro. No quiero que volváis a estar mal, a enfermaros, por mi culpa –añadió, con los ojos llenos de lágrimas-. Ya tenéis bastante peso sobre vuestras espaldas para además tener que preocuparos tanto por mí, por mi irresponsabilidad.
-Khuanya –dijo el Rey con cariño-, tú no eres la causa de ninguno de mis males. Al contrario, tú eres una inmensa alegría para mí, así que olvida eso que has dicho. Yo sé cuán necesarios son para ti tus paseos y no quiero que dejes de salir para no preocuparme, pero sí es cierto que debes ser más cauta de ahora en adelante.
-Pero padre…
-No hay más que hablar. Y ahora –dijo mientras se levantaba-, debes dormir un poco. El sanador ha recomendado que descanses y eso es lo que vas a hacer. No quiero verte fuera de la cama en todo el día. Y vas a pasar varios días de reposo absoluto, me encargaré de que te traigan aquí todas las comidas y Yeixa estará contigo permanentemente.
-No os preocupéis, no me levantaré -respondió la joven.
Tras darle un beso en la frente a su hija, Khar se dirigió a la puerta, pero antes de salir se volvió una vez más hacia ella.
-Volveré más tarde para ver cómo te encuentras, Shiri.
Khuanya sintió como las lágrimas volvían a inundar sus ojos. Aquel era el nombre que su padre le había dado desde que era apenas un bebé, cuando se escondía con ella en algún rincón y leían las fantásticas aventuras del unicornio Byshael o inventaban juntos aventuras en las que ella era la heroína de los ojos oscuros como la noche y el rostro hermoso como la luna. Nadie más conocía aquel nombre, era algo que ambos habían mantenido en el más estricto secreto, pero hacía ya tanto tiempo que no escuchaba a su padre usarlo que casi lo había olvidado. El tiempo de las historias había terminado hacía mucho, y precisamente por ello sintió que la emoción la inundaba, pues precisamente en aquel momento en que ella sentía que le había fallado, su padre le demostraba que para él siempre seguiría siendo Shiri.
Tras enjugarse las lágrimas, se acomodó en la cama y observó con atención la figura de madera que aún sostenía entre las manos y volvió a preguntarse por qué sentía tanta tranquilidad y calidez al tenerla cerca.
-¿Por qué no puede ser todo como antes? –dijo en voz alta, con amargura, sin dejar de observar el unicornio. Y luego añadió, ligeramente divertida- ¿Y por qué hablo contigo? ¡Sigo hablando sola! Pero… ¡qué digo! Sólo es un trozo de madera…
Observó atentamente los rasgos del animal. Estaban exquisitamente tallados, eran muy reales, y hasta los más ínfimos detalles habían sido plasmados con notable maestría. Incluso parecía que aquellos ojos la estaban mirando. Desvió la mirada, incómoda. Realmente no era absurdo lo que estaba haciendo y pensando, pero, de alguna manera, le parecía que alguien la observaba y escuchaba y no se sentía ridícula al hablar sola. Era realmente extraño, no podía explicar aquellas sensaciones pero tampoco podía negar que eran ciertas.
-¿Por qué hablo contigo? –repitió, mientras miraba la figura con recelo-. Tal vez sea porque no tengo a nadie que me escuche o porque sé que nunca traicionarías mis secretos. Un trozo de madera no puede hablar… Quizás sea porque parece que de verdad puedes entender lo que digo, aunque no respondas. O puede que simplemente me esté volviendo loca…
La Princesa seguía inmersa en sus reflexiones cuando se abrió la puerta repentina pero silenciosamente. Sinea entró despacio, observando atentamente cada detalle de la estancia, analizando el rostro de su nieta mientras dejaba entrever en sus ojos un resplandor malicioso que inquietó a la Princesa de inmediato.
-He venido a ver si realmente estás enferma –le dijo-. Podrás engañar a tu padre, a tu hermano, o incluso a ese farsante del sanador, pero a mí no.
Mirándola fijamente, dio una vuelta alrededor de la cama y la joven no pudo dejar de pensar que parecía un gato al acecho de un ratón. Y lo peor era que, en aquella situación, ella tenía menos posibilidades que nunca de salir ilesa.
-Parece que dices la verdad –observó la Reina madre, deteniéndose muy cerca de la joven, que no apartaba la vista de ella ni un segundo-. Seguramente has enfermado de vergüenza, te has dado cuenta de lo que eres realmente y las molestias que nos causas a todos, ¿no es así?
-Yo nunca he hecho nada de lo que tenga que avergonzarme, abuela. Sois muy injusta conmigo y no entiendo vuestros motivos.
Sinea respiró profundamente y la miró con desprecio mientras negaba con la cabeza.
-¿No entiendes mis motivos, niña estúpida? –respondió con desdén-. ¿Y desde cuándo tengo que darte explicaciones de lo que hago?
Se quedó parada un instante, y entonces, antes de que la muchacha pudiera reaccionar, se abalanzó sobre ella.
-¿Se puede saber de dónde has sacado esto? –dijo la anciana, mientras se incorporaba sosteniendo frente a sus ojos una talla de madera con forma de unicornio-. Yeixa dice que no lo has soltado desde ayer. Déjame ver… -comentó, mientras la analizaba minuciosamente-. Ya veo que mantienes esas ridículas ensoñaciones tuyas… cómo no…
Khuanya la miró, confundida y temerosa.
-Sólo es un trozo de madera que encontré –respondió-. Por favor, abuela, devolvédmelo, no es nada importante.
-Si no es nada importante, tampoco te importará que me lo lleve. Hace mucho tiempo que debiste haber olvidado esas ridículos sueños. Esto –dijo con desprecio-, al igual que esa absurda y pueril fantasía tuya, no volverá a ser tuyo jamás.
Y, sin más, se dirigió hacia la puerta. La joven intentó levantarse para ir tras ella, pero al hacerlo se mareó y cayó pesadamente al suelo, desde donde pudo observar la expresión triunfal que le dirigió su abuela desde el umbral justo antes de desaparecer de su vista.
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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.
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#Escuchando… Oltremare - Ludovino Einaudi
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PUM. Capítulo 13.
by Itahisa on Mar.14, 2010, under PUM
¡Y llegamos al capítulo 13! Al que le dé mal fario el número, que piense simplemente que es el 12+1 o el 14-1. De todos modos, ya superamos la docena de capítulos de “La Princesa y el Unicornio de Madera” en El Blog Sin Nombre ¡y seguimos adelante!
Si he de ser sincera, nunca creí que a estas alturas aún hubiera alguien que siguiera leyendo los capítulos, a juzgar por el éxito que ha tenido PUM en anteriores entregas (de la versión reducida, todo sea dicho), siempre me ha dado la impresión de que debía resultar un truño infumable, puesto que la mayoría de la gente leía unos pocos capítulos y dejaban de leer y comentar.
De todos modos, siendo como soy y conociendo lo que hay, no me hago ilusiones aún de que a nadie le guste realmente esta historia hasta que no alcancemos al menos la segunda parte, para la que quedan muchas muchas páginas aún.
Y bueno, ¡espero que les guste este capítulo!
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-La Princesa está muy enferma, Majestad –dijo Yeixa entrecortadamente, pues había corrido a toda prisa desde el dormitorio de Khuanya hasta el comedor-. Necesita un sanador urgentemente.
-Tonterías –contestó Sinea con desdén, sin mirar siquiera a la muchacha-. De lo único que debe estar enferma Khuanya es de vergüenza. Seguramente se ha dado cuenta de lo indigna que fue su conducta de ayer y no se atreve a mirarnos a la cara, así que finge que está enferma para que tratar de inspirarnos lástima. Un intento inútil, por lo que a mí respecta.
-Abuela -interrumpió Khure-, eso no es justo. Khuanya nunca ha hecho nada parecido…
-Será porque nunca antes había causado un bochorno semejante a la familia -sentenció la anciana, implacable.
-No lo creo -dijo el Príncipe, pensativo-, ese no es el estilo de Khuanya. Tal vez deberíamos llamar al sanador, como ha dicho Yeixa.
-De ninguna manera -replicó Sinea-. No llamaremos a nadie. Insisto en que no está enferma, bastará echarle un vistazo para comprobarlo.
-Ya basta -dijo Khar alzando ligeramente la voz al tiempo que avanzaba lenta pero firmemente por la habitación, de la que había salido unos minutos al ser llamado por uno de sus caballeros-. Yeixa, cuéntame cómo has encontrado a mi hija.
-Creo que está muy enferma, Majestad -respondió, nerviosa, la muchacha.
-No te he preguntado qué es lo que crees, sino lo que has visto -respondió Khar, con cierta impaciencia.
-Está acostada aún, Majestad -contestó de inmediato Yeixa, con la cabeza baja-. Tiembla mucho, está muy pálida y no responde cuando se el habla.
-Llama al sanador, de inmediato -ordenó Khar.
-¿No creerás realmente que está enferma, no? -contestó Sinea, indignada-. Probablemente está fingiendo para atraer nuestra atención tras su lamentable comportamiento. ¡No puedes seguir consintiendo así a esa niña malcriada!
-Abuela –interrumpió Khure, de nuevo-, no podéis decir eso. Khuanya nunca ha hecho nada parecido y no creo que vaya a empezar ahora a hacerlo. Y mi padre tiene todo el derecho a educar a su hija como le parezca. Yeixa, haz que llamen al médico y que venga enseguida. Y que cuando termine con ella vaya a ver al Rey y le informe de su estado.
Khar, que se había vuelto para salir de la habitación otra vez en el momento en que Sinea había comenzado a hablar, se detuvo al escuchar a su hijo. Tras dirigirle una breve mirada, sonrió y salió del comedor.
Khure, por su parte, continuó desayunando tranquilamente, ignorando las miradas airadas que le dirigía su abuela desde el otro lado de la mesa. Sabía que Sinea no sentía afecto por su hermana, pero no por ello permitiría que la tratara mal o que impidiera que recibiera la atención adecuada. Yanara, a su lado, no se atrevía a pronunciar una sola palabra, pese a que el joven príncipe actuaba como si nada ocurriera. Sabía muy bien qué ocurriría en cuanto terminara su desayuno y se despidiera para reunirse con su padre.
Sinea esperaba ansiosa aquel preciso momento. ¿Cómo se atrevía su nieto a replicarle de semejante manera? ¿Cómo podía pensar siquiera en rebatir su razonamiento? ¡Y delante de la servidumbre! Pero ella sabía exactamente cómo evitar que algo semejante volviera a ocurrir, se dijo mientras trataba de tranquilizarse. La clave estaba en la muchachita inocente y silenciosa que se sentaba junto a Khure y le miraba embelesada. Ella sería la pieza fundamental en su juego contra la rebeldía del Príncipe.
Apenas transcurrieron unos pocos minutos cuando, como era de esperar, el joven se excusó y salió con rapidez en busca del Rey. Hacía ya mucho tiempo que había tomado como costumbre acompañarle durante buena parte de su jornada, no sólo para aprender de su padre, un soberano por todos querido y respetado, sino para ayudarle ahora que el peso de la vejez hacía cada vez más difícil para él el cumplimiento de sus deberes.
-Sígueme -dijo entonces Sinea, con sequedad.
-¿A dónde vamos? -preguntó Yanara con timidez, mientras se apresuraba a seguirla.
-He hecho venir a las mejores modistas de Aghya -anunció, sin pararse a mirar a la muchacha-. Dentro de poco recibiremos algunas visitas de cierta importancia, y es necesario que tengamos atuendos a la altura de la ocasión. Además, en unos pocos meses se celebrará tu boda con mi nieto y confeccionar un vestido nupcial digno de una futura reina de Kharsean llevará tiempo.
-¡Oh! -exclamó la joven, sin saber qué decir.
Otra vez una de esas estúpidas exclamaciones sin sentido, pensó Sinea con fastidio. La prometida de Khure había demostrado ser una jovencita silenciosa y obediente, lo cual le convenía en gran medida, aunque en muchas ocasiones echaba de menos alguna iniciativa por su parte o al menos que fuera capaz de articular unas pocas frases inteligentes durante una conversación. Sin embargo, la muchacha apenas decía unas pocas palabras cuando se le preguntaba directamente, y el resto del tiempo se limitaba a emitir aquellas extrañas interjecciones que no siempre sabía qué podían significar.
Paseaba por el jardín, tras pasar casi toda la mañana junto a la muchacha, mientras recogía algunas flores y repasaba cuidadosamente todos los acontecimientos de la mañana. El trabajo encargado a las modistas avanzaba satisfactoriamente. Ambas se habían probado los modelos que más les habían gustado para las próximas cenas de gala con sus visitantes y los ajustes necesarios en cada uno de ellos habían sido ordenados. Sin embargo, Yanara había sido incapaz de decidir qué tipo de vestido deseaba para su futuro enlace con Khure. Habían pasado varias horas mirando patrones, discutiendo posibles variaciones y estilos, pero la muchacha seguía indecisa.
El asunto de la boda trajo de nuevo a su mente al Príncipe, y, por tanto, el incidente ocurrido durante el desayuno. Sinea aún sentía hervir su sangre al recordarlo, no podía perdonarle que la hubiera desafiado tan abiertamente.
-Aun no comprendo cómo Khure se atrevió a hablarme de semejante manera -dijo la Reina madre a su joven acompañante, indignada, mientras le tendía una magnífica rosa blanca recién cortada-. Es un comportamiento totalmente inaceptable.
Yanara, azorada, no supo qué responder, aunque no era necesario que dijera nada. La ira que sentía la anciana la impulsaba a seguir hablando, sin esperar contestación alguna y, de hecho, sin importarle si la había o no. Un largo rato llevaba la joven en esta situación cuando Khure apareció junto a ellas.
-¿Puedo pediros que liberéis a mi prometida? -preguntó el Príncipe a su abuela, con una sonrisa-. Acaban de llegar algunos emisarios de Khaedran y traído con ellos algunas cosas para ella, de su familia. También ha llegado una carta para vos.
-Excelente -respondió Sinea, sin corresponder la sonrisa, mientras cogía el pergamino que su nieto le tendía-. ¿Alguna noticia de interés sobre mi hermano?
-Nada importante, según creo -contestó Khure.
-De acuerdo, podéis iros -dijo Sinea, mientras abría el pergamino que su nieto le había entregado-. Nos veremos más tarde.
Gentilmente, Khure cogió la cesta que su novia sujetaba, la dejó en el suelo y la tomó de la mano, invitándola a seguirle. Sinea apartó los ojos del pergamino un instante para mirarles con curiosidad mientras se alejaban.
Yanara le agradaba, no cabía duda. Incluso podría decirse que comenzaba a sentir por ella cierto aprecio. Era una joven sencilla y sumisa, obviamente no demasiado inteligente, aunque eso no suponía el menor problema para la Reina Madre. Incluso podría resultarle conveniente, pues complementaba a la perfección al carácter moldeable del que había hecho gala hasta ese momento. Hacía sólo un par de semanas que había llegado al castillo, pero ya era patente el gran cambio que se había operado en ella. De su inicial simpatía hacia Khuanya ahora no quedaba ni el más leve rastro. En varias ocasiones había tenido ocasión de acercarse a la Princesa, de tratar de ganarse su amistad, pero Yanara apenas había cruzado con ella un par de palabras. Nunca había mostrado indicios de simpatizar con el carácter rebelde y desobediente de Khuanya, ni había tratado de defenderla.
Sus pensamientos volvieron a su nieta. Cada día resultaba más problemática y Khar era incapaz de ver en ella otra cosa que no fuera belleza, bondad y cariño. Todo lo que Khuanya hacía era perfecto para él. No importaba cuándo humillara a la familia, cuánto rebajara su nombre ante todos, nadie recordaba haberle visto nunca enojado con ella. Pero esa situación tan absurda tendría que acabar algún día. La venda que cubría los ojos de Khar en cuando a su hija se caería tarde o temprano y entonces se daría cuenta de cómo su negligencia para con ella había dado como resultado una princesa caprichosa e irresponsable que no les traería más que disgustos y vergüenza.
«¿Estará realmente enferma?», se preguntó Sinea, recordando lo que había dicho Yeixa durante el desayuno.
Una maliciosa sonrisa asomó a sus labios justo antes de que se agachara para recoger del suelo la cesta llena de rosas. Depositó en ella el pergamino que Khure le había entregado, en el que se le comunicaba una noticia no demasiado agradable. Definitivamente aquél no estaba resultando un buen día para ella, pero aún podía mejorar.
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Como curiosidad, les contaré que este capítulo en la versión inicial de PUM era de color violeta, no negro (blanco aquí por problemas de legibilidad), y que era apenas más largo que media página, así que pueden darse cuenta de cómo se ha “estirado” el mini capítulo tras el refrito que estoy haciendo. También les cuento, que de esa media página original he tenido que borrar más o menos el 90% y reescribir desde cero cada línea, porque no me gustaba cómo estaba planteada la situación, ni me convencía la actitud de los personajes en ella.
PD: Si les interesan estos pequeños comentarios, y quieren saber más cosillas sobre PUM, puedo tomar como costumbre contar alguna anécdota sobre el capítulo o sobre PUM en general al final de cada capítulo. Los que estén interesados, ¡díganlo!
PD2: ¿Nadie dice nada del nuevo look del blog?
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#Escuchando… Liz on top of the world (from Pride & Prejudice OST) - Dario Marianelli
Sin más.
by Itahisa on Mar.10, 2010, under Citas, Foto del día
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Con más calidad, aquí.
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“No matter where you are in life right now, no matter who you are, no matter how old you are – it is never too late to be who you are meant to be. Unless you choose to take action on what you want, nothing is ever going to come out of it.”
Esther & Jerry Hicks
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#Escuchando… Replica - Sonata Arctica
Loving life.
by Itahisa on Mar.08, 2010, under Citas, Foto del día
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Amando la vida
La vida es algo que hay que morder
y en cada boca tiene un sabor…
Acabo de llegar, Fito y Fitipaldis
¿A qué sabe tu vida?
[Me gustaría dar las gracias a Gabry y a Pasqualepor haberme dado la idea para
esta foto y a Yaiza por haber sido una modelo tan buena ¡y tan paciente! ^.^]
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#Escuchando… Elysium (from Gladiator OST) - Hans Zimmer






