Sin nombre

PUM. Capítulo 9 (9a + 9b).

by Itahisa on Ene.20, 2010, under PUM

¡Hola hola!

Sí, de nuevo sé que ya debería haber puesto este capítulo, que me estoy saltando los plazos como me da la gana, ¡pero tengo testigos de que me ha sido imposible publicarlo antes! De modo que espero que me perdonen por la tardanza, una vez más…

En cuanto a este capítulo, no es el 10, como correspondería, porque no me ha parecido lo suficientemente largo (entre otras razones) para ponerlo como tal, así que lo voy a dejar como capítulo 9b. El trozo anterior será entonces el 9a y entre los dos el capítulo 9 al completo. Pongo aquí los dos juntos, formando un único capítulo. El auténtico capítulo 10… ¡muy pronto!

·

Ж

Mientras andaba, en la más completa oscuridad, no podía evitar sentir la ira en su interior. Le enfurecía pensar que una humana, una miserable humana, tenía ahora su Yhaara. Ella se lo había robado, se lo había llevado con ella  quién sabe cuánto tiempo pasaría antes de que pudiera descubrir dónde estaba y recuperarlo. Porque iba a recuperarlo, de eso estaba completamente seguro.

Pensaba en la muchacha, en que, por un momento, le había engañado completamente con su rostro angelical y su dulce expresión mientras dormía. Sin duda alguna ella no era más que una arpía, alguien indigno de toda confianza, como cualquier otro humano.

Se agachó con agilidad para esquivar una rama baja que le impedía el paso. Aunque ya era noche cerrada, conocía aquel camino a la perfección, de modo que andaba por las altas y estrechas ramas con tanta seguridad como si fuera pleno día y tuviera los pies en el suelo. Sabía que ya estaba muy cerca de la ciudad de Ayua. Seguía furioso por haber perdido el Yhaara, pero regresar a su hogar le animaba más de lo que había imaginado. Se sentía cada vez mejor a medida que avanzaba por entre la espesura del bosque de Thrakien. Pensaba en su gente, en lo mucho que les echaba a todos de menos, cuando un agudo chillido, seguido de un extraño ruido, atrajo su atención.

Se volvió a toda prisa, alarmado, pero lo único que pudo ver antes de que algo le golpeara en la cara y le hiciera caer al suelo fue una mancha de color verde que volaba hacia él a toda velocidad. Quedó tumbado sobre la gruesa rama del árbol en el que se encontraba, un tanto aturdido. Movió la cabeza a uno y otro lado, despacio, para espabilarse un poco, mientras notaba una extraña opresión en el pecho. Cuando finalmente abrió los ojos, lo que vio ante sí le resultó muy familiar: un pequeño ser verde y naranja, con patas cortas y fuertes, alitas pequeñas y ojos enormes le miraba fijamente, totalmente inmóvil, pero al ver que reaccionaba comenzó a dar pequeños saltos y a emitir un curioso gorjeo, similar al ronroneo de un gato, y sus ojos se iluminaron con el brillo de una emoción que cualquiera podría identificar como la más pura alegría.

-¡Hekki! –exclamó, sorprendido, al reconocerle, mientras abrazaba con fuerza a la pequeña criatura y se sentaba, riéndose sin parar-. ¡Hekki, Hekki, cuánto me alegro de volver a verte!

Casi no podía creer que Hekki estuviera realmente allí. Hacía tanto tiempo que no le veía que, mientras jugaba con él, observó atentamente cada uno de sus rasgos, buscando los cambios que el tiempo, implacable, habría dejado en su querida mascota. Sus alitas, pequeñas en comparación con su tamaño, como todas las de los ilanit, aún conservaban toda su fuerza, así como las cortas patas delanteras, que asían con firmeza sus manos y parecían no querer soltarle nunca más. Las traseras, mucho más robustas, parecían en cambio haber perdido alguna agilidad, pero el brillo en sus enormes ojos naranjas continuaba allí cada vez que le miraba. Sonriendo una vez más, el joven pensó que sin duda Hekki se alegraba tanto de volver a verle como él de haberse reencontrado con su antiguo compañero.

-Creo que no es el único que se alegra de tu regreso –dijo una voz femenina a sus espaldas.

En cuanto escuchó la primera palabra, el joven se levantó, dejando en el suelo al ilanit y se volvió para mirar a los ojos a su interlocutora.

-Silara… -respondió, casi sin aliento.

Avanzó lentamente, sin poder apartar los ojos de la mujer. Se detuvo un instante frente a ella y entonces ambos sonrieron. Esa fue la única señal que el joven necesitaba para recorrer la escasa distancia que aún les separaba y rodearla con sus brazos mientras pensaba en lo mucho que la había echado de menos y en lo culpable que se sentía por haber tardado tanto en regresar al hogar.

-Yo también te he echado de menos -dijo ella, separándose un poco de él para observar su hermosa sonrisa-. Bienvenido a casa, Byshael.

-¡Me siento tan feliz por estar de nuevo aquí, Silara! Cuando me fui, nunca creí que sería por tanto tiempo ni que llegaría a extrañar tanto esta ciudad. Tú sabes que siempre me sentí más cómodo solo, en los caminos.

-No podías pasar tu vida entera vagando en soledad, huyendo de todo, de la realidad, Byshael -respondió ella, sin dejar de sonreír-. Yo sabía que algún día, tarde o temprano, el rencor de tu corazón tendría que disiparse. Me alegro de que ese día haya llegado al fin.

-Sólo he regresado para informar a la Asamblea de lo que he descubierto en mi viaje -respondió él, endureciendo ligeramente la voz.

Silara le miró con suspicacia y contuvo una sonrisa divertida para evitar que Byshael continuara a la defensiva, aunque sabía que, le gustara a él o no, el cambio había llegado al fin. Mientras tanto, él se había agachado para recoger a Hekki del suelo y, tras colocarlo en su hombre, se volvió de nuevo hacia ella.

-Supongo que estarás hambriento -dijo ella entonces, tras escuchar el sonoro rugido proveniente del estómado del joven-. Vamos, aún hay camino por recorrer y ya es bastante tarde.

-Claro -respondió él con una sonrisa mientras le ofrecía su brazo como apoyo.

Así, tomados del brazo, entraron media hora después en la bella ciudad de Ayua. Bajaron en silencio del Elhörien y avanzaron por las calles, poco concurridas a aquellas horas, saludando alegremente a todos aquellos con los que se encontraban. El retorno de Byshael pillaba desprevenidos a los habitantes de la ciudad, que les detenían, sorprendidos y emocionados, para   hacer una pregunta tras otra sobre el largo viaje que tanto tiempo había apartado al joven de su hogar. Para cuando llegaron al hogar de  Silara una pequeña multitud se había formado ya a su alrededor y todos sabían que la noticia del retorno de Byshael no permanecería en secreto durante mucho tiempo. Byshael, antes de entrar en la casa, se volvió hacia toda aquella gente, que se apresuró a guardar un respetuoso silencio.

-Amigos -comenzó, con seriedad-, acabo de regresar de un viaje muy largo, todos lo sabéis. Como podéis imaginar, estoy exhausto y necesito recuperarme y por eso os pido a todos que seáis pacientes y aguardéis. Mañana celebraremos una reunión con la Asamblea y podréis hacerme todas las preguntas que queráis. Tengo muchas cosas que contar.

Tras estas palabras, los habitantes del bosque comenzaron a murmurar por lo bajo. Tímidamente, uno de ellos secercó al fin y expresó la pregunta que todos ansiaban hacer.

-¿Traéis buenas noticias? -inquirió, con voz trémula e insegura.

-Mañana os contaré con detalles todo lo que he descubierto en este largo viaje, amigos…

De nuevo el rumor de muchas voces hablando a la vez se escuchó en el lugar.

-Sin embargo -continuó Byshael, haciendo que el silencio se extendiera de nuevo entre la pequeña multitud que le escuchaba-, puedo deciros que hay lugar para la esperanza.

Gritos de emoción fueron la respuesta a sus últimas palabras, y varias veces se coreó el nombre del Caballero de los Deseos mientras poco a poco las gentes de Ayua regresaban a sus casas. El joven había alimentado la débil llama de la ilusión que cada uno de los habitantes de la ciudad albergaba en su corazón, haciendo renacer sus esperanzas de futuro. Sonriendo sinceramente al sentir el cariño de aquella gente, Byshael siguió a Silara cuando ella entró por fin en la casa.

-Ya ves que nadie te ha olvidado –dijo la mujer, mientras encendía varias lámparas con un par de ágiles movimientos-. Partiste solo, hace mucho tiempo ya, pero como ves contigo fueron los sueños y las esperanzas de todos los habitantes de las Edhëreas. No ha habido un sólo día desde entonces en que no te recordaran, en que no rezaran por tí y desearan tu retorno.

-Sí, lo sé… Ellos han sido la fuerza que impulsó cada uno de mis pasos -contestó, sonriendo-. Y tengo que reconocer que yo tampoco he dejado de pensar en este lugar, en regresar algún día. Nunca creí que fuera a decir esto, pero… este es mi hogar, Silara.

La radiante sonrisa de la mujer fue la única respuesta a sus palabras, pero algo en su interior le dijo que, aunque había tardado demasiado en darse cuenta, no había en aquel momento nada más cierto para él.

·(aquí comienza el capítulo 9b)

Tras estas palabras, Byshael dejó a Hekki en el suelo y observó a Silara, que iba de aquí para allá recogiendo cosas, ordenando, buscando hacer la estancia lo más cómoda posible para ambos. Hacía varios años que no la veía, pero apenas había cambiado. Su larga melena gris tenía algunas hebras blancas que no recordaba y en su rostro apacible encontró unas ligeras arrugas junto a los ojos.

«He pasado demasiado tiempo fuera» ,pensó, sin dejar de mirar a la mujer.

-Sí, ha sido demasiado tiempo –le respondió ella, sin dejar sus ocupaciones ni volverse a mirarle-. No, no lo has dicho en voz alta. Mis canas y mis arrugas no son lo único que ha cambiado en estos años, como puedes ver.

Byshael la miró, divertido. Había escuchado su pensamiento tan claramente como su hubiera hablado en voz alta. Silara siempre había demostrado tener claras dotes telepáticas, pero por lo que parecía su habilidad había mejorado extraordinariamente en el tiempo que había pasado sin verla.

-Deja de mirarme así –dijo ella, riendo, mientras le tendía una taza de madera en la que humeaba un líquido que olía de maravilla-. Una vieja sola y aburrida como yo tiene siempre más tiempo libre del que le gustaría.

-Silara, tú no eres ninguna vieja -respondió él, de inmediato, mientras se le acercaba sonriendo-. Y sabes que podrías no estar sola, tú has elegido…

-Hay costumbres que lo son sólo por necesidad, Byshael, pero con el tiempo terminan convirtiéndose en malas manías -replicó ella-. Pero no perdamos el tiempo con tonterías como esas, vamos a sentarnos, hay muchas cosas de las que hablar.

En el centro de la estancia circular que constituía la habitación principal de la casa había un pequeño fuego que crepitaba alegremente, justo debajo de un orificio que hacía las veces de chimenea y de tragaluz, por el que entraba la luz durante el día y que permitía al humo salir sin problemas. En las paredes, por todas partes, colgaban ramilletes de las más diversas plantas, y en el suelo aparecían montones de cestos bellamente trenzados, a veces apilados unos sobre otros, por cuyos bordes asomaba, en ocasiones, su contenido. Varios montones de cojines semejaban montañas en miniatura, agrupados en los rincones, junto a un par de hermosas mesas bajas sobre las cuales reposaban toda clase de pergaminos y artilugios de extraño aspecto. El conjunto resultaba asombrosamente acogedor.

Cuando todo estuvo a gusto de Silara, ambos se sentaron junto al hogar y hablaron durante varias horas. Él comenzó a relatar muchas de las cosas que le habían sucedido durante su viaje, habló durante varias horas, describiendo en detalle lugares, gentes y situaciones, pero Silara percibió que había algo que callaba. Sin embargo, no quiso forzarle a contárselo en aquel momento, pues sabía que, más tarde o más temprano, él terminaría por contárselo todo. Ninguno de los dos parecía darse cuenta de cómo pasaba el tiempo mientras conversaban, pero finalmente Byshael cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la pared que tenía detrás mientras su tono de voz disminuía paulatinamente hasta quedar convertido apenas en un susurro ininteligible. Sonriendo con ternura al comprender que el joven era presa del agotamiento, Silara apagó el fuego y, en silencio, se acercó a él, que comenzó a sentir que se movía, pero no alcanzó a darse cuenta del modo en que ocurría. Nada lo tocaba, no veía a nadie junto a él  y sin embargo notaba que algo tiraba de él y lo colocaba sobre un lecho blando y cómodo, aunque firme. Unos segundos después algo cálido le cubrió. Después, sólo quedó a su alrededor el silencio de la noche de Thrakien.

Se giró para acomodarse y quedó tendido boca arriba, adormilado. Abrió ligeramente los ojos por un instante y observó la habitación en la que se encontraba, a pesar de que la conocía perfectamente. Había pasado muchas noches allí en el pasado, y cada una de ellas le trajo un recuerdo distinto a la memoria. Había tantos momentos encerrdos entre las paredes de aquella casa que casi le parecía que tuviera vida propia. Estaba demasiado cansado para continuar pensando, el sueño tranquilo y reparador que durante tanto tiempo se había negado tenía ahora su oportunidad y luchaba para borrar de su mente cualquier rastro de idea o sentimiento, de modo que se abandonó a él y trató de volver a dormirse, pero justo en ese momento algo atrajo toda su atención, espabilándolo de inmediato.

Alguien lloraba. Parecía estar cerca de él, y lo hacía de un modo tan desconsolador que partía el alma. Se sentó en la cama y miró a su alrededor mientras comenzaba a sentir una presión sobre el pecho, como si una pesada losa lo asfixiara. Una tristeza inmensa se abatió sobre su corazón al mismo tiempo que escuchaba atentamente a su alrededor en busca de aquel llanto. Sabía que no podía ser Silara la que lloraba tan desconsoladamente, de modo que se acercó a la ventana, por la que entraba la tímida luz de Iliore. Mientras la observaba, se dio cuenta de que aquel sonido no podía provenir de nadie que se encontrara a su alrededor. La sensación de inmensa tristeza y angustia que sentía en lo más hondo de su corazón mientras continuaba escuchando los sollozos no dejaban lugar a dudas. Era ella, la muchacha que había visto en el bosque, la ladrona que se había llevado su Yhaara.

¿Qué le ocurría? ¿Por qué lloraba tan desconsoladamente? ¿Y por qué tenía el unicornio de madera en las manos en un momento así? Ella no había pronunciado ni una sola palabra, de modo que no podía saberlo. Mientras volvía a la cama, deseó que ella comenzara a hablar, que dijera algo que le diera una pista de dónde estaba. Así podría ir a buscar su Yhaara y podría volver a sentirse tranquilo y seguro.

«¿Por qué no deja de llorar?», se preguntó, molesto. «Sea lo que sea lo que le ha pasado, probablemente se lo merece», pensó.

Una parte de él se sintió mal en cuanto apareció en su mente este pensamiento, pero el resto de su ser le decía que ella no era más que otra humana, que no debía compadecerse de ella, por más desgraciada que se sintiera. Tiempo atrás, probablemente se habría apiadado de ella, pero había aprendido que no debía fiarse nunca de los humanos, pues eran hábiles con la mentira y no tenían escrúpulos cuando se trataba de conseguir lo que querían.

Ella seguramente no era distinta de todos los demás, se repitió a sí mismo, mientras trataba de aislarse del lastimero sonido que llenaba su cabeza por completo, perturbándolo. Aquella noche, siguió escuchando durante mucho tiempo los sollozos de la muchacha, hasta que comenzaron a atenuarse y no quedó más que el silencio de nuevo. Ella, probablemente, se había rendido al sueño al fin. Byshael, sin embargo, no pudo dormir más aquella noche.

·

___
Todos los derechos reservados
(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

·

#Escuchando… Becoming one of “The People”, becoming one with Neytiri (from Avatar OST) - James Horner

:, , ,

6 comments to “PUM. Capítulo 9 (9a + 9b).”

  1. DarkSapiens

    Ohhh… ya empieza a ponerse todo más interesante…

    Me sigue chocando la mala consideración de los humanos por parte de Byshael, pero supongo que tendré que adaptarme. Ya veremos de dónde surge este sentimiento, espero… Y además lo hace todo más realista :)

    Un abrazo, Itahisa.

  2. Patricia S.L.

    y ahora?? jooooo cuanto voy a tener que esperar para leer el próximo?? si es que tenia que haber esperado a que terminaras toda la historia!!!
    Me gusta mucho tu forma de escribir, el cuanto esta muy muy bien, auque sigo pensando lo mismo de los nombres!!! jejejeje ;-P
    en fin avisame cuando subas un nuevo capitulo, que yo soy un desastre para recordar nada!!!!

  3. Maira...

    Esperaré ansiosa el siguiente capítulo.Cada vez se pone más interesante y eso me gusta!!!
    Un fuerte abrazo Itahisa!!!

    Maira.

  4. Ellen

    Me ha gustado mucho, eso de que pudiera persibir la triztesa por el unicornio de madera….
    Cuando pones el siguiente? :p

  5. Celia

    sé que llego tarde… pero bueno, llego! xD
    no me acordaba de Hekki ._. con lo que me gustaba esta criaturita *-* xD
    yy… tengo que preguntarte algo… esta novela está basada en otra época, no? no sé, veo que los personajes hablan muy… a lo antiguo, no sé xD por ejemplo, esto:
    “No podías pasar tu vida entera vagando en soledad, huyendo de todo, de la realidad, Byshael -respondió ella, sin dejar de sonreír-. Yo sabía que algún día, tarde o temprano, el rencor de tu corazón tendría que disiparse. Me alegro de que ese día haya llegado al fin.”
    No es un lenguaje que utilicen los amigos normalmente entre ellos, no sé, por eso pregunto… hablan así, supongo, porque está basado en otra época, no? Es q

  6. Celia

    (se publicó solo o_Ö

    es que si no, digo xD, queda un poco extraño que hablen con ese lenguaje tan… elaborado, no sé si me explico xD
    Pero bueno, lo demás genial, esta historia molaba más de lo que yo recordaba xD Luego sigo, que ahora me tengo que ir (pero ahora tengo un hueco de exámenes así que esta tarde me leo los otros dos (: xD)
    saludos!

Leave a Reply

Looking for something?

Use the form below to search the site:

Still not finding what you're looking for? Drop a comment on a post or contact us so we can take care of it!