PUM. Capítulo 11.
by Itahisa on Ene.29, 2010, under PUM
Hoy no tengo tiempo de escribir nada sobre el capítulo, así que simplemente, ¡espero que les guste!
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Todo ocurría durante la hora que precedía al alba. En esos momentos, en los que el aire es más frío y la noche aún más oscura si cabe, comenzaba lenta y casi imperceptiblemente aquella transformación casi milagrosa. El cielo celebraba la llegada del nuevo día con una auténtica fiesta de colores, y con toda aquella belleza el resto del mundo despertaba poco a poco del sueño de las tinieblas.
Mientras paseaba hacia su lugar favorito, Byshael no podía dejar de percibir cómo la brisa era cada vez más cálida, cómo comenzaban a escucharse aquí y allá los tímidos trinos de las aves más madrugadoras, cómo el bosque entero parecía estremecerse de emoción esperando los primeros rayos de aquella luz que para todos significaba la vida. Había visto muchos amaneceres en su largo camino, pero aquel tenía el encanto de lo conocido y largamente añorado.
Desde donde estaba, ya podía ver una buena parte de Aghya extendiéndose ante sus pies. Al contemplar la belleza, aún en sombras, de aquel pequeño mundo, no pudo evitar preguntarse dónde estaría ahora la extraña muchacha que había robado su Yhaara. Su rostro aparecía una y otra vez en su cabeza, con aquella extraña expresión de felicidad mientras dormía. Y entonces volvía a escuchar sus sollozos desesperanzados y debía admitir ante sí mismo que ella le intrigaba, aunque su instinto le aseguraba una y otra vez que ella no era sino una humana más.
La silueta del brillante Ayron recortándose contra el horizonte del oeste alejó de su mente cualquier pensamiento ajeno a la hermosa escena que tenía delante. Sintiendo la brisa en el rostro, Byshael se recostó contra el majestuoso tronco del goeb en el que estaba apoyado y respiró hondo, dejando que el aire aún fresco de la madrugada sacara de su interior todo cuanto le perturbaba, para dejar paso a aquella única sensación de simple tranquilidad que le resultaba tan difícil encontrar en cualquier otro sitio y momento.
Los colores cambiaban ahora rápidamente en el inmenso cielo, como si algún pintor loco se divirtiera variando mil veces cada tonalidad sin quedar nunca totalmente satisfecho. Sin embargo, cuando la radiante luz del día hubo invadido con descaro completamente los antiguos dominios de las sombras, el joven se obligó a regresar a casa de Silara. Había mucho que hacer, que hablar, antes de la reunión que se celebraría por la tarde, de la que dependía en gran medida el futuro de todos los habitantes de las Edhëreas. Se forzó a repasar mentalmente todo lo que debía decir, los puntos en los que tenía que hacer especial hincapié, mientras emprendía el camino de regreso.
Al llegar, encontró a Silara atareada junto al fuego, sobre el que humeaban varios brebajes de olores, colores y consistencias muy diferentes.
-Casi había olvidado tu antigua costumbre de escabullirte de madrugada -dijo ella, sin volverse a mirarle-. Pensé que los años y el polvo del camino te habrían hecho apreciar una cama cálida y cómoda.
-No podía dormir -dijo él, pensativo, mientras apoyaba la espalda en el marco de la puerta-. Y me ha hecho bien recordar lo hermosos que pueden ser los lugares más comunes, los más conocidos. El hecho de tenerlos ante nosotros cada día no hace que sean menos especiales, pero tal vez resulta más difícil darse cuenta de que realmente lo son.
-Es una hermosa conclusión, y muy acertada -contestó Silara, sonriendo y mirándole por primera vez desde que había entrado.
Un sonido del exterior interrumpió repentinamente la conversación. Alguien se acercaba rápidamente a la puerta y Silara se levantó con agilidad y salió a su encuentro. Era una ninfa muy joven, y por la expresión seria y preocupada de su rostro, se podía imaginar que acudía a Silara en busca de ayuda. Recordando que aquellas visitas repentinas eran habituales en casa de la mujer, Byshael se mantuvo al margen, escuchando con atención pero sin intervenir, a pesar de las miradas curiosas que de vez en cuando le dirigía la ninfa. Uno de los nespit que hacían guardia junto al río, se había asustado al ver a varios hombres remontándolo en una barca y, al caerse al suelo desde la rama en la que estaba, se había herido con varias de las agudas púas de los arbustos, además de haber sufrido un fuerte golpe. Silara dirigió una mirada a Byshael a modo de excusa y se alejó rápidamente junto a la jovencita.
Sonriendo, Byshael se sirvió una taza de la infusión que Silara había estado preparando y salió al exterior. No muy lejos de allí vio a Hekki que, junto a otros ilanit, estaba siendo entrenado por un grupo de hábiles nespit que montaban a su vez en varios ilanits, pero en cuanto vio que su amigo salía de la casa, se las ingenió para volar a su encuentro. Los demás ilanit se sumaron con gusto al motín y fueron tras él, chillando emocionados por la forma en que habían abandonado el entrenamiento y comenzaron a revolotear a su alrededor, eufóricos.
-Parece que habrá que dar por terminada la sesión de hoy -dijo, malhumorado, uno de los nespit, acercándose al vuelo mientras agitaba sus diminutas manos.
-Vamos, Jyri, no me lo tengas en cuenta -respondió Byshael, sonriendo divertido al reconocerle-. Supongo que Hekki me ha echado de menos.
-¡Vaya! ¡Si aún sabes reconocer a los amigos! -replicó el nespit, con una nota de rencor en la voz-. Pensé que a estas alturas ya me habrías olvidado.
-¿Cómo iba a olvidar al único nespit con mal genio de toda Ayua?
-Al único… ¡Habráse visto! ¡Mal genio! ¡Yo! ¡Es intolerable! Si no fuera porque eres quien eres ya te habría…
-¡De acuedo, de acuerdo! -exclamó Byshael, interrumpiéndole, al tiempo que soltaba una sonora carcajada-. Queda claro que no tienes mal genio.
-¡Faltaría más! -respondió, indignado, Jyri.
Hekki, al margen de la discusión que mantenían su amo y su entrenador, continuaba revoloteando alrededor del primero, en un vano intento de captar su atención.
-Él no es el único que te ha echado de menos -dijo el nespit, mientras observaba al pequeño ilanit-. Todos por aquí hemos estado ansiando tu regreso desde casi el mismo momento en que te fuiste.
-Lo sé -respondió Byshael, cabizbajo y pensativo-. He estado demasiado tiempo fuera, pero espero que haya valido la pena
-Todos lo deseamos. Sabes que estamos en tus manos.
-Sí, Jyri -contestó el joven, sonriendo con aparente calma-. En un rato se celebrará una asamblea junto al Haradyan. Espero verte allí.
-Por supuesto que estaré allí -contestó el nespit, al tiempo que se alejaba junto al pequeño grupo de ilanits.
Una de aquellas pequeñas criaturas, desconcertada, voló rápidamente hasta Hekki y tiró de él para que les acompañara, como habitualmente. Esa vez, sin embargo, el ilanit le silbó a modo de despedida y se aferró firmemente al brazo de Byshael. Tras dedicarle una sonrisa y una caricia de agradecimiento, el joven continuó caminando por los alrededores mientras contemplaba la ciudad. A pesar de ser casi última hora de la mañana, la actividad era incesante. El pequeño mercado diario tendía sus puestos a pocos metros de allí, y todos se esmeraban por convencer al resto de que sus productos eran los mejores, a fin de obtener a cambio de ellos lo que necesitaban.
Le sorprendía muchísimo ver cómo había cambiado todo durante su ausencia. La ciudad se había extendido y ahora ya tenía más de un millar de habitantes. Mucha gente le miraba con mal disimulada curiosidad mientras paseaba junto a Hekki con tranquilidad y un grupito de niños de distintas especies incluso había comenzado a seguirle mientras trataban de imitarle entre risas divertidas. Cuando al fin uno de ellos se atrevió a acercársele, Byshael vio que Silara se dirigía hacia él, de modo que se excusó rápidamente con los pequeños y les prometió que más tarde tendrían muchas historias nuevas de sus aventuras.
-¿Cómo se encuentra el nespit? –preguntó, interesado.
-Bien, sólo tenía un arañazo con un poco de veneno y algunas magulladuras –respondió ella con una sonrisa-. Se pondrá bien enseguida.
-Hablábamos de tu paseo de esta mañana -preguntó Silara, cuando estuvieron de nuevo en su casa, para retomar el hilo de la conversación anterior-. ¿Has conseguido ordenar tus ideas?
-Sí… -dijo el joven, sin sorprenderse ya de que ella pudiera adivinar tan fácilmente sus intenciones-. Creo que sí. He estado dándole vueltas a la reunión de esta tarde, tengo que encontrar la forma de explicarlo todo sin crear alarma entre la gente.
-Sí, eso es cierto -dijo Silara, deteniéndose un momento-. Has de ser muy prudente, cuando hables esta tarde, pero eso no lo único que te inquieta.
Esta vez fue Byshael el que se mantuvo inmóvil, junto a la puerta abierta, con la vista fija en algún punto indeterminado del exterior. Suspirando, entró y se sentó sobre unos cojines, apoyó la cabeza en la pared y cerró los ojos.
Imágenes.
Una visión acelerada de varios momentos de los últimos años apareció ante sus ojos, haciéndole revivir con intensidad cada uno de ellos. La impotencia que había sentido en aquellos instantes se sumó ahora a la rabia y a la vergüenza y sellaron sus labios antes de que alcanzara siquiea a abrirlos. Había cosas de las que no se sentía capaz de hablar aún, pues aún le resultaban demasiado dolorosas o frustrantes como para tratar de compartirlas con nadie.
-No he visto el Yhaara entre tu equipaje -comentó Silara, cambiando de tema al adivinar que él no estaba preparado todavía para hablar-. ¿Tampoco vas a hablarme de ella?
Aquellas palabras tomaron por sorpresa a Byshael, que dio un respingo y miró de hito en hito a la mujer. Se sentía demasiado avergonzado por su torpeza, por haber perdido aquello que debía ser lo más importante para él, como para iniciar aquella conversación por él mismo, a pesar de que aquél era uno de sus mayores problemas. Su vida, en gran medida, dependía de aquel aparentemente insignificante pedazo de madera, y lo había perdido de la forma más estúpida que pudiera imaginar, pero lo peor es que no tenía la menor idea de cómo recuperarlo.
-No es necesario que seas tan duro contigo mismo -dijo Silara, con suavidad, al ver que él se llevaba las manos a la cabeza, presa de la frustración-. Fue un accidente, nada más.
-¡Un accidente! -replicó él, de inmediato, con amargura-. No es necesario que seas tan condescendiente conmigo. Ambos sabemos que ha sido un error imperdonable por mi parte y que no podré estar tranquilo de nuevo hasta que vuelva a tener el Yhaara sano y salvo en mis manos.
-Sí, debes recuperarlo cuanto antes -respondió ella, con calma-, pero no tienes por qué torturarte cada segundo. No vas a solucionar nada de esa manera…
-Claro que no solucionaré el problema torturándome, Silara, pero no puedo evitarlo. ¿Tienes idea de lo que podría hacer conmigo esa humana si supiera lo que tiene entre las manos?
-¿No crees que si tuviera idea de que la bonita figura de madera que encontró tirada en el bosque es algo más que eso ya habría hecho algo al respecto?
-Tal vez esté esperando algo, o a alguien, no sé… -dijo Byshael, nervioso, mientras se levantaba y comenzaba a andar por la habitación-. Nunca hay que fiarse de los humanos, por inocentes que parezcan.
-Nunca hay que… -repitió Silara, pensativa-. Esa es una opinión muy radical, ¿no te parece?
-Es la verdad -contestó él, volviéndose hacia la puerta, que continuaba abierta-. Son mezquinos, traidores y mentirosos. Les complace ser crueles y destruir todo cuanto les rodea, se regodean en la desgracia ajena, ni siquiera se preocupan por sus propios semejantes, lo único que les interesa es conseguir todo cuanto se les antoja, cueste lo que cueste.
-Tú no eres muy distinto a esos humanos a los que tanto odias, Byshael -sentenció la mujer, con seriedad-. Tal vez te convendría no olvidarlo.
-Hace mucho que dejé de ser uno de ellos, y lo sabes -respondió el joven, con su rostro deformado por el rencor y el desprecio.
-Por más que reniegues de tu pasado, siempre estará ahí, y no puedes hacer nada para cambiarlo. Algún día tendrás que aceptarlo.
Llegados a este punto, alguien llamó a la puerta, interrumpiendo una vez más la conversación. Silara se levantó, y tras hablar brevemente con la misma ninfa que antes había avisado del accidente del nespit, se dirigió con seriedad a Byshael.
-La reunión junto al Haradyan ya está preparada –anunció la mujer-. Es hora de que vayamos.
-Será mejor que no les hagamos esperar.
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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
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Prohibida la distribución o copia.
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Bueno, algo sí tengo que decir, y es que he reescrito prácticamente todo este capítulo en un tiempo record, así que no me lo tengan muy en cuenta si encuentran muchos fallos por ahí. En cuanto disponga de un poco más de tiempo lo revisaré con más calma.
¡Hasta la próxima!
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#Escuchando… The Chairman’s Waltz (from Memoirs of a Geisha) - John Williams
Enero 30th, 2010 on 5:24
Fallos???? para mi ninguno!!!! pero sigo intrigada con la princesa… sigue malita????
Enero 31st, 2010 on 4:37
Yo tampoco he visto fallos. Me ha gustado mucho este capítulo, de hecho
Parece que su odio hacia los humanos se debe, al menos en parte a las cosas por las que ha podido pasar durante sus viajes…
Argh, ya sé lo que ocurrirá, pero quiero leer el siguiente! xD
Y lo sé, llego un día tarde para leer este, pero… ains >_<
Un abrazo ^^
Enero 31st, 2010 on 16:58
Suspense y más suspense…Intriga,necesidad de saber,deseos de saber…Así es como enganchas a tus lectores con tan buena y hermosa historia!!!Felicidades!!!
Seguiré atenta al próximo capítulo!!!
Un fuerte abrazo!
Maira.
Febrero 1st, 2010 on 16:15
Aja!!! A sí que son Ninfas! En vez de elfos!!!
Entonces Byshael es un Ninfo? XD
Me ha gustado, a sido un poco mas largo que los anteriores, pero me sigue desesperando!!! >.<
Jaja, Besos!!!!
P.D. No podrías aumentar las punblicaciones a dos dias por semana? XDD