PUM. Capítulo 12.
by Itahisa on Mar.05, 2010, under Novedades, PUM
Hola hola!!
Como podréis ver, tanto yo como mi inspiración hemos estado de vacaciones carnavaleras primeor, y luego de fin de semana de evasión, así que hace varias semanas ya que ni PUM ni yo damos señales de vida. ¡Lo siento mucho!
Para compensar, además de un capítulo bastante largo, os dejo otra sorpresilla para celebrar de paso que El Blog Sin Nombre ¡ha superado las 4000 visitas! Vale, sí, sé que la mayoría probablemente serán mías, porque aquí no entra ni cristo si no es porque yo le acoso para que lo haga, pero de todos modos me hace ilusión. ¡Dentro de nada serán ya 5000 visitas!
El nuevo look bloguero está todavía en fase de prueba, iré cambiado cosillas poco a poco, porque esta es una plantilla que encontré por ahí y que he ido tuneando poco a poco como he podido (algo que no me resulta muy fácil que digamos). ¡Espero que les guste!
Ah, ¡y el capítulo también!
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Ж
Salieron juntos de la casa y caminaron hacia el centro de la ciudad, como todos los habitantes del bosque. Desde el día anterior había corrido como la pólvora la noticia del regreso de Byshael y todos esperaban ansiosos escuchar el relato de su viaje y las noticias que traería del exterior. Pero lo más importante para cada uno de los habitantes de Ayua era saber si había completado su misión con éxito: el futuro de aquella ciudad dependía de que así hubiera sido.
No tardaron mucho en llegar al claro en el que se encontraba el Haradyan, la Gran Madre. Cualquiera que lo viera por primera vez comprendería enseguida por qué le habían dado semejante nombre. Se trataba de un goeb gigantesco, tan enorme que ni cincuenta personas podrían abarcar su tronco, cuya corteza mostraba un intenso color dorado. Desde la distancia, nadie podría imaginar lo que aquel inmenso árbol, cubierto permanentemente de pequeñas y llamativas flores doradas, albergaba en su interior. Sólo al acercarse se percibía que las ramas más bajas y gruesas, que nacían totalmente horizontales a unos treinta metros de altura, se iban curvando hacia abajo hasta llegar al suelo, con lo que se formaba bajo ellas una especie de amplia bóveda vegetal con el tronco principal como columna central. Las frondosas ramas habían crecido hasta hundirse en el suelo, de manera que parecían vástagos del árbol principal, mientras que las más altas se curvaban a distintas alturas hasta dar al Haradyan el aspecto de una colosal fortaleza dorada.
Presidiendo la estancia, podía observarse el pequeño hueco que había en el tronco del goeb, a unos tres metros de altura. La madera alrededor de la hendidura, en lugar de presentar su característico color dorado, era de un negro intenso, como si hubiera sido pasto del fuego de un modo extrañamente localizado. En su interior, una forma verde oscura que emitía unos debilísimos destellos blancos era el centro de todas las miradas y arrancaba comentarios preocupados a mucha gente.
La mayor parte de los habitantes de Ayua estaban ya congregados bajo la fantástica cúpula cuando Silara y Byshael se abrieron paso entre la multitud, que al verlos guardó un respetuoso silencio. Por todas partes se habían reunido en pequeños grupos, a la espera de que la asamblea comenzara. Casi todos ellos, conscientes de los graves problemas que atravesaba la ciudad, la esperaban con inquietud, y observaron con atención mientras los recién llegados se acercaban hasta la tarima con diez grandes sillas de madera que habían colocado junto al tronco, justo debajo de la misteriosa hendidura en la cual palpitaba la pequeña y oscura forma. Los diez sabios de la Asamblea se encontraban ya allí, aguardando. Aunque todos tenían el mismo rango dentro de ella, Yhoahlibeth, el de más edad, era el más influyente y habitualmente ejercía de portavoz. Cuando la mujer y el joven se detuvieron frente a la plataforma les miró un instante y, acto seguido, dio comienzo a la reunión.
-Bienvenido seáis, Byshael –dijo solemnemente Yhoahlibeth desde su lugar en el centro de la Asamblea, mientras miraba fijamente al muchacho.
-Esperábamos ansiosos vuestro regreso –continuó Zhyra, que ocupaba el lugar inmediatamente a su izquierda.
-Ha sido un viaje largo y difícil –respondió Byshael, tras hacer una leve reverencia a modo de saludo-, que me ha llevado más lejos de lo que habría imaginado al partir. Me alegra estar de nuevo en mi hogar.
-Caballero de los Deseos… –dijo Xiory, la tercera, con ansiedad-, disculpad mi rudeza, pero no creo que os molestéis si paso directamente al asunto principal. Hace ya varios años que partisteis y con vos nuestras esperanzas. Hemos aguardado durante mucho tiempo sin tener ninguna noticia, así que, por favor, decidme, ¿habéis tenido éxito en vuestra misión?
-Lamentablemente… –comenzó a decir el joven, pero el inmediato murmullo de todos los asistentes no le permitió continuar.
La preocupación era visible en el rostro de todas y cada una de las personas allí reunidas, que se veían incapaces de contener su nerviosismo por más tiempo.
-Calma, amigos, Byshael aún no ha terminado– interrumpió Yazamey, poniéndose en pie.
-Lamentablemente –continuó el joven cuando volvió a hacerse el silencio, mientras miraba a todos los presentes-, me ha sido imposible traer la solución completa a nuestro problema. Sin embargo -continuó, alzando la voz, mientras la conmoción se extendía entre la multitud que le escuchaba-, tengo una parte de ella.
Ante semejante revuelo, Yhoahlibeth se levantó, despacio, y se dirigió a Byshael al mismo tiempo que el silencio volvía a hacerse en la sala.
-¿Decís que nos habéis traído una parte? -preguntó el anciano, mientras trataba de disimular su inquietud-. Por favor, os ruego que os expliquéis.
-Cuando me fui -comenzó Byshael, encarándose con el pueblo de Ayua-, iba con la idea de visitar otras ciudades. Pensaba que en alguna de ellas podría encontrar la solución a nuestro problema, porque quizás en otro lugar podrían haber tenido antes el mismo problema que nosotros. Sin embargo, descubrí que no somos los únicos que contemplamos cada día cómo nuestra Zabay se muere.
-¿Qué queréis decir? -preguntó rápidamente Xiory, inquieta.
-Todas las piedras sagradas se encuentran en el mismo estado que la nuestra -anunció Byshael, con seriedad-. Visité cada una de las Edhëreas, y en todas ellas encontré la misma perplejidad ante lo que había ocurrido. Nadie sabía cómo había ocurrido, o si había sucedido ya antes, ni mucho menos cuál era el remedio para volver a la vida a las Zabay.
-Entonces esta situación es mucho más grave de lo que habíamos imaginado -dijo Yazamey, apesadumbrado, mientras se sentaba.
Entre la multitud, no se escuchaba ni el más pequeño murmullo. Todos comprendían hasta dónde alcanzaba la magnitud del problema, las funestas consecuencias que podía tener para todos. Además, ahora ya no sólo ellos corrían peligro, sino también todos sus hermanos de las demás Edhëreas.
Byshael hizo ademán de continuar, pero al observar cómo Yhoahlibeth se movía inquieto sobre la tarima decidió esperar un instante. El anciano parecía preocupado y pensativo, como si luchara mentalmente con una idea demasiado difícil de aceptar.
-Bysahel… -comenzó, con voz trémula-. ¿Estáis seguro de que… todas las Zabay han corrido la misma suerte que la nuestra? ¿Las siete?
-Completamente seguro, Venerable Yhoahlibeth -respondió el joven, respetuoso-. Y no sólo eso. Estoy convencido de que aquel extraño aullido que emitió el bosque en el instante en que nuestra Zabay moría no fue casual. En cada una de las Edhëreas pregunté a alguien sobre esto y en todas ellas obtuve la misma respuesta, pues parece que fue un fenómeno común. Más aún, creo que todas las piedras murieron al mismo tiempo, en todas las ciudades, y que en todos los casos fue el bosque en su totalidad el que se lamentó de forma tan desgarradora con la muerte de las Zabay.
-Definitivamente el problema es mucho más grave de lo que habíamos creído… -se lamentó Yhoahlibeth-. En las otras ciudades, ¿tenían alguna sospecha acerca del motivo de todo esto? ¿alguna solución?
-Realmente no –explicó Byshael-, o al menos no la tenían cuando yo las visité. En uno de los Oráculos del Este me contaron que poco antes de que su Zabay muriera las voces parecían haberse vuelto locas. Los encargados de anotar cada uno de los mensajes del Oráculo habían tenido que huir de allí para no caer en la locura, pues los gritos y los mensajes ininteligibles se sucedían sin cesar. Sin embargo, en medio de tal algarabía parece que hubo un extraño mensaje que se repetía sin cesar, sólo unas pocas palabras que parecían anunciar el final de nuestra era, el final de las Edhëreas.
De nuevo surgió un murmullo de las gargantas de todos los presentes. Las noticias que traía el Caballero de los Deseos no eran ni de lejos las que ellos habían deseado escuchar. Yhoahlibeth se había ido poniendo pálido durante el relato del joven, así que varios miembros de la Asamblea se levantaron y le ayudaron a sentarse de nuevo.
-Decidnos de una vez, por favor –esta vez fue Zhyra la que habló-, qué es eso de que habéis traído parte de la solución al problema.
-Vagué mucho tiempo por toda Aghya, e incluso llegué a viajar al exterior en busca de un remedio que volviese la vida a las Zabay. Sin embargo, en ningún sitio parecían saber qué podía hacerse. Cuando ya casi había perdido la esperanza y pensaba en regresar, llegué a las terribles cordilleras de Hazait, a las que me dirigía en busca de una última pista que me pudiera devolver al camino correcto -comenzó a relatar de nuevo el joven-, y enseguida noté que algo o alguien guiaba mis pasos. No puedo explicar exactamente cómo ocurrió, pero de pronto me encontré avanzando con total seguridad hacia una colina cercana y poco tiempo después vi la entrada a una cueva. Al internarme en ella me di cuenta de que era muy profunda y estaba habitada. Y allí fue donde la encontré, en el fondo de aquella gruta.
-¿Y qué era? –preguntó Aruan, el más joven, con impaciencia.
-No era algo, sino alguien.
-Así que la encontrasteis -dijo Yhoahlibeth, en un tono apenas audible, mientras miraba alternativamente a Byshael y a Silara.
-Sería más preciso decir que ella me encontró a mí -respondió el joven mientras asentía-. Al final de uno de los túneles estaba ella, Yashoadara. Ella me había guiado hasta allí, conocía nuestro problema, sabía que las Zabay estaban muriendo y que yo buscaba desesperadamente una solución. Aunque ella no la tenía, supo que debía decirme algo, algo que probablemente ninguno de nosotros sabía: nuestras piedras sagradas son alimentadas por una extraña energía que llega a ellas y les permite dar vida a todo lo que hay a su alrededor, y es precisamente la carencia de esa energía la que ha hecho que mueran.
-¿Qué energía es esa, Caballero? –interrogó Yhoahlibeth.
- Nadie lo sabe -dijo Byshael-, ni siquiera Yashoadara supo decírmelo, pero es seguro que sin ella la vida de los hogares de las Zabay comenzará a extinguirse.
De nuevo el murmullo de los asistentes impidió que el joven continuara su relato. Hablaban todos a la vez y muchos se habían levantado de sus lugares mientras comentaban lo que acababa de decir Byshael. Todos sabían lo que aquello significaba: la vida del bosque desaparecería poco a poco si no se encontraba la solución. De hecho, en algunas zonas de Thrakien ya se había hecho patente el efecto que había tenido la muerte de la Zabay.
-¡Calma! –gritó Zhyra para hacerse oír por encima del alboroto.
Cuando la multitud comenzó a serenarse y volvió el silencio, se encaró con el joven.
-¿Cómo podemos recuperarla, Byshael? -preguntó, muy seria-. ¿Dónde y cómo podemos encontrar esa energía? No nos quedaremos de brazos cruzados mientras contemplamos el mundo a nuestro alrededor morir.
-No lo sé… -respondió el Caballero de los Deseos, con tristeza-. Yashoadara tampoco sabía de dónde provenía esa energía. Sin embargo…
El pueblo de Ayua se mostraba cada vez más agitado. La gente se había puesto en pie y murmuraba con nerviosismo mientras continuaba observando con atención cuanto ocurría sobre la tarima central. Esta vez fue el turno de Silara para llamar al orden.
-Sin embargo… -repitió el joven, mientras la expresión de su rostro se endurecía-. Hay algo que sí sabemos. La última vez que vi a Yashoadara me reveló que la salvación vendría de manos de un humano. Que él traería de vuelta la energía que reviviría las Zabay. No quise creerla, pero más tarde regresé al Oráculo de Vaula y supe que allí las voces, que seguían gritando enloquecidas, habían revelado ese mismo mensaje.
-Así que no nos queda más opción que esperar a que venga a nosotros ese humano –dijo Xiory, lentamente, con evidente desagrado-. ¿Y cómo podremos estar seguros de que esa mujer te dijo la verdad? ¿Cómo sabemos que el mensaje del Oráculo es realmente cierto?
Esta vez fue Silara la que contestó.
-No podemos saberlo… -sentenció, mirando fijamente a cada uno de los miembros de la Asamblea-. Sin embargo, no tenemos más remedio que creer en sus palabras. Simplemente, no hay otra opción. Es nuestra única esperanza.
Y esta vez no se produjo ningún alboroto bajo la dorada y luminosa bóveda del Haradyan. Un silencio sepulcral se extendió entre los habitantes de Ayua, que se miraban unos a otros con perplejidad, pues nunca antes habían pensado que pudieran encontrarse en una situación semejante.
Era cierto, aunque ninguno de ellos quisiera creerlo.
Un humano era su única esperanza.
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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
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Prohibida la distribución o copia.
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Este capítulo es uno de los que más me costó escribir en un principio, porque es donde se explica una de las cosas más importantes de toda la trama de PUM, así que, ¡por favor!, si ven que hay algo que no se entiende bien, pregúntenme y así podré reescribirlo de forma que se entienda mejor!
¡Muchas gracias!
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#Escuchando… Shatter me with hope - HIM
Marzo 6th, 2010 on 3:13
Por fin, damos con el verdadero nudo de la historia. Realmente quiero saber cómo termina este asunto, cosa para la que tendré que esperar a PUM… 4? >_<
No recordaba el gigantesco árbol que había en el centro de la ciudad, gran descripción!
No sé qué más comentar de este capítulo… ¡Pon el siguiente! xD
Un abrazo! ^^
Marzo 8th, 2010 on 20:48
Un capítulo realmente interesante,que deja con más ganas de leer de lo habitual!!!Como siempre te he dicho,consigues enganchar muy bien al lector y eso es buenísimo!Haces que el que lea PUM se cueste muchas cosas en cada capítulo y quiera saber más y más…FElicidades porque realmente está genial!!!
Saludos
Maira.
Marzo 8th, 2010 on 20:57
cuestione*
Marzo 20th, 2010 on 18:19
Lo del arbol me a parecido muy, muy original! Y me ha encantado!! =D en serio!
Besos!