La Princesa y el Unicornio de madera (PUM)
by Itahisa on Ago.03, 2009, under PUM
Hola hola!
Aunque el estado de este blog no lo delate, ¡ya he regresado de China! Detrás de mí vienen estas dos semanas en las que he conocido un país increíble del que me he enamorado perdidamente, al que VOY a volver sea como sea. De cualquier modo, no es este el momento para contar cosas del viaje, en cuanto pueda y tenga al menos algunas de las fotos, comenzaré el relato de esos días inolvidables.
Hace ya más de un mes que tengo pendiente algo, y ya va siendo hora de ponerme al día con las cosas atrasadas. La Princesa y el Unicornio de madera es una historia que comencé a escribir hace ya algunos años y que, por varios motivos, no he terminado aún. Dos partes, de las cuatro que tengo en mente, están ya escritas, es decir, justo la mitad.
Y no puedo, ni quiero, dejar eso así.
PUM es, lo crean o no, un pedacito de mí puesto en palabras. Lo que empezó siendo simplemente una historia corta, fue poco a poco cobrando vida y tengo que reconocer que hoy ya ni los personajes son los que imaginé en un principio, ni sus destinos los que tenía en mente cuando comencé con todo esto. Me he parado a escribir esta “novela” en muchos y muy variados momentos, Khuanya y los demás personajes me han acompañado en cada uno de ellos y me han ayudado a expresar muchas cosas que llevaba (y llevo) dentro, así que espero que comprendan lo que supone PUM para mí.
No pretendo comentarios llenos de elogios ni nada parecido, aunque sí me gustaría que quienes lean los capítulos, cada lunes, comenten. Lo único que quiero conseguir compartiendo aquí esta historia es darle el justo final que se merece y mejorarla tanto como me sea posible. Espero que me ayuden a conseguirlo.
Espero también que disfruten conmigo de La Princesa y el Unicornio de madera.
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“…Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado…
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Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito…
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Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido…”
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La Historia Interminable
Michael Ende
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Prólogo
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Khuanya estaba triste. Pero eso era ya algo normal en ella. De hecho, se había convertido en su rasgo más acentuado. En sus dieciocho años de vida, había sonreído tan pocas veces que se podían contar con los dedos de una mano y nadie la había visto nunca contenta, a pesar de que habían intentado divertirla de mil formas distintas.
Khuanya, la Princesa triste, así es como la llamaban en el reino. A pesar de tener todo lo que podía desear, no era feliz y nadie entendía por qué. Día tras día paseaba melancólicamente su belleza por los jardines del castillo. La inmensa desdicha que se alojaba en sus grandes ojos negros espantaba a todo aquel que los contemplaba. A pesar de ser una joven muy hermosa, la expresión de su rostro causaba horror en todos los que la rodeaban.
Pero la princesa no siempre había sido así. En su más tierna infancia había sido una niña totalmente normal, que reía continuamente. Siempre andaba de aquí para allá, correteando y jugando con los otros niños del castillo, la mayoría de ellos hijos de las damas de compañía de su abuela. Niños a los que no podría ni dirigir la palabra unos años después porque ya no se consideraría correcto.
Lo que más le gustaba en su niñez era escuchar cuentos, especialmente aquellos que hablaban sobre seres fantásticos y aventuras trepidantes. A su padre, el Rey, le encantaba verla sentada junto a él, con los ojos muy abiertos por la emoción, mientras le relataba por enésima vez la historia de su héroe preferido, el unicornio Byshael, también conocido como el Caballero de los Deseos. La pequeña Khuanya adoraba a este personaje, y siempre decía que cuando fuera mayor se iba a ir con él a vivir maravillosas aventuras como las de los cuentos.
Pero un día la princesita ya no quiso escuchar más cuentos. Cada vez que alguien intentaba contarle uno nuevo, la niña se iba sin decir nada. No volvió a imaginar que estaba con Byshael en lugares lejanos, ni a soñar despierta con mundos mágicos poblados por hadas, duendes, elfos y demás seres prodigiosos. Tampoco quiso jugar más con sus amiguitos. En lugar de eso, pasaba los días en su habitación, muy quieta en un rincón, sin hablar con nadie. Cuando salía, se iba sola a dar largos paseos por el jardín. Fue en aquellos días que dejó de sonreír. Nadie supo por qué, a partir de entonces ya siempre fue Khuanya, la Princesa triste.
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La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
(…)
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
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RUBÉN DARÍO
Cuentos en verso
Sonatina
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Primera parte: La Princesa triste.
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Como cada mañana, Khuanya despertó bastante antes del alba. Sin hacer ningún ruido, se vistió y salió de su habitación. Los pasillos estaban apenas iluminados con las llamas débiles que aún quedaban en algunas antorchas colgadas de las paredes. Pero la oscuridad no le importaba. Hacía tanto tiempo que salía a hurtadillas antes del amanecer que conocía de memoria el camino que debía seguir. Cuando encontró la puerta, la abrió lentamente, sólo lo necesario para pasar por ella y luego la volvió a cerrar a sus espaldas.
Se quedó un minuto así, apoyada contra la puerta, en silencio, sintiendo en la cara el aire helado que precede al alba, contemplando el paisaje en tinieblas que tenía ante ella. Sobre su cabeza, Iliore, la luna, lucía espléndida y orgullosa en cuarto menguante y sin embargo apenas restaba brillo a la ingente cantidad de estrellas que podían verse a simple vista. Siempre la había atraído el cielo nocturno, pues su belleza la impresionaba y al mismo tiempo hacía que se sintiera muy pequeña. Podía mirar cada uno de aquellos diminutos puntos brillantes y recordar con exactitud la historia de su nombre y constelación y no dejaba de maravillarse con el hecho de que la sencillez de que aquellas débiles luces que parpadeaban en el firmamento pudieran encerrar tanta magia. En cada una de aquellas historias, Ayron, el poderoso dios señor de las tierras y los mares, vivía alguna excitante aventura tras la cual daba nombre a alguno de aquellos puntos luminosos para que la hazaña fuera recordara por todos para siempre.
Bajó la vista poco a poco para contemplar los prados que se extendían al frente, cubiertos a esas horas de una débil niebla blanca que relucía a la luz de Iliore y hacía resplandecer las hierbas secas que tapizaban la llanura y resaltaba unos pocos bosquecillos de bajos y retorcidos árboles. Más allá de ellos, hacia su izquierda, podía verse a lo lejos el inicio del tenebroso bosque de Thrakien, al que ningún ser vivo se acercaba sin temor. Su inmensa y amenazadora sombra oscurecía todo lo que había a su alrededor y se decía que ni siquiera los animales se acercaban al lugar. Hacia la derecha, en contraste, se alzaban tras el río las Montañas de Hlyask, con sus altísimas cumbres cubiertas perpetuamente por la nieve.
Tras mirarlas brevemente, comenzó a caminar hacia ellas, mirando apenas hacia el suelo, pues el sendero que discurría por medio de la planicie había sido trazado por sus propios pies durante años en aquellos solitarios paseos al amanecer. Cuando llegó a la orilla del río, que en aquel punto se mostraba inusualmente tranquilo, se detuvo un momento y recordó. Allí, exactamente en ese lugar, había creído verlo una vez, por un instante, mucho tiempo atrás. Pero ahora sabía que eso no podía haber sucedido realmente. Sólo había sido su imaginación.
Siempre le pasaba lo mismo al llegar a ese punto de su camino. Día tras día se repetía a sí misma que aquello no podía haber sido realidad. Sintiendo una punzada de tristeza, desvió la mirada del plácido remanso y siguió caminando junto a la orilla, río abajo, hasta llegar al acantilado, su lugar favorito. Allí el cauce se precipitaba en una altísima cascada y rugía de una forma tan atronadora que no había modo de escuchar nada más. Llegó justo cuando las primeras luces del día se vislumbraban por encima del horizonte frente a ella, por el oeste, iluminando tenuemente la sucesión de valles que tenía Khuanya ante sus ojos.
De forma automática se dirigió hacia el promontorio de rocas que había a varios metros de allí y se sentó a contemplar la salida del sol, que teñía el maravilloso paisaje que la rodeaba de un mágico tono dorado y hacía resplandecer todo cuanto tocaba. La hierba seca del prado, antes negra, aparecía ahora hermosa entre la niebla; la prístina nieve de las cumbres de Hlyask brillaba con el color del oro puro y el agua del río, otrora transparente, reflejaba no sólo aquella increíble luz sino el resplandeciente conjunto del paisaje que había a su alrededor.
Khuanya cerró los ojos y respiró hondo. Ese era su ritual. Cada día repetía exactamente lo mismo, con la única excepción de aquellos en los que la lluvia arreciaba. En esas ocasiones no salía porque sabía que su padre se preocuparía mucho por ella. Khar, rey de Kharsean, adoraba a su hija y cualquier posible peligro que pudiera acecharla, por improbable que fuera, bastaba para robarle la tranquilidad.
-Buenos días, Princesa.
La voz que parecía venir de ninguna parte no asustó a Khuanya, pues estaba acostumbrada a escucharla.
-Buenos días tengáis, Tane.
Tane había sido su mejor amigo cuando era una niña y ambos vivían en el castillo. Siempre andaban de aquí para allá, corriendo y jugando. Pero un día todo en su mundo cambió, y desde entonces fueron como extraños, apenas se saludaban. Poco tiempo después, cuando Tane tenía once años, su madre le envió a vivir con unos parientes de Khairi para que aprendiera un oficio, pues su padre, que era un respetado cirujano, había percibido que su hijo no sentía el menor deseo de seguir sus pasos. Pero, al enviudar, algunos años después, su madre le llamó a su lado de nuevo. Así que Tane se había visto obligado a regresar a Kharsean, apenas unos meses atrás. Ya era todo un hombre y comenzó a trabajar como carpintero en el taller de su tío. Quiso visitar a Khuanya, hablar con ella y recordar su vieja amistad, pero le dijeron que la Princesa Triste no hablaba con nadie ajeno al castillo desde hacía mucho tiempo y que con seguridad no sería recibido.
Pero eso no le desanimó. Una noche en que no podía dormir y paseaba pensando en su antigua amiga, deseando poder verla de nuevo, había descubierto una extraña sombra que se escabullía por una puerta lateral del castillo en mitad de la noche y la siguió. No tardó mucho en reconocer a Khuanya, a pesar de los años transcurridos desde la última vez que se vieron, y tras varios días se percató de que repetía el mismo camino una y otra vez, así que se habituó a ir tras ella en cada uno de sus paseos matinales. Al principio se limitaba a mirarla desde la distancia, pero un día se había atrevido a acercarse y hablar con ella. Creía que no se acordaría de él, habían pasado muchos años desde su despedida, pero para su sorpresa Khuanya no sólo le recordaba sino que además se había dado cuenta siempre de que la estaba siguiendo.
Aquel día habían retomado su antigua amistad, pero ambos sabían que ahora todo era diferente. Sólo podían verse en aquellos paseos de madrugada, que al muchacho se le antojaban insuficientes y efímeros. Además, por más que lo intentaba, Tane no conseguía arrancar de la princesa más que unas pocas palabras vacías y melancólicas cada día. Para romper los incómodos silencios, él se sentaba junto a ella y le contaba las cosas que había hecho en los años que había pasado fuera. Pero Khuanya nunca hablaba, se limitaba a escuchar sin prestarle demasiada atención, mientras mantenía la mirada perdida en el amanecer.
-Hoy habéis madrugado más de lo habitual. ¿Ha ocurrido algo en el castillo?
El silencio fue su única respuesta, como siempre. Khuanya simplemente le miró por un instante con sus enormes ojos, que parecían oscuros pozos de pesar, y suspiró. Tras pensar un instante, sin dejar de observar el pálido y delicado rostro de la Princesa, continuó.
-Creo que sé qué es lo que os pasa hoy. Oí comentar anoche que la Reina madre ya había regresado de su viaje. ¿Es por eso que estáis así?
De nuevo el silencio, pero Tane pudo apreciar que Khuanya asentía muy levemente con la cabeza sin variar su expresión imperturbable y ausente. No le extrañaba que se sintiera afligida por el regreso de su abuela. Cuando era pequeño había vivido en el castillo con su madre, que era cocinera, y sabía cómo era Sinea, la madre de Khyrea, reina de Kharsean y esposa de Khar, muerta muchos años atrás. Siempre había maltratado a Khuanya.
Caminó en torno al promontorio rocoso hasta quedar cara a cara con su amiga y la contempló. El largo cabello negro y rizado recogido en una gruesa trenza le llegaba casi a la cintura. Su piel pálida contrastaba vivamente con el bonito vestido verde oscuro que llevaba. Había cambiado mucho desde que se separaron siendo niños, pero había algo que seguía exactamente igual y era la expresión de sus ojos. Su radiante belleza contrastaba con el oscuro vacío que se intuía en su interior, tan profundo y desolador que nadie mantenía la vista fija en ellos mucho tiempo. Cada vez que la observaba se le hacía un nudo en el estómago. No era capaz de soportar aquella expresión. Se sentía tan impotente, tan deseoso de ayudarla, que la frustración le enfurecía cada vez que se daba cuenta de que nada podía hacer por ella, pues no sabía a qué se debía la inmensa desdicha que transmitía aquel hermoso rostro, ni teníamodo alguno de ayudarla, pero también se sentía irritado en ocasiones porque ella no le hablaba, no le contaba qué le ocurría o cuál era el motivo de su tristeza.
-Ojalá pudiera hacer algo por vos…
Sin darse cuenta, había pensado en voz alta. Al oírle, Khuanya le miró de nuevo, con algo de lástima en sus ojos y sin decir nada, comenzó a levantarse. Tane se volvió y comprendió que su tiempo con ella había terminado. El sol ya había salido, su luz inundaba el paisaje y daba la vida a todo cuanto alcanzaban a ver. Era el momento, la Princesa regresaba al castillo.
-No puedes hacer nada. Nadie puede… -dijo Khuanya mientras emprendía el camino de vuelta sin mirar atrás.
El tono de la voz de Khuanya se había vuelto especialmente amargo y había una nota de resignación en sus palabras y al oír estas palabras el joven carpintero se quedó paralizado, mirándola fijamente mientras daba un paso tras otro hacia su hogar. Nunca había pensado que su amiga se había hecho a la idea de que jamás sería feliz.
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Todos los derechos reservados
(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.
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#Escuchando… Aria di West Lake - Kitaro
Agosto 3rd, 2009 on 18:44
yeah, pum is back!!! *_____*
jo, lo que pasa es que yo ya me habia leido la primera parte… pero da igual… cultivaré mi paciencia y me la releeré que K molaba ^____^ y como el rss me avisara de las actualizaciones, no me quedaré descolgada…
ains, me has alegrado el día =)
Agosto 3rd, 2009 on 18:47
Sí, pero no es la misma PUM que tú leíste!! He reescrito los capítulos, son más largos ahora y están organizados de una forma diferente…
Será como leer PUM1 en versión extendida
¡Espero verte por aquí!
Agosto 4th, 2009 on 9:55
pos mejor!!! voy a ver si me la leo hoy a lo largo de este largo dia que me espera… v.v
un besillo
Agosto 4th, 2009 on 11:21
TANEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE *______*
Ai, qué recuerdos t-t Ya casi no me acuerdo de nada xD Seguiré pasándome por aquí todos los Lunes, chica, escribes muy bien!
Besoos
Agosto 4th, 2009 on 15:59
Me encanta Ita, las descripciones, la narración, la historia, todo!!!!!!! Y ahora a esperar casi una semana!!! No sé si podré soportaloooo!!! En serio, me gusta muxo
Agosto 4th, 2009 on 18:38
¿Que versión es la que me pasaste? Aún no la he terminado, espero acabar antes con la impresa que con la versión digital.
Veo que llegaste con fuerzas de China.
Besos
Agosto 8th, 2009 on 19:07
Por fin pude encontrar un hueco para leerlo tranquilamente!
De momento he resistido la tentación de comparar este capítulo con la versión que tengo en mi ordenador, pero será cuestión de días que eso ocurra, jajaja
Esperaré también ansioso la entrada del lunes que viene!
Un abrazo!
Agosto 27th, 2009 on 22:05
Puesss… bieen! volvió, y yo mil años después empiezo a leerla, pero no pasa nada
decirte solo eso, que al principio la he visto muy rimbombante pero no me hagas caso porque el 5º párrafo por abajo está igual de rimbombante y me ha encantao… xD así que nada ^^
voy a por el próximo! (lo bueno de llegar tarde es que no hay que esperar xD)
Enero 20th, 2010 on 15:53
jooooooooooo si yo lo se empiezo a leerla antes!!!! me encanta!!! me gusta mucho como escribes, la verdad que desconocia esa faceta tuya!!! jejejeje
Bueno como te dije que la iba a criticar… lo unico que no me acaba de convencer son los nombres!! jooooo que son tan raros que casi no se pronunciarlos!!! pero bueno, supongo que capitulo a capitulo me los aprendere!!!
Muchas felicidades!!!
Patri
Febrero 25th, 2010 on 22:04
No sé si es aquí donde se escriben los comentarios.
Acabo de encontrar un capítulo que no tenía (el 11) ya sé estaba ahí, pero no lo había visto. Y es como encontrar unos cuadritos de chocolate que pensabas que te habías comido.
Así que pregunto. Me va a dar mucho tiempo el mono? lo digo para buscar una clínica de desintoxicación.
Besos, Itahisa y espero que estés escribiendo maaaas!
Marzo 2nd, 2010 on 20:59
Itahisaaaa!!! tienes algún capìtulo saliendo del horno? hay hambreee!!! Quiero saber qué pasa. Tengo la historia gestada en imágenes y delante es como si hubiera una puerta cerrada, la quiero abrir!!!!
Marzo 3rd, 2010 on 11:44
Carmen!!! Muchísimas gracias por haber leído PUM!!
Los comentarios sobre cada capítulo normalmente se dejan en ese mismo capítulo, al final.
En cuanto a si tengo algún capítulo saliendo del horno, ¡sí! Este viernes más PUM, ¡por fin! Y siento muchísimo el retraso!
Muchas gracias, de nuevo!!!