Sin nombre

PUM. Capítulo 2.

by Itahisa on Ago.10, 2009, under PUM

¡Ya es lunes! Y como lo prometido es deuda, de lunes a lunes, un capítulo nuevo de PUM. ¡Espero que les guste!

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Apenas cruzó el umbral, Khuanya se encontró con el rostro iracundo de su abuela.

-Buenos días, Khuanya.

-Buenos días, abuela. ¿Cómo ha resultado vuestro viaje?

-Como si eso te interesara –replicó la anciana-. ¿Aún  sigues con esa absurda manía de los paseos al amanecer? Confiaba en que en estos meses hubieras madurado y que hubieras comenzado a comportarte como la Princesa que eres.

-Siento mucho decepcionaros -respondió la joven, cabizbaja.

-Deberías abandonar esa tonta costumbre, es tan infantil e irresponsable… Tu padre está enfermo y así sólo consigues que empeore.

-Mi padre no tiene ningún inconveniente en que salga a pasear, siempre y cuando no llueva y no me aleje demasiado.

-Eso es lo que él te dice para complacerte, pues siempre ha sido incapaz de mostrarse firme contigo, pero cuando no estás aquí él sufre y es por tu culpa. Además, ya deberías saber que no por escaparte en mitad de la noche como una cualquiera tus ridículas fantasías se harán realidad. Tu destino ya está escrito, Khuanya, ya lo sabes, así que acéptalo de una vez y sé de una vez la Princesa que todos en este reino esperan. Me avergüenza escuchar a los sirvientes comentar que la hija del Rey se escabulle en la madrugada como cualquier desarrapada sin cuna, y ten por seguro que mis oídos no son los únicos que se sienten mortificados por los crueles rumores sobre tí. Es muy probable que todas esas habladurías de la plebe hayan llegado incluso a oídos de tu padre, aunque él sea demasiado tierno para imponerte la disciplina que necesitas. En cualquier caso, he regresado con el firme propósito de corregir definitivamente tu conducta rebelde e impulsiva, así que a partir de ahora te vigilaré muy de cerca. ¿Me has comprendido?

-Sí –contestó Khuanya mientras se volvía-, señora.

Estaba a punto de llorar, pero no le daría a su abuela la satisfacción de verle la cara.

-Khuanya…

-¿Sí, abuela? –contestó sin mirarla.

-Deberías ir a ver a tu hermano. Tiene algo importante que contarte.

-Enseguida iré.

Khuanya subió con fingida calma a su habitación y abrió la puerta en silencio. Después de cerrarla, apoyó la espalda en ella y comenzó a respirar profundamente. Quería ahogar esas lágrimas calientes que pugnaban por salir de sus ojos. Los cerró muy fuerte mientras cogía aire y luego los abrió y miró a su alrededor. Aquella estancia era una de las más tranquilas y agradables del castillo. Toda la torre este, que constaba de dos habitaciones, una sobre la otra, era de la Princesa. En la más baja y grande, a la que se accedía desde los pasillos de la nave principal, estaba su habitación. En la superior, más pequeña, Khuanya tenía un pequeño estudio con algunos libros, dibujos y un pequeño catalejo con el que escrutaba la inmensidad de la bóveda nocturna.

Cuando consiguió tranquilizarse un poco, echó el cerrojo para evitar cualquier interrupción inoportuna y fue hacia su cama, situada junto a una de las altas y estrechas ventanas. Se apoyó pesadamente en la columna central de la ventana y suspiró.

-¿Por qué me odia tanto? –se preguntó, en vano, por enésima vez.

Porque no le quedaba duda alguna, Sinea se lo había demostrado demasiadas veces como para albergar alguna esperanza de que no fuera así. ¿Por qué no la quería igual que a su hermano? A él siempre le decía cosas agradables y le llevaba con ella en sus viajes a Khaedran, el reino de su hermano. Nunca le criticaba nada, todo lo que hacía Khure era perfecto. No conseguía explicárselo. Sinea era la única madre que Khuanya había conocido y sin embargo nunca había demostrado ningún afecto por su única nieta. Durante años, apenas había escuchado de ella más que las mismas amargas palabras de reproche o los hirientes comentarios engañosamente disfrazados de amabilidad que le dirigía cuando no estaban solas. Pero con su hermano todo hacía sido siempre diferente.

Aunque siempre se habían llevado relativamente bien, a Khuanya no le gustaba su hermano mayor. Como desde niño había sido el favorito de la abuela, que en el fondo era la que dirigía el castillo, aunque no el reino, siempre conseguía todo lo que quería, aunque tuviera que perjudicar a su hermana para ello. La Princesa había pensado en esto a menudo y había llegado a la conclusión de que su hermano no lo hacía con mala voluntad, simplemente no se daba cuenta de que ella estaba ahí, y a fin de cuentas se veían tan poco que no era nada raro que ocurriera esto. Desde muy niño, Khure había sido apartado del resto de la familia para ser criado como se suponía que debía hacerlo un futuro rey de Kharsean, rodeado siempre de severos tutores que le enseñaban cuanto creían que podía serle útil en el futuro, ya fuera historia, matemáticas, esgrima o astronomía.

¿Qué sería lo que tenía que contarle Khure? ¿Qué habría pasado en ese último viaje? Su abuela parecía haber regresado especialmente irritada. ¿Sería algo bueno? Decidió entonces dejar de buscar hipótesis en su habitación e ir a buscar a su hermano para averiguar qué es lo que estaba ocurriendo, pues probablemente Sinea enviaría a alguien a buscarla si no aparecía pronto. Se cambió el vestido que llevaba, sencillo y poco elegante, por uno más apropiado para estar en el interior del castillo y salió, cerrando la puerta suavemente tras de sí.

Antes de buscar a su hermano, pensó en ir a ver a su padre, que estaría a esas horas en el salón del trono con sus caballeros y consejeros. Bajó la ancha escalera de piedra y cruzó la sala de caza  en dirección a la puerta que la comunicaba con el patio central. Tras atravesarlo con paso decidido se paró un instante para coger en brazos a su gatita, Khaisa, que estaba sentada junto a la puerta del salón. Khuanya adoraba a su mascota, que constituía su única compañía la mayor parte del tiempo. Tras obsequiarla con unas caricias, a las que la minina respondió con un sonoro ronroneo, volvió a dejarla en el suelo y  abrió la pesada puerta del salón del trono.

Allí, para su sorpresa, no sólo estaban su padre y sus consejeros. Su hermano Khure también se encontraba en la sala, y no estaba solo. Junto a él, muy erguida, se encontraba una joven que, aunque no podía considerarse bella, era bastante bonita. En cuanto entró Khuanya todos los ojos se volvieron hacia ella. Su hermano, que parecía rebosar alegría, se le acercó rápidamente.

-Hermana, me alegro de que hayáis venido. Estaba ansioso por contaros las noticias que traigo de este viaje. Pero venid, venid, no os quedéis ahí en el umbral.

Sin pensarlo dos veces el Príncipe cogió la mano de su hermana y tiró de ella, arrastrándola hacia el centro del salón. Cuando se hubo acercado lo suficiente al resto de las personas que estaban allí, la soltó y se dirigió hacia la mujer desconocida, que se había acercado a un grupito de mujeres que también se hallaban presentes, aunque algo más alejadas del resto y que, a juzgar por su aspecto, seguramente serían sus damas de compañía. Khure cogió suavemente la mano de la dama y también la obligó a avanzar unos pasos.

-Yanara, esta es mi hermana Khuanya, de la que tanto os he hablado.

Mientras decía esto, la joven levantó la mirada hacia la Princesa, con una pizca de rubor coloreando sus pálidas mejillas.

-Khuanya -anunció el príncipe con una sonrisa de pura felicidad en su rostro-, Yanara y yo nos hemos comprometido durante mi estancia en Khaedran, y dentro de poco tiempo nos casaremos. Espero os complazca tenerla en el castillo de ahora en adelante.

-Princesa, espero que me aceptéis como hermana –dijo humildemente Yanara-. Realmente me haría muy feliz poder tener un trato cercano con vos, que podamos ser buenas amigas.

Si el inusual recibimiento por parte de Khure la había dejado de una pieza,  la noticia que acababa de escuchar había rematado la sorpresa. Khuanya no sabía que decir y se quedó mirando alternativamente a su hermano y a la joven.

-¿Qué pasa, hija mía? –preguntó Khar desde su trono-. ¿No te alegra la noticia del compromiso de tu hermano?

-Oh… sí, claro que sí, padre –se apresuró a contestar la Princesa-, lo que ocurre es que es tan… tan… inesperado. No creí que Khure fuera a casarse tan pronto.

-Creo que ya sé qué es lo que ocurre aquí –dijo el Rey mientras se reía-. Me parece que mi hijita ya ha crecido y ella también desea casarse. ¿Es así, Khuanya? No pongas esa cara, deja de preocuparte. Desde hace tiempo algunos príncipes se han interesado por ti, así que cuando llegue el momento, no tendrás más que elegir entre los pretendientes que me parezcan más adecuados. Pero aún es pronto, hija mía, no tengas tanta prisa.

-Padre, no tengo ninguna prisa por casarme, soy muy feliz con mi vida aquí junto a mi familia -se apresuró a responder Khuanya, esperando aclarar cuanto antes el malentendido pero tratando de no parecer impertinente-. Y claro que me alegra que Khure vaya a casarse, simplemente la noticia me ha pillado desprevenida.

Se acercó a la joven que aún continuaba junto a su hermano y le tomó la mano con suavidad.

-Te doy la bienvenida a nuestro hogar, Yanara –dijo en voz baja-. Me gustaría mucho que fuéramos amigas.

Tanto el Rey como su hijo sonrieron ampliamente tras escuchar las palabras de Khuanya. Khar se puso en pie y anunció a todos los presentes que esa noche se celebraría una cena y un baile en el castillo, para celebrar por todo lo alto la llegada a Kharsean de la futura esposa del príncipe heredero. Apenas había terminado de hablar, cuando la conversación se vio interrumpida por la aparición de Sinea en la sala. Khuanya no sentía ningún deseo de que su abuela la humillara delante de Yanara, así que se excusó rápidamente.

-Khuanya… -dijo Sinea cuando su nieta estaba ya junto a la puerta.

-¿Sí, abuela?

-Espero que esta noche te comportes como debes. Vendrá mucha gente importante y no me gustaría que nos avergonzaras. Sabes que se espera mucho de tí.

Lo había hecho. De nuevo la había dejado en mal lugar delante de todos. Ella nunca había supuesto una vergüenza para nadie. De hecho, la mayor parte del tiempo la gente ni siquiera se percataba de que estaba presente, pues siempre trataba de pasar desapercibida. Pero ahora aquellas personas, y Yanara, pensaban que Khuanya podía hacerles quedar en ridículo delante de los invitados importantes.

-Descuidad, abuela, nadie podrá quejarse de mi comportamiento –respondió, manteniendo la compostura-. Os lo aseguro.

-Eso espero –replicó la Reina madre.

Tras las últimas palabras de la anciana, la Princesa se volvió y desapareció tras la puerta.

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Todos los derechos reservados
(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

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PD: ¡Dad la bienvenida a vuestro personaje favorito!!!

#Escuchando… Phantom Lord - Metallica

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4 comments to “PUM. Capítulo 2.”

  1. Yionu

    He leído los dos capítulos, están muy interesantes y me he quedado con la miel en los labios al ver que terminaba el segundo episodio, eso es buena señal! Espero con ansias el siguiente. Un besazo

    PD: Odio a la Reina madre ñañañaña

  2. Krla

    Estoy con Yionu!!!!! T_____T sin embargo, fantástico!

  3. celia

    genial genial genial =)
    no me acordaba de que la abuela era tan mala malísima (debía ser la madrastra! xDD) yy… de Yanara, no me acordaba de la existencia de este personaje o_o
    esta guay esto de releer, ahora estoy acordándome de cosas *-*
    voy a por el 3º! xD

  4. Patricia S.L.

    por que en todas las historias tiene que haber un malo malisimo??? jooooooo ita, pero la reina esta se pasa de borde!!!

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