Sin nombre

PUM. Capítulo 3.

by Itahisa on Ago.18, 2009, under PUM

Como lo prometido es deuda, aunque casi nadie ha leído el capítulo 2 (gracias Kevintxu!), dejo el tercero, como corresponde. Espero que tenga mejor acogida que el anterior, aunque de todos modos ya voy viendo que, como siempre, a pesar del entusiasmo inicial ya me voy quedando sola con esta historia.

De todos modos, en principio, aunque sea así, seguiré poniendo PUM cada lunes.

Sin más, les dejo con el capítulo.

Espero que les guste.

-

Ж

-


La niña estaba jugando en la orilla del río, junto a un remanso en el que crecían flores silvestres de todos los colores, mientras era vigilada a distancia por una discreta pero cuidadosa aya que se entretenía con una labor de bordado. Eran tiempos de paz, por lo que no era necesaria una mayor protección para velar por la seguridad de la joven princesa. Aún así, desde las almenas del cercano castillo los soldados oteaban el horizonte y se mantenían alerta ante cualquier posible peligro.

Ajena a todo ello, como era habitual, Khuanya imaginaba que era mayor y se había convertido en una princesa aventurera. En su juego, estaba con Byshael y juntos recorrían el mundo viviendo historias maravillosas.

-Corred, Byshael, salvaos, ¡yo protegeré a la doncella! -gritó con convicción la pequeña, aún sabiendo que, incluso siendo aquél su juego imaginario, el Caballero de los Deseos nunca huiría en una situación semejante.

Con las mejillas sonrosadas por la emoción, corrió hacia unas piedras cercanas y, de un salto, se subió a la más alta.

-¡No oséis acercaros, malditos! -gritó la princesita mientras alzaba una pequeña espada de madera por encima de su cabeza.

-¡Majestad, bajad de ahí ahora mismo! -exclamó el aya, alarmada, mientras se ponía en pie.

-¡Eso es, huid, cobardes! -dijo la niña a los imaginarios bandidos, mientras bajaba de nuevo al suelo, no sin cierta resignación-. ¡Y no regreséis o conoceréis la ira del Caballero de los Deseos!

-Khuanya, es hora de que regresemos al castillo -anunció la doncella, más tranquila ya al ver de nuevo a la niña en el suelo.

-¡Raila, por favor, quedémonos un rato más! -suplicó la Princesa.

-Sabéis que no es posible, Majestad -dijo con seriedad la mujer mientras comenzaba a andar-. Vamos, no debemos llegar tarde.

-¡Enseguida iré! -exclamó Khuanya, mientras corría de nuevo hacia el río-. Quiero llevar algunas de estas flores a mi padre.

-De acuerdo -accedió Raila, con un suspiro, mientras volvía a sentarse-, pero daos prisa.

Sin hacer caso, Khuanya comenzó a correr de un lado para otro, buscando con rapidez las flores más frescas y hermosas que podía ver para después irlas amontonando cuidadosamente en un pliegue de su vestido. Ya tenía muchas flores, pero la niña sabía que las más bonitas crecían junto al agua, de modo que se acercó a la orilla y allí lo vio, reflejado en la superficie del río, que estaba muy quieta en aquella zona. Era un unicornio gris plata, con el cuerno muy blanco y las crines negras, y la estaba mirando.Su bellísimo rostro parecía reflejar emociones que iban desde la sorpresa o el recelo hasta la curiosidad.

Estaba petrificada contemplando el reflejo de la hermosa criatura que continuaba observándola fijamente, semioculta entre unos árboles. Cuando pudo salir de su asombro y recuperó el movimiento que la sorpresa le había arrebatado, levantó la cabeza hacia el lugar donde debía estar el unicornio, pero ya no había nada. Por más que buscó, no consiguió encontrarlo.

De inmediato, la niña echó a correr a toda velocidad por la pradera, en dirección al gran castillo, seguida de lejos por la sorprendida aya, a la que había pillado desprevenida la súbita carrera de su pupila. Pero Khuanya, presa de las más intensas emociones, había olvidado por completo que no estaba sola, incluso cuando atravesó el majestuoso arco que suponía la entrada a su hogar. Los que estaban en el patio la vieron cruzarlo como un relámpago y entrar como una tromba por la puerta principal.

-¡Papá, papá! -gritó, con los ojos brillantes y el rostro arrebolado por el ejercicio.

Pero en lugar de la mirada tierna y comprensiva de su adorado padre se encontró con los gélidos ojos de su abuela, que la miraba sorprendida.

-¿Qué forma de entrar es esa, niña? ¿Acaso no te he enseñado modales? -respondió, severa.

-Lo siento abuela, es que estoy muy emocionada por algo que ha pasado, que he visto, y quiero contárselo a papá -contestó, mientras daba pequeños saltitos de alegría, incapaz de contenerse.

-¿Y qué es eso tan emocionante que te ha ocurrido? –preguntó Sinea mientras se sentaba en un banco de madera situado junto a la entrada.

La niña la miró con recelo un instante. No sabía si debía contárselo.

-Puedes contármelo, Khuanya. Si es algo tan fabuloso, yo también quiero saberlo…

-Bueno, es que…

-Venga, dímelo y luego iremos las dos juntas a contárselo a tu padre -respondió la anciana, con un tono engañosamente afable.

La pequeña seguía teniendo sus dudas pero ante tanta insistencia decidió hablar.

-¡Le he visto, abuela! ¡Y me ha mirado! ¡A mí! Pero luego, cuando he querido a buscarle, ya no estaba…¡No pude encontrarle!

-¿A quién has visto?

-A  Byshael…

-¿Y quién es Byshael?

-¿Cómo es que no sabes quién es? Es un héroe, el unicornio más maravilloso del mundo. Siempre va por ahí ayudando a los que le necesitan y dando su merecido a las personas malas… Cuando yo sea mayor me voy a ir con él a vivir aventuras –dijo la niña con los ojos cada vez más brillantes por la emoción. Khuanya no podía dejar de hablar y en un santiamén contó detalladamente a su abuela lo que había ocurrido junto al río.

La Reina madre se había quedado mirando a su nieta con una expresión de estupor en su rostro. Y ante la sorpresa de la niña, que la miraba con los ojos muy abiertos, comenzó a reírse. Una sonora carcajada salió de su garganta, resonando en el amplio salón. Su nieta, sentada frente a ella, la observaba con desconcierto.

-Abuela, ¿de qué te ríes?

-Nunca creí que fueras tan tonta, niña. ¿Acaso crees que los unicornios existen realmente?

-Pues claro que sí, yo he visto uno hoy…-respondió con decisión.

-Tú no has visto nada, niña. Ese reflejo del agua pudo haber sido cualquier cosa. ¿No dices que cuando lo buscaste no pudiste encontrarlo? Un unicornio es un animal grande, y si hubiera estado realmente ahí tendrías que haber visto cómo se iba. En ese lugar no hay muchos lugares donde esconderse…

-Pero abuela, os digo que lo vi, ¡era de verdad!

-Khuanya, ¡por favor! No sigas con esas tonterías. Los unicornios no existen, ni tampoco las hadas, duendes, elfos ni ninguno de esos seres absurdos con los que los cuentos te han llenado la cabeza. Esas historias son para engañar a las niñas pequeñas y estúpidas pero tú ya tienes diez años y es hora de que crezcas y te comportes como corresponde. Ahora que he vuelto me encargaré personalmente de tu educación. A partir de mañana no volverás a jugar con los hijos de la servidumbre. Has de comenzar a prepararte para tu futuro, pues dentro de unos años negociaremos tu matrimonio con algún príncipe conveniente y para entonces debes estar a la altura de lo que se espera de ti. Mira a tu hermano, él apenas tiene unos años más que tú y ya es un hombre que se prepara para su vida como Rey.

-Abuela, eso no es lo que yo deseo. Yo quisiera irme lejos y vivir aventuras con Byshael… -dijo la princesita con lágrimas en los ojos.

-¡Basta ya de sandeces! Te repito, niña, que ese Byshael del que hablas no existe. Nunca ha existido y nunca existirá semejante personaje. Y olvídate de eso de las aventuras, tú nunca irás a ninguna parte. Vivirás en este castillo hasta que te cases y entonces vivirás donde tu marido desee. Lo que tú quieras o pienses nada importa, pues el único propósito de tu vida es servir primero a tu padre, a tu hermano después y finalmente a tu marido.

Al llegar a este punto Khuanya no pudo reprimirse por más tiempo y rompió a llorar.

-Pero… papá me dijo… -dijo la princesita, entre sollozos-. Yo podría hacer todo cuanto quisiera…

-Khuanya, eso te lo decía porque eras una niña, pero ahora tienes que convertirte en una mujer, en toda una Princesa que honre el nombre de su familia y de su país. Tu padre es demasiado gentil contigo y probablemente no dice nada de tu comportamiento infantil impropio de alguien de tu posición, pero con toda seguridad sufre pensando en tu futuro, pues espera mucho de tí. ¿Y qué crees que siente al escucharte decir todas esas tonterías de aventuras y unicornios? Si quieres ser quien debes ser, se acabaron esos sueños pueriles, a partir de ahora yo supervisaré no sólo tu educación sino cada cosa que hagas. Estoy segura de que tu padre se sentirá muy feliz al ver que comienzas a ser lo que él espera de tí. O acaso quieres decepcionarle? No querrás hacer eso, ¿verdad?

Las lágrimas dejaron de manar de los ojos de Khuanya. La niña se quedó muda de repente, no sabía que decir. Se limitaba a mirar fijamente a su abuela, que seguía hablando sobre lo que todos esperaban de ella. No podía creerlo. No era posible que su vida estuviera ya escrita. Sin pensarlo dos veces se levantó del banco y salió corriendo, le importaba muy poco dejar a Sinea con la palabra en la boca, aunque sabía que probablemente aquello le acarrearía una buena reprimenda más tarde. Corría casi a ciegas, llorando sin lágrimas en su cara, pero con una auténtica tormenta de sentimientos desatándose en su interior.

Su loca carrera terminó repentinamente cuando chocó de frente contra algo cálido y suave que la hizo rebotar y caer sentada al suelo.

-Hija, ¿qué es lo que te pasa? ¿Por qué traes esa cara?

Khuanya estaba en el suelo con cara de confusión, como si no comprendiera por qué estaba allí. Levantó la mirada y encontró la de su padre, que la observaba con preocupación.

-Papá, ¿es verdad que los unicornios no existen? -preguntó, muy seria, sin apartar ni un instante la mirada de Khar mientras se ponía en pie.

-¿Quién te ha dicho eso, hija?

-La abuela…-respondió la niña-. ¿Es cierto? ¿No existen los unicornios, ni los duendes, ni las hadas, ni los ángeles ni la magia?

El Rey se quedó contemplando la expresión anhelante de su pequeña, que estaba a punto de romper a llorar de nuevo y supo que no sería capaz de mentir. Aunque le destrozara dar aquella respuesta a su hija, sabía que algún día sus ilusiones debían terminar, no podía seguir eternamente dentro de su mundo de fantasía.

-Me temo que sí, hijita –dijo lentamente, mientras acariciaba el sedoso pelo oscuro de la princesita-. Los cuentos son sólo bellas historias que sirven para que los niños sueñen y sean felices, pero lo que se dice en ellos no es real.

-Pero si no son reales, ¿por qué seguir contando esas historias?

-Para los niños, el mundo sería muy triste sin los cuentos. Por eso cuando son pequeños se les permite creer en esas fantasías, pero cuando crecen deben olvidarlas y prepararse para cuando sean mayores. Tú, hija mía, estás destinada a ser Reina en el futuro, y por tanto has de educarte y aprender muchas cosas para poder ser una buena soberana cuando llegue el momento.

Khuanya se quedó pasmada, mirando fijamente al suelo. Todo le daba vueltas. No podía creerse cómo se estaba derrumbando todo a su alrededor. Sus ilusiones, sus sueños, habían caído en un instante sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo. Sentía como si se hubiera abierto un agujero en su interior y todo lo que había amado antes estuviera cayendo por él. Cuando levantó el rostro de nuevo hacia su padre, el Rey no pudo evitar una exclamación al ver cómo habían cambiado en unos segundos los ojos de su querida hija pequeña. Ahora parecían mucho más grandes y profundos, más negros si cabe y la tristeza sin lágrimas que vio reflejada en ellos le rompió el corazón.

Sin decir nada, la niña echó a andar, despacio, y comenzó a alejarse. Su padre se quedó mirándola sin saber qué decir. Nunca se perdonaría haberle quitado acabado con las ilusiones de su hija de aquella manera, jamás olvidaría los ojos de la pequeña mirándole, suplicando una respuesta que no acabara con aquello que más quería, reflejando un pesar y una resignación que ya nunca la abandonarían. Aquel día nació Khuanya, la Princesa Triste.

___
Todos los derechos reservados
(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

·

#Escuchando… To the stars - Randy Edelman

:, , ,

4 comments to “PUM. Capítulo 3.”

  1. Krla

    DioX, que sepas que he llorado con el final de este capítulo! Aún así, toy deseando que publiques el siguienteeee!

  2. celia

    Aquel día nació la princesa triste.
    Pues no, qué triste todo.
    Suena a cuando un niño adivina el secreto de los reyes magos ;_; no mola nada… ;_;
    esas cosas creo que deberíamos negarlas siempre cuando los niños las preguntan *-* y yo lo haré siempre! xD
    pero claro, para que siga la historia… tiene que pasar esto, si no, no hay princesa triste, no hay historia ^^
    así que nada, esperaré el próximo capítulo :D
    sabes que yo sí ;)

  3. Garjzla

    Hola!!
    No creo que te acuerdes de mí. Yo seguía tu historia hasta que hubo un inconveniente con mi ordenador (y aun lo tengo, aunque halla pasado bastante tiempo).
    Pero bueno, me sigue encantando PUM y me gusta mucho releerlo porque de todas formas necesitaba hacerlo.
    Sube cap. cuando puedas!! =D
    -Garjzla

  4. Patricia S.L.

    Con esa abuela cualquiera no se traumatiza y se pone triste!!!!!!!! joooooooooo las abuelas tienen que ser buenas!!!
    me encanta esta historia, pero la abuela esta de las narices se esta pasando un poco!!! le puedo pegar??? joooooooooooooo

Leave a Reply

Looking for something?

Use the form below to search the site:

Still not finding what you're looking for? Drop a comment on a post or contact us so we can take care of it!