Sin nombre

PUM. Capítulo 4.

by Itahisa on Sep.02, 2009, under PUM

Sé que hace algo más de dos semanas que debía haber salido este capítulo, pero la semana pasada me fue imposible publicarlo y esta semana, debido a un problemilla (la desconexión neuronal es lo que tiene) no he podido ponerlo a tiempo. La próxima semana siento decir que me será imposible sacar el capítulo el lunes, pues estaré de viaje, pero si a lo largo de los días que faltan hasta que me vaya el sábado hay alguna lectura/comentario en este capítulo, haré mi mejor esfuerzo para poner el quinto capítulo por adelantado.

Siento mucho el retraso, ¡y espero que les guste!

Ж

Lo único que no le gustaba a Khuanya de la lluvia era que le impedía salir y tenía que quedarse encerrada en el castillo durante horas, o días incluso en el peor caso, durante lo más duro del invierno. Salvo por eso, le gustaba ver llover porque parecía que el cielo lloraba, que compartía con ella las pequeñas y grandes penas de su día a día. Y luego, cuando cesaba y un juguetón rayo de sol conseguía colarse entre las nubes, aparecía un maravilloso arco iris, que le parecía tan hermoso que casi volvía a creer en la magia.

Sin embargo, aquella noche en particular no deseaba en absoluto que lloviera. Hacía una semana que Yanara había llegado al castillo y desde entonces el acoso de su abuela había sido más encarnizado que nunca, y esta vez era evidente que tenía un propósito. Antes parecía que Sinea le hacía daño por el mero placer que sentía viéndola herida. Ahora, sin embargo, siempre estaba presente la prometida de su hermano cuando la Reina madre la humillaba y en las escasas ocasiones en que tenía que vérselas a solas con ella, se limitaba a ignorarla o a dirigirle una de sus habituales miradas cargadas de desprecio, como si considerase que no valía la pena malgastar con ella en aquel momento su tiempo, sus palabras o sus fuerzas, como si creyera que sería mucho mejor reservarse para otra ocasión. Khuanya estaba segura de que su abuela quería hacer que Yanara la detestara, quería ponerla en su contra de cualquier manera, aunque no alcanzaba a comprender totalmente sus motivos, puesto que Yanara nada sería hasta que no estuviera casada con Khure y aún entonces el poder de la muchacha sería muy limitado.

En los días transcurridos desde su llegada, Khuanya no había podido intercambiar ni una sola palabra a solas con su futura cuñada, así que no podía saber a qué atenerse con ella ni qué tipo de carácter tenía. Cuando Sinea estaba presente, la joven apenas pronunciaba palabra alguna, pero en muchas ocasiones la había visto sonreír divertida ante alguno de los mordaces comentarios de la anciana.

Khuanya estaba aterrada ante la posibilidad de que Yanara pudiese ser tan cruel y despiadada como su abuela, y cuando pensaba en la posibilidad de sufrir las mismas vejaciones que había soportado durante toda su vida pero ahora por partida doble, casi agradecía el hecho de que muy pronto tendría que marcharse lejos para casarse con un desconocido.

Suspiró. Aquellos pensamientos no la tranquilizaban en absoluto, pero hacía tres días que no salía del castillo y comenzaba a notar la claustrofobia, y no podía evitar darle vueltas a todo aquello, pues su tranquilidad en el presente y futuro más cercanos dependía en gran medida de aquellas dos mujeres. Se sentía encerrada y observada constantemente, vigilada hasta el punto de tener que medir continuamente cada una de sus palabras y sus actos, y la Princesa estaba cansada, muy cansada, de tener que vivir así, conteniéndose, sin un mínimo espacio para la espontaneidad o la naturalidad.

Miró hacia el exterior y volvió a suspirar mientras apoyaba las manos y la cabeza en el alféizar de la ventana de su estudio. Aún era noche cerrada, faltaban varias horas para el amanecer, y llovía a raudales. De todos modos, decidió esperar un poco más, por si amainaba. Deseaba con todas sus fuerzas salir, respirar libremente, pasear sin sentir que un centenar de ojos curiosos vigilaban cada uno de sus movimientos, sentir en el rostro la brisa fresca que venía de Hlyask y escuchar el trino de los pájaros mezclado con el rumor del agua que bajaba alegremente desde las montañas por el río. Cerró los ojos y se imaginó todo aquello mientras el sueño se apoderaba de ella y una expresión tranquila asomaba a su rostro.

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Estaba en un bosque, oscuro y húmedo, en el que el viento hacía que los árboles silbaran amenazadoramente y la luz de Iliore creaba confusas sombras que se movían raudas a su alrededor y en las que parecían ocultarse un sinfín de siniestros atacantes. Estaba completamente perdida y tampoco podía recordar qué estaba haciendo allí. Apenas veía lo que había a su alrededor y las afiladas espinas de los arbustos la hirieron en los brazos cuando quiso apartar sus ramas para escapar de aquel lugar.

Necesitaba salir de allí, alguien la observaba, iba tras ella, estaba completamente segura de ello aunque no podía verlo, pero sentía su fétido y cálido aliento en la nuca, en contraste con el aire frío y húmedo de la noche. Le parecía que iba a volverse loca de terror, necesitaba escapar de allí cuanto antes, pero no había manera de conseguirlo, el bosque siempre se extendía más allá del siguiente obstáculo, enredándola cada vez en un nuevo laberinto de ramas, espinas y oscuridad. Le parecía que llevaba horas corriendo sin parar y comenzaba a sentir el cansancio que hacía que sus piernas parecieran de plomo, y sus brazos y manos estaban cubiertos ya de heridas causadas por las agujas de la oscuridad que la rodeaba y por las múltiples caídas que había sufrido en su alocada carrera en busca de la salida de aquel horrible lugar.

Atravesó un arbusto más y entonces cayó de bruces al suelo. No se atrevía a abrir los ojos, no quería saber qué nueva clase de espanto la esperaba ahora, aunque podía sentir que el bosque había cambiado, parecía ahora completamente distinto. Extendió los brazos y no sintió bajo las palmas de sus manos más que la suave hierba silvestre húmeda por el sereno de la noche. Levantó la cabeza y vio que estaba en una especie de claro, aunque parecía más bien un pasillo que dividía en dos mitades aquella parte del bosque. Intentó levantarse, pero no pudo, pues sus piernas habían perdido toda fuerza, así que se quedó sentada, confundida, tratando de comprender dónde estaba y qué posibilidades de huir le ofrecía el camino que se abría invitadoramente ante ella.

No había ya viento que moviera las ramas de los árboles y, sin embargo, escuchaba un murmullo incesante que poco a poco se intensificaba y que parecía provenir del bosque que la rodeaba, cada vez más cerca, y aún así no alcanzaba a encontrar sentido a aquel sonido. Sin saber por qué, ni quién, comenzó a sentir que la estaban llamando. No estaba segura de si era una mala pasada de su imaginación, pero le parecía ver que algunas ramas cercanas a ella incluso comenzaban a balancearse, como si intentaran llamar su atención, distraerla tal vez, capturar sus pensamientos y así retenerla hasta que fuera demasiado tarde para escapar.

Se arrastró fuera del alcance de aquellos arbustos y trató de levantarse otra vez. Cuando ya casi lo había conseguido, una luz que salió de la espesura la deslumbró. No podía dejar de mirarla, era muy blanca y pura y parecía invitarla a acercarse, a unirse a ella. Parecía ser la única forma de escapar de la impenetrable oscuridad del bosque y Khuanya, fascinada, se acercó. En su interior había una figura que no podía distinguir bien, pero parecía humana y se acercaba a ella muy lentamente. Unos ojos destacaban en medio de aquella luz, unos ojos grises que la observaban y parecían tan tentadores como la mano que la figura había extendido hacia ella.

La joven había conseguido ponerse completamente en pie, pero parecía hipnotizada por aquella presencia y `por el murmullo del bosque, que había ido aumentando gradualmente hasta resultar totalmente ensordecedor. Khuanya extendió un brazo hacia la luz y dio un paso más hacia ella.

-Sí, Khuanya, ven, no tengas miedo –dijo el ser, de pronto, con una voz indescriptiblemente hermosa que, sin embargo, había sonado únicamente en la cabeza de la Princesa.

El sonido de aquella voz hizo reaccionar a la muchacha, que miró a su alrededor y se percató de que las ramas llenas de púas habían crecido a su alrededor, creando una especie de barrera que le llegaba ya casi hasta las rodillas. Estaba muy asustada, no comprendía nada de lo que estaba ocurriendo y aquella figura resplandeciente aún se le acercaba, acorralándola contra el bosque y las tinieblas. Sin pensarlo un segundo más, se volvió, saltó por encima de la espinosa cerca y huyó sin mirar atrás mientras escuchaba el alarido de furia que, esta vez sí, salió del interior de la luz y se propagó rápidamente en todas direcciones.

Ж

Khuanya despertó sobresaltada, sudando, el rostro cubierto de lágrimas y el corazón latiéndo con fuerza. Miró a su alrededor: aún seguía en su pequeño estudio, sentada en el diván junto a la ventana.

-Sólo ha sido un mal sueño –se dijo en voz baja, mientras se pasaba las manos por el rostro-. Pero era tan real…

Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos y recordó entonces por qué estaba allí y se volvió para mirar hacia el exterior. La luz de la Iliore alcanzó a reflejarse en sus ojos antes de que la joven saliera corriendo escaleras abajo. Por fin había dejado de llover.

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(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

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#Escuchando… My last breath - Evanescence

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3 comments to “PUM. Capítulo 4.”

  1. Maron

    Oyoyoyyoyoy, casi no me acordaba de nada! Sinea sigue tan putilla como siempre ò_ó

    Este capítulo me ha gustado muchomucho, no me acordaba para nada. Te dan ganas de seguir leyendo. Ains, sigue así *o*

  2. Yionu

    Acabo de mirar al bosque y lo veo con diferentes ojos xDD. Menudos sueños tiene la princecita…

    Esperando el siguiente, no tardes!

  3. Patricia S.L.

    en serio que este cuento es un poco tu vida?? joooo ita, me estas asustando!!!!

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