PUM. Capítulo 5.
by Itahisa on Oct.30, 2009, under PUM
¡Vuelve PUM! Tras el parón forzoso de estos últimos tiempos (¡¡lo siento!!), regresaré cada viernes con un nuevo capítulo… ¡Espero que les guste!
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Hacía mucho frío y estaba mojada. La lluvia arreciaba a su alrededor, impidiéndole ver con claridad por dónde iba, por lo que caía al suelo una y otra vez. El viento la impulsaba con fuerza hacia delante, como si quisiera empujarla en una dirección determinada, obligándola a luchar por dar cada paso en la dirección adecuada y, aún así, no podía estar segura de a dónde se dirigía exactamente, pues cada vez que alzaba la cabeza para tratar de averiguar dónde estaba el agua anegaba sus ojos, cegándola por completo, de modo que hacía ya rato que la Princesa se limitaba a avanzar con la vista fija en el suelo, confiando en no haberse desorientado demasiado.
Y entonces, de pronto, la lluvia cesó por completo y algo en el suelo la hizo tropezar. Khuanya se incorporó lentamente, pues el vestido mojado pesaba como una losa, y se apartó el largo cabello de la cara para poder ver dónde se encontraba ylo que vio le heló la sangre en las venas. El recuerdo de la aterradora pesadilla que había tenido apenas unas horas antes la hizo estremecer. Un soplo de viento helado la hizo salir de sus recuerdos y darse cuenta de la realidad. Khuanya ahogó una exclamación de sorpresa mientras daba un salto hacia atrás para poder ver mejor y así asegurarse de que no se equivocaba. No podía creer que estuviera tan lejos, ni que se hubiera desviado tanto de su camino, ¡estaba en Thrakien!
Ante ella se erguían, orgullosos y amenazadores, los inmensos troncos de los primeros árboles del húmedo y sombrío bosque. Majestuosos e imponentes, parecían retar a cualquiera que se acercase a probar su valor internándose en la espesura. De sus ramas colgaban negros y larguísimos líquenes, lo cual les daba al conjunto un aspecto aún más siniestro y peligroso. Khuanya sacudió la cabeza y trató de aclarar sus pensamientos. A pesar del sueño de la noche anterior, se obligó a sí misma a reconocer que aquello no había sido real y que nada malo le ocurriría en aquel lugar, de modo que se dispuso a esperar allí a que amainara la tormenta que se había desatado súbitamente en mitad de su paseo. Aún se preguntaba cómo había llegado hasta allí, pues ella había creído dirigirse hacia el castillo.
Miró a su alrededor una vez más mientras se apoyaba en uno de aquellos formidables árboles. Tenía que regresar cuanto antes al castillo, pero desde luego no podía volver a salir a campo abierto mientras continuara lloviendo de aquella forma. Miró al cielo y sólo pudo ver en él negros nubarrones entre los que se colaba de vez en cuando algún relámpago, precursos tal vez de una tormenta eléctrica. No parecía que fuera a escampar enseguida. ¿Cuánto más podía durar aquello? Pensó en su padre y supo que estaba en un grave problema. A esa hora ya debería haber notado que su hija no estaba y, al ver el temporal, estaría tremendamente preocupado por ella. Posiblemente, incluso habría enviado algunos de sus soldados a buscarla. ¿Qué harían cuando no la encontrasen?
-No tenía que haber salido –dijo en voz alta, para sí misma, mientras temblaba, aún sabiendo que nada podría haberla detenido aquella mañana.
Sus ropas estaban completamente mojadas y pesaban cada vez más. El árbol la protegía de la lluvia, pero el viento aún la hacía estremecer cuando la golpeaba con fiereza. Miró de nuevo al interior del bosque y pensó en internarse un poco en él en busca de un lugar seco y protegido en el que estuviera a salvo de las inclemencias del tiempo. La idea no le agradaba lo más mínimo, pero se daba cuenta de que probablemente sería mejor que quedarse allí, pues estaría más resguardada.
Con cautela, comenzó a caminar hacia la espesura. En Thrakien todo parecía amenazador: los inmensos árboles, que semejaban colosales guardianes, se alzaban por doquier, cubiertos de musgos y líquenes, dejando sin embargo bastante espacio entre ellos para que otras plantas crecieran en el suelo, que estaba cubierto de hojarasca ahora mojada por la lluvia. Distintos tipos de enormes helechos brotaban formando bosquecillos en miniatura aquí y allá, junto a altos arbustos espinosos cuyas ramas estaban cargadas de pequeñas y moradas bayas que no parecían comestibles. Khuanya tenía que caminar con cuidado para no tropezar con las raíces que sobresalían del suelo ni herirse con las largas púas que esperaban herirla en cualquier descuido que tuviera.
Una extraña sensación la embargó a medida qu avanzaba. A pesar de la oscuridad reinante y el ulular del viento que se colaba por entre las ramas de los árboles, estaba comprobando que el bosque de Thrakien no era tan temible como podía creerse y, sin embargo, había algo que no encajaba, que mantenía sus nervios crispados y sus cinco sentidos alerta en todo momento. El crujido que produjo una ramita seca al partirse bajo su pie hizo que se diera cuenta de qué era lo que la hacía sentir tan extraña. Un silencio total y absoluto, antinatural, reinaba en aquel bosque. Los únicos sonidos audibles eran causados por el viento que removía las copas de los árboles y el goteo de la lluvia, además de sus torpes pasos avanzando con cautela. Extrañada, la joven comenzó a prestar atención a todo lo que veía y cada vez se sorprendió más: los únicos seres vivientes que podía observar eran las plantas. No había pájaros ni insectos y tampoco había encontrado evidencias de la presencia de otros animales. Y a pesar de todo eso, se sentía constantemente vigilada. A medida que avanzaba sorteando los obstáculos le parecía que alguien la seguía, que la miraba y estudiaba cada uno de sus movimientos, pero por más que mirase a su alrededor no conseguía ver a nadie por allí.
-Ahora entiendo por qué nadie viene nunca a Thrakien–se dijo, en voz alta, como si escuchar su propia voz pudiera tranquilizarla-. Esto pone los pelos de punta a cualquiera.
Se agachó y pasó por debajo de unos arbustos que tenían unas hojas grises y aterciopeladas y al llegar al otro lado vio que estaba junto a uno de esos enormes árboles. Varios hombres habrían sido necesarios para rodear su tronco, pero no era eso lo que captó la atención de la Princesa. Maravillada, se acercó. Incluso con la débil luz que llegaba hasta allí, la corteza de aquél árbol parecía brillar con un tono extrañamente cálido y metálico. Estaba segura de que nunca antes había visto un árbol así en ninguna parte. Un rápido vistazo a los demás árboles le confirmaron que ése era el único de aquel tipo que había por allí. Comenzó a rodearlo, intrigada, para asegurarse de que el tono dorado del tronco no era fruto de algún extraño efecto óptico, pero al llegar al otro lado se detuvo.
Un pequeño claro, extrañamente vacío de casi toda vegetación, se abría frente al ábol, pero no fue aquello lo que captó su atención. Un gran agujero, lo suficientemente grande como para cobijarse en él se abría en el tronco, como invitándola a resguardarse en su interior. Recelosa, Khuanya asomó la cabeza y no pudo evitar una exclamación de asombro al ver varios puntos luminosos a varias decenas de metros por encima de su cabeza, a distintas alturas. ¡El tronco estaba hueco! Y lo que era aún más extraño, a pesar del frío reinante y del viento gélido que hacía gemir al bosque entero, del interior de aquel árbol parecía surgir una corriente cálida de aire. Entró del todo en el agujero, curiosa, y de inmediato comenzó a sentirse mejor, aunque no habría sabido explicar si se debía sólo al ligero calor que parecían desprender las paredes de madera de su recién descubierto refugio.
«No pasará nada si me quedo aquí hasta que pase la tormenta», se dijo, mientras se sentaba en el suelo.
A pesar de la calidez del lugar no podía olvidar el umbrío y siniestro bosque que la rodeaba, y una parte de su conciencia la hizo sentir culpable por sentirse tan reconfortada estando tan lejos del castillo y de su padre, que con toda seguridad estaría volviéndose loco de preocupación. Se repitió a sí misma una vez más que estaba mucho mejor allí que a la intemperie, bajo las inclemencias del tiempo, eso incluso su padre podría entenderlo, y volvió a sentirse aliviada de haber encontrado aquel extraño árbol. Era extraña la seguridad que le transmitía, le parecía que nada podía ocurrirle mientras estuviera allí. Y así, sin darse apenas cuenta, en cuanto empezó a entrar en calor, se quedó dormida.
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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
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¿¿Se acuerdan de qué venía ahora??
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#Escuchando… The end - Mayday Parade
Octubre 30th, 2009 on 15:25
ahoraaa… ahora aparecía byshael? *__*
no me acuerdo ni si se escribía así o_O xDDDD
no sé si era ahora o no, pero me he acordado de este trozo bien no sé por qué *-* xDD
estaremos atentos para comprobarlo
Octubre 30th, 2009 on 15:32
Hmmm… casi casi!!! Está cerquita
Octubre 30th, 2009 on 15:33
Muchísimas gracias por pasarte y comentar ^^
Enero 20th, 2010 on 16:38
Joe niña, de donde sacas estas cosas??? menuda imaginación!!! me encanta….
ahhh!!! yo kiero un árbol de esos para esconderme!!!
Enero 30th, 2010 on 23:33
DE PARTE DE BEAAAA:
“ya me lei del capitulo 2 al 5, elena me tiene qe enviar los qe faltan es qe son los unicos qe tengo….me da pena de la princesa por qe tiene qe soportar a la abuela….es una bad person…aunqe pienso qe es una niña fuerte pa tener 10 años y soportar a esa abuela!!…yo no la podria ver ni en pinturaa..xD… y encima me qede intrigada kn el final del capitulo 5, elenaaaaa mandameee los demas capituloss yaaaaa!! “