PUM. Capítulo 6.
by Itahisa on Nov.06, 2009, under PUM
Tras el éxito masivo </modo IRÓNICO> del capítulo 5… Un poquito más, como cada viernes…
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Hacía muchos días que no dormía tan bien. Eso fue lo único en lo que podía pensar la Princesa mientras recobraba poco a poco la consciencia. Abrió lentamente los ojos y vio algo que despedía unos brillantes destellos que la deslumbraban. Volvió a cerrarlos mientras pensaba en lo hermoso de aquella luz dorada, y luego los entreabrió de nuevo, somnolienta, pero ya no vio nada.
Mientras se daba la vuelta, aún en la frontera entre el sueño y la realidad, pensó que sólo había sido su imaginación. Se estiraba, perezosa, cuando reparó en el aroma a hierba húmeda y a tierra que tanto le gustaba. ¡Tierra! No solía oler a tierra muy a menudo en el castillo. Entonces… ¡tierra! ¿Dónde estaba? Abrió los ojos de golpe y se levantó de un salto, asustada.
-¡Auch! -exclamó al golpearse la cabeza fuertemente con un techo inusualmente bajo.
Se llevó las manos a la zona dolorida y, tambaleante, dio un par de pasos, mientras miraba a su alrededor y recordaba dónde estaba.
Thrakien.
Las imágenes de la tormenta pasaron rápidamente ante sus ojos e instintivamente se tocó el vestido, que estaba ya apenas húmedo. Escuchó antenta durante un instante… ¡había dejado de llover! El sol había salido, tímido, de entre las blancas nubes y sus rayos se colaban ahora alegres y juguetones entre las altísimas ramas de los árboles, que a la luz ya no parecían tan amenazadores ni siniestros. No sabía cuánto tiempo había estado dormida, era posible que hubieran pasado varias horas. Tenía que regresar enseguida, aunque un extraño desasosiego comenzó a apoderarse de ella al pensar en abandonar el bosque. Mientras paseaba lentamente por el pequeño claro, como despidiéndose del lugar que antes le había parecido tan lúgubre, se prometió mentalmente volver pronto y explorar un poco más. Pensaba en todas las cosas que podría hacer y descubrir allí cuando tropezó con algo y cayó al suelo.
No recordaba que antes hubiera algo allí. En ese momento un juguetón rayo de sol atravesó las copas de los árboles y de nuevo hizo que algo que había en el suelo despidiera unos reflejos dorados. Al acercarse, intrigada, descubrió que allí había, semienterrado, un unicornio tallado en un curioso material de aspecto metálico, dorado. Aunque estaba bastante hundido en el blando suelo, Khuanya estaba completamente segura de que no estaba allí cuando ella llegó.
Sin pensarlo, lo cogió, limpió rápidamente con la mano la tierra y las pequeñas hojas secas que habían quedado adheridas a su superficie debido a la humedad y lo examinó con atención. Era cálido y muy suave al tacto. Khuanya se dio cuenta, no sin cierta sorpresa, de que el hermoso animal estaba hecho de la misma extraña madera del árbol donde había dormido. Era apenas más grande que su mano y estaba magníficamente tallado. Nunca antes había visto una talla de semejante calidad. ¿De dónde habría salido?
Una ráfaga de viento hizo que el bosque a su alrededor se llenara de susurros y Khuanya recordó que debía volver a casa cuanto antes. Miró un instante más a su alrededor y entonces echó a correr, apretando contra su regazo el pequeño unicornio de madera mientras pasaba de nuevo bajo los espinosos arbustos. Cuando llegó al límite del bosque corrió tan rápido como pudo hasta que se quedó sin respiración y le fallaron las piernas. No sabía por qué, pero le parecía que estaba huyendo. Miró la talla que tenía entre las manos y de nuevo al bosque: se sentía como si lo estuviera robando.
-¡Qué tontería! –se dijo en voz alta, aunque no con demasiada convicción.
Miró de nuevo el rostro del unicornio y supo que no iba a devolverlo al bosque. Algo le decía que aquella figura tenía algo especial y no podía esperar para descubrirlo. Sin darle más vueltas, volvió a correr en dirección al castillo de su padre, que cada vez se veía más cercano. No pudo evitar pensar, no sin cierta sorna, que la paz que había sentido en medio de aquel legendario y tenebroso bosque tardaría mucho en volver a experimentarla en cuanto atravesara el umbral de su hogar.
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Apenas se acercó a los muros del castillo, se dio cuenta de que todo estaba demasiado revolucionado y supo de inmediato que su desaparición tenía algo que ver con aquello. Miró al sol y vio que ya estaba descendiendo. Había estado fuera demasiado tiempo.
Sabía que le esperaba un buen rapapolvo en cuanto se encontrara con su padre o su abuela, o incluso tal vez Khure también estaría enfadado con ella por su irresponsabilidad. Sin embargo, su deseo de tranquilizar a su padre cuanto antes, de hacerle saber que estaba bien, pudo más que el miedo a cualquier reprimenda, de modo que atravesó el patio a toda prisa y entró como una tromba al salón del trono, donde esperaba encontrar a su padre. Sin embargo, el monarca no estaba allí, y lo único que se encontró Khuanya fue con la estancia inusualmente vacía. Tras pensar un instante, se dirigió apresurada hacia las escaleras, donde se dio de bruces con la gélida mirada de su abuela, que bajaba en ese momento. Al verla, la anciana pareció sorprendida durante un segundo y entonces todas sus facciones se endurecieron, se transformaron completamente hasta mostrar claramente que Sinea hervía de ira.
-¿Se puede saber dónde estabas, niña estúpida? -le espetó, sin contemplaciones-. ¿Tienes idea del revuelo que has armado?
-Lo siento, abuela, yo… -comenzó a disculparse Khuanya, que habría preferido mil veces encontrarse con uno de los maléficos espíritus que se decía que vivían en Thrakien antes que con la furiosa anciana.
-Espero que tengas una explicación convincente -interrumpió Sinea, alzando la voz-. Hace horas que todos están buscándote desesperados y tu padre ha vuelto a enfermarse del disgusto y la preocupación –paró de gritar un instante y la miró de arriba abajo, con la desaprobación y el desprecio firmemente reflejados en el rostro-. ¿Se puede saber qué es eso que traes?
Instintivamente, la muchacha ocultó el unicornio de madera, pero en realidad había dejado de escuchar. ¡Su padre estaba enfermo de nuevo! Casi pasó por encima de su abuela al salir corriendo escaleras arriba. Escuchó los gritos de su abuela como un eco lejano mientras subía, pero poco le importaba ya nada de lo que ella dijera. ¡No podía ser cierto! Sinea era lo suficientemente cruel como para inventar algo así sólo para torturarla, pero de todos modos tenía que comprobarlo, tenía que ver cuanto antes a su padre con sus propios ojos.
-¡Si le pasa algo a tu padre, tú serás la única responsable! -escuchó claramente, de pronto, por encima del desbocado latir de su corazón y del zumbido sordo que inundaba los oídos.
Khuanya se paró en seco. Tenía razón, ella era la culpable de que su padre estuviera mal otra vez. Sabía que no debía salir cuando estaba lloviendo y sin embargo lo había hecho. Y no sólo eso: había pasado más de medio día fuera, haciendo alarde de una estúpida y peligrosa irresponsabilidad.
Bajó la vista y observó de nuevo la talla que tenía entre las manos. Le había parecido hermosa y sorprendente y había creído que encontrarlo compensaba el miedo que había tenido que superar en Thrakien y las penurias de la huída bajo la tormenta. Sin embargo, ahora ya no lo tenía tan claro. Nada en el mundo sería suficiente para devolverle a su padre en caso de que le pasara algo. Y si además era por su culpa… Se dirigió rápidamente a su habitación y la escondió muy bien. No sabía por qué, pero tenía claro que nadie debía conocer la existencia de ese unicornio de madera. Incluso ella misma no estaba segura de que quisiera volver a verlo.
Sólo después de tenerlo seguro fue hacia la torre en la que su padre tenía sus dependencias personales. Entró lentamente y, en silencio, miró a su alrededor y finalmente vio a su padre. Con sigilo, se acercó a la cama donde el Rey estaba durmiendo y le observó. Estaba pálido, pero su respiración era tranquila. Decidida a no separarse de su lado hasta que se hubiera repuesto por completo, Khuanya se sentó en una silla junto a él y le miró, inquieta.
-¡Hija! ¿Dónde estabas? -susurró Khar, con voz débil y la preocupación reflejada en el cansado rostro, mientras entreabría los ojos.
-¡Padre! Lo siento, no quería perturbar vuestro descanso -respondió Khuanya, mientras luchaba con el nudo que se le había formado de pronto en la garganta.
-Lo único que me importa ahora es que has regresado –dijo mientras se incorporaba y le daba un abrazo-. Sabes que no me gusta que salgas cuando llueve, he estado preocupadísimo por tí, hija. ¿Dónde has estado todas estas horas?
-Perdonadme, padre -dijo la Princesa, mientras las primeras lágrimas comenzaban a rodar por sus pálidas mejillas-. Cuando decidí salir ya no llovía, pensé que escamparía, pero en mitad del paseo comenzó la tormenta, corrí hacia aquí, pero apenas podía ver nada y el viento me empujaba y no sé cómo terminé lejos de aquí, pero encontré donde resguardarme, y me quedé esperando a que amainara, pero me quedé dormida –apenas se había dado cuenta, pero había hablado atropelladamente y estaba sin aliento-. Cuando desperté ya no llovía y me apresuré a volver. Siento muchísimo haberos preocupado, de verdad, padre, lo sientono era mi intención.
-Bueno, hija mía –respondió afablemente su padre, acariciando el cabello de su hija, que había apoyado la cabeza en su regazo y lloraba desconsolada-, ahora que estás aquí, ya todo está bien. No te preocupes más.
-¡Pero estáis enfermo de nuevo! –sollozó Khuanya-. Es por mi culpa, así que no digáis que todo está bien, nada de esto habría pasado si yo no hubiera salido.
-Hija mía, aunque a mí también me habría gustado que no salieras hoy, pues nos habrías ahorrado un buen susto a todos, mi mala salud no tiene nada que ver contigo. Tú no eres la culpable de nada, son sólo achaques de viejo. Así que sécate esas lágrimas y regálame una sonrisa.
-¿De veras no estáis así por mí? –preguntó la joven. Aunque lo intentó, no consiguió sonreír: sólo le salió una extraña y vaga mueca. Meditó un instante y continuó-. Pero de todos modos estáis enfermo y yo os cuidaré. Sólo decidme qué necesitáis y qué queréis que haga. Me quedaré con vos hasta que os hayáis restablecido por completo.
-De acuerdo -dijo Khar con una débil sonrisa mientras paseaba la vista por su hija-. Lo primero que quiero es que vayas a tu habitación, te quites esa ropa húmeda y sucia y te des un baño para quitarte ese barro que traes pegado en la cara y las manos. Luego vuelve si quieres a hacerme compañía.
-¿Barro? -preguntó la Princesa, extrañada, mientras se tocaba la cara.
Se miró a continuación las manos que, efectivamente, estaban sucias e incluso presentaban varios pequeños cortes cubiertos de sangre seca. No se había parado a pensar ni por un instante en su apariencia.
-Tira ese vestido -añadió Khar-. No creo que sea posible arreglar todos esos desgarrones que tiene y, aunque se pudiera, me parece que ya no sería digno de vestir a la muchacha más hermosa de toda Aghya.
-¡Qué exagerado sois, padre! -respondió Khuanya, sonrojándose.
-Sabes que no, hija. La fama de tu belleza se ha extendido ya por cada uno de los reinos de Aghya y antes de lo que crees veremos colas de jóvenes enamorados y ansiosos por solicitar tu mano.
Khuanya bajó la cabeza, como cada vez que escuchaba hablar de casarse, pues sabía lo que ello supondría para su vida.
-De todos modos -añadió Khar, consciente de la expresión de tristeza de su hija-, eso no debe preocuparte ahora. Ve, hija, yo te estaré esperando aquí.
Khuanya comenzó a levantarse de la cama, pero antes de hacerlo volvió atrás y le dio un beso a su padre. Después se dirigió a la puerta con la misma mueca extraña que pretendía ser una sonrisa en los labios.
-Como gustéis, padre. Volveré en un rato.
Salió al pasillo tras cerrar con suavidad la puerta y se encontró a Khaisa esperándola casi en la puerta. Se agachó para acariciarla y hablarle suavemente, a lo que la gata respondió con un sonoro ronroneo de complacencia. Sin embargo, algo a su espalda atrajo su atención y, de repente, salió corriendo por el pasillo. Khuanya alzó la vista y se encontró a su abuela, mirándola fijamente. La muchacha volvió a preguntarse cómo era posible que fuera capaz de moverse siempre con tal sigilo.
-¿Y bien? –inquirió en voz baja, aunque sin dejar de emplear su habitual tono severo-. Ya has hablado con tu padre, así que supongo que te habrá dicho lo mucho que le has decepcionado. Es por ti que está de nuevo en cama y esta vez no creo que te perdone.
La mirada acusadora de su abuela y su intimidadora cercanía hicieron que la princesa se sintiera nerviosa y, por ello, le tembló un poco la voz al responder.
-No me ha dicho nada de eso, abuela -se atrevió a decir, bajando la cabeza-. Por el contrario, no cree que yo sea la culpable de su enfermedad y tampoco está decepcionado de mí. Sabe que todo ha sido sólo un accid…
-¿Y lo has creído? Niña tonta… –interrumpió Sinea, riéndose en voz baja-. Eso es lo que te ha dicho para que te quedes tranquila. Tu padre siempre ha sido demasiado bueno, no le gusta hacerte sentir mal, aunque para ello tenga que ocultarte la realidad… ¿Acaso no te das cuenta de que has vivido toda tu vida bajo el velo protector de tu padre? Podrá decir cualquier cosa, pero la realidad es que no haces sino crear problemas a todos los que te rodean. Todos lo sabemos, y tú lo sabes también.
Tras decir esto mantuvo la mirada fija en Khuanya durante unos segundos, solamente para comprobar el efecto que habían tenido sus palabras en la muchacha, que parecía de nuevo al borde de las lágrimas, aunque se esforzaba por contenerlas. Al ver que había conseguido lo que quería, se volvió sin decir más y se marchó por donde había venido.
«Ayer mi padre estaba bien…», pensó. «Mi padre es siempre tan bueno conmigo… seguro que es cierto… no quiere verme mal y por eso me miente. Ella tiene razón, qué tonta he sido. Ayer estaba bien y hoy ya no, tiene que haber sido mi culpa, no hay otra explicación…».
Fue a su habitación y subió al estudio, no sin antes haber sacado el unicornio de madera de su escondite, a pesar de que un rato antes se había planteado no volver a mirarlo nunca más. Se sentó en el diván que tenía junto a una de las amplias ventanas y miró hacia fuera. Atardecía, el sol se ocultaba tras las Montañas de Hlyask y los maravillosos colores del ocaso inundaban todo cuando alcanzaba aquella hermosa luz. Más cerca, la actividad cesaba ya en la ciudad. Se retiraban los puestos del mercado, los artesanos dejaban sus trabajos, las madres llamaban a sus hijos para la cena,… Aunque pudiera parecer difícil de creer, en muchas ocasiones sentía envidia de aquella gente sencilla. Ellos podían ser libres, podía hacer cualquier cosa con su vida. Ella, sin embargo, rodeada de lujos y con tantos privilegios, no era más que una esclava, condenada siempre a servir a otros y a cumplir las órdenes que se le daban.
Volvió a mirar la talla que tenía entre las manos. Un unicornio… siempre había amado aquellos animales, desde su más tierna infancia. Sin embargo, sabía muy bien que no existían y por ello no podía dejar de preguntarse qué clase de persona llevaría semejante figura consigo y por qué un artista tan excelente se habría molestado en tallar con tanto detalle en aquella madera tan rara y tan preciosa la imagen de un ser que no existía, pues no tenía demasiado sentido. Se preguntó también, de nuevo, si realmente no pertenecería a nadie. Aún no podía explicar cómo había en el claro, pues había estado totalmente sola allí… ¿o tal vez no lo había estado?
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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.
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El próximo capítulo es de color………………… ¿¿quién lo sabe??
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#Escuchando… Acabo de llegar - Fito y Fitipaldis
Noviembre 25th, 2009 on 22:53
Quiero el Siguiente capitulo!!!! X3
Diciembre 6th, 2009 on 14:47
estúpida abuelaa xDDDDD
yy… ains, no me acuerdo de nada y esto está resultando tan emocionante como la primera vez *-* lo bueno de ir atrasada es que ahora voy a por el siguiente capítulo sin tener que esperar, jé! allá voy xD
Enero 20th, 2010 on 16:54
a veces lo mas insignificante puede hacer feliz a una persona y en cambio la mayoria de veces el dinero y las riquezas hacen desgraciada a esa misma persona….
Jodida abuela!!!!! por favor, dime que la secuestran y la torturan en alguno de los capitulos por dios!!!!