PUM. Capítulo 8.
by Itahisa on Dic.04, 2009, under PUM
Bueno, bueno, ¡parece que esto despega! Una nueva lectora más se suma a las filas ‘PUMianas’.
¡Muchísimas gracias!
¡Espero que les guste el capítulo!
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Dejando a un lado el pequeño unicornio de madera, Khuanya se levantó del diván. Debía darse un baño y regresar cuanto antes junto a su padre. Pensaba, preocupada, en él y en aquella rara dolencia que padecía cuando unos golpes suaves en la puerta del dormitorio llamaron su atención. Recogió rápidamente de nuevo la talla y bajó deprisa las escaleras hasta su habitación, donde abrió, curiosa, la puerta, para encontrarse con Yeixa, su doncella, que traía una enorme tina con agua que humeaba.
-Vuestro padre me ha pedido que os prearara el baño, Majestad -dijo en voz baja la muchacha.
-Muchas gracias, Yeiza -dijo la Princesa, mientras la ayudaba a entrar el pesado recipiente y a colocarlo en su lugar.
Un sonoro maullido captó la atención de Khuanya. Khaisa, que había huído al ver a Sinea un rato antes, regresaba ahora en busca de su obligada ración de carantoñas. Mientras Yeixa terminaba de prepararle el baño, la joven recogió a la gata del suelo y la dejó en la ventana, junto al unicornio de madera.
Afuera se había levantado una espesa niebla que, junto con las trémulas luces de los últimos minutos del día, hacían resplandecer todo el paisaje con un tono tan bello como misterioso.
-¿Necesitáis algo más, Princesa? -preguntó la doncella, solícita.
-No, gracias -respondió ella, con aire ausente.
-Buenas noches, Majestad.
-Buenas noches, Yeixa.
Tras cerrar de nuevo la puerta, echó el cerrojo, se desvistió y se metió en el agua. Con todo lo que había sucedido, apenas se había dado cuenta de lo incómoda que se sentía, de modo que el baño caliente suponía un gran alivio. Se relajó un rato y luego se frotó bien hasta eliminar todo el barro que llevaba pegado en la piel mientras repasaba mentalmente de nuevo los extraños sucesos del día.
Estaba ya vestida y a punto de salir de su habitación cuando alguien llamó a la puerta, insistentemente. Era su abuela.
-Buenas noches, abuela –dijo Khuanya tras abrir la puerta.
-Menos mal que estás limpia –dijo, mirándola de arriba abajo atentamente-. Parecías una vulgar pueblerina. Hace unas horas no me habría sorprendido verte revolcándote en el barro con los puercos. Qué espectáculo tan lamentable, todo el mundo te ha visto así…
-Eso no es…
-Eso ya no importa -continuó Sinea, ignorándola-. Deberías agradecer a tu padre que no haya permitido nunca que se hable mal de ti en su presencia, aunque a buen seguro a estas horas el escándalo de tu escapada y tu extraño regreso es ya la comidilla de toda la ciudad.
Resignada, Khuanya bajó la cabeza. Probablemente su abuela estaba en lo cierto.
-Ahora que menciono a tu padre -prosiguió la anciana, ajena como siempre a la expresión avergonzada y pesarosa de su nieta-, ¿qué haces aún aquí? ¿Por qué no has ido aún a verle? Pregunta por ti a cada persona que entra en su habitación, desde hace un par de horas. Imagino que debe estar bastante dolido por tu falta de consideración hacia él. ¿Acaso has olvidado que ha enfermado de preocupación, por tu culpa?
-Precisamente estaba a punto de salir hacia allá cuando habéis llegado, abuela. Pensaba bajar a las cocinas y subirle un caldo caliente.
-Ya no es necesario que te tomes tantas molestias -respondió Sinea con acritud-. Acabo de estar con él, yo misma le he llevado sus remedios y una cena caliente y ahora duerme profundamente. ¿Creías que esperaría eternamente a que te dignaras a honrarle con tu presencia? Está enfermo, niña estúpida, deberías tenerlo más en cuenta en el futuro, puesto que eres tú la causa de todos sus males.
-Pero abuela, yo…
-Tú nada, Khuanya -interrumpió de nuevo, alzando la voz-. Has vuelto a demostrar que no sirves para nada, has dejado a tu padre esperando por horas por un simple caldo que le haría sentirse mejor. Ahora es tarde ya, así que mejor acuéstate y ve mañana temprano a disculparte con él. Y más te vale quedarte aquí quietecita, nada de escaparte al amanecer como si fueras una gata salvaje. Ya hemos tenido bastante de tu estupidez y tu inconsciencia.
-No os preocupéis, abuela, me quedaré en mi habitación –respondió en voz baja, sin alzar la vista ni un centímetro.
Tras dirigirle una dura mirada, la anciana se volvió y desapareció en la oscuridad del pasillo, donde sus pasos aún retumbaron durante unos pocos segundos. Tras cerrar la puerta, Khuanya se apoyó contra la fría pared de piedra y respiró hondo mientras se deslizaba hasta quedar sentada en el suelo. Sin darse cuenta, había vuelto a cometer un error. Su abuela tenía razón otra vez. Nunca era capaz de hacer lo que tenía que hacer, y mucho menos de hacerlo bien.
Cada día encontraba menos sentido a aquella extraña vida suya. No le veía utilidad alguna, puesto que nunca podría ser quien querría ser, nunca haría nada que quisiera de verdad hacer. Hacía tiempo que había perdido toda ilusión, y cada día sentía más cerca el aliente del aciago futuro que cernía sobre ella como un pesado manto oscuro que, llegado el momento, la alejaría de todo cuando amaba y la condenaría perpetuamente a una vida insulsa y gris en la que su voluntad no valdría nada para nadie.
Conteniendo las lágrimas que luchaban por brotar de sus ojos, se puso en pie. Tenía las piernas y la espalda entumecidas por haber pasado tanto rato sentada en el frío suelo de piedra. Al apoyarse en la manecilla de la puerta, ésta se abrió ligeramente, tal vez porque antes no había puesto demasiada atención al cerrarla.Khuanya se asomó al corredor, completamente vacío.
«¿Y si…?», se preguntó, en un arrebato de valor.
Sin pensarlo mucho más, la Princesa se deslizó por el pasillo tan rápido como pudo, en dirección a la habitación de su padre. Al fin y al cabo, no era tan tarde y tal vez su abuela había pensado simplemente que a aquellas horas Khar ya estaría dormido, aunque no lo estuviera en realidad. Al llegar, abrió sigilosamente la puerta, sólo lo justo para poder escurrirse dentro del dormitorio. Una única vela, cerca de la cabecera de la cama, era todo cuanto alejaba el lecho del rey de la más densa oscuridad que inundaba el resto de la estancia. De puntillas, Khuanya se acercó a la cama. Su padre yacía, totalmente inmóvil, pálido y ligeramente sudoroso, probablemente por efectos de la fiebre, mientras su pecho subía y bajaba apenas perceptible pero regularmente.
Cabizbaja, rehizo el camino hasta su habitación mientras pensaba que su abuela le había dicho la verdad, no cabía duda de ello, aunque había sido tan obstinada como para dudar de su palabra. Claro que, ¿por qué iba a mentirle? La muchacha sabía que, en el fondo, su abuela sólo quería lo mejor para ella, que siempre había sido demasiado testaruda, demasiado soberbia para darse cuenta y había vivido día tras día en un mundo irreal que de ningún provecho le sería en su vida.
Al llegar, cerró bien la puerta y, con los ojos llenos de lágrimas, apagó todas las velas de la habitación salvo las de los dos candelabros que tenía junto a la cama, cogió el unicornio de madera, que seguía junto a la ventana, y se acostó. A pesar de haber estado sobre la dura y fría piedra durante un largo rato, lo sentía extrañamente cálido al tacto. Aún no podía explicarse de dónde había salido, estaba totalmente segura de que cuando llegó al claro del bosque no estaba allí.
«Bah… tonterías. Seguro que sí estaba pero no lo vi, estaba bastante oscuro», pensó mientras jugueteaba con la figura.
Poco a poco, sus pensamientos retornaron a su padre y a su abuela. ¿Por qué Sinea siempre tenía razón en todo? ¿Y por qué ella siempre lo hacía todo mal? ¿Acaso no había nada bueno en ella? Desde luego, estaba claro que no podía hacer nada bueno, siempre había sido un desastre, desde que era pequeña, pero a medida que crecía, en lugar de aprender y mejorar, había sido peor cada día. Cada vez cometía errores más graves y decepcionaba más profundamente a su padre, la única persona que realmente le importaba.
De nuevo estaba llorando. Las lágrimas inundaban sus ojos oscuros y ella no podía hacer nada por evitarlo. Con amargura, se dijo que ella en realidad no quería ser así, quería ser buena y que todos estuvieran orgullosos de ella, pero hiciera lo que hiciera no lo conseguía. Pensó que, tal vez, había llegado el momento de dejar de ser ella misma, de rendirse ante la abrumadora evidencia de que así no sólo ella no conseguía ser feliz sino que hacía que los que la rodeaban, las personas que le importaban, tampoco lo fueran. Tendría que ser por fin la persona que todos esperaban que fuera. Sin saber por qué, apretó el unicornio muy fuerte contra su regazo y lloró amargamente hasta quedarse dormida.
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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
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Próximo capítulo… ¡de color verde!
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#Escuchando… Catorce vidas son dos gatos - Fito & Fitipaldis
Diciembre 4th, 2009 on 15:17
Seeh!!! =D A leer!
Diciembre 4th, 2009 on 15:33
Me encanta!!!En tu novela hay una cantidad de sentimientos increíbles,y eso me gusta!!!Ya quiero saber más sobre la historia,jejejeje…Esperaré ansiosa al próximo capítulo!!!
Un fuerte abrazo.
Maira.
Diciembre 4th, 2009 on 17:10
Ains… este capítulo te deja hecho polvo…
Eso dice mucho de ti como escritora, pero… ains… Maldita Sinea >_<
Siguente capítulo verde… esperaré, esperaré.
Un saludo, Itahisa
Diciembre 4th, 2009 on 20:52
la he leido, la he leido, la he leido!!! de momento, no le encuentro mayores diferencias a lo que leí en su día, pero como tampoco me acuerdo de los detalles pues lo mismo da xDD
me sigue gustando mucho, odio a sinea como siempre (y a la otra harpia tambien ¬¬)… voy a ver si me leo este ultimo capitulo mientras sigo de vacaciones
volveré pronto 
Diciembre 4th, 2009 on 23:02
Pues en realidad hay muchas cosas nuevas!
En la copia impresa que tengo con PUM tal como la escribí originalmente, ahora mismo voy por la página 17. En la copia revisada que tengo en el ordenador, ya va por la 26!!! La diferencia, son páginas nuevas!
Diciembre 6th, 2009 on 15:01
abuela manipuladora tonta ¬¬
es bueno que yo odie a la abuela, y que los demás lectores digan lo mismo, porque eso significa que consigues lo que quieres, hacer del personaje alguien malo malísimo que… bueno, que cumple la función para la que ha sido creado xD o sea, cabrearnos con la abuela ò.ó
xDD
essto se pone interesante
Diciembre 6th, 2009 on 20:22
eres la mejor escritora del mundo ita jajaaja ya nos veremos
Diciembre 7th, 2009 on 15:56
Gracias Alba! Aunque… ¿no crees que exageras un poquito bastnte? Jajaja…
Enero 20th, 2010 on 17:21
dichosa bruja de m… joooooooo pero esta niña es tonta?? no se da cuenta de que eso no es una abuela es una brujaaaaaaaaaa!!! jooooooo o la torturas tu o yo me convierto en algun personaje de tu historia tan solo para hacerle pagar todo lo que le esta haciendo a la princesa!!!!