Sin nombre

Más preguntas.

by Itahisa on Mar.07, 2010, under Preguntas

Si pudieras clonar a un personaje histórico y darle una profesión completamente diferente a la que tenía…¿Qué harías?

La verdad es que esta es una pregunta delicada.
Así, de pronto, lo que se me ocurre es escoger a alguno de los muchos h**os de p**a que ha habido en la historia y ponerlo, no sé, a picar piedra en el fondo de una mina o a hacer algún otro trabajo que le mantuviera alejado del resto del mundo durante toda su vida.
Pero esto también me hace pensar que tal vez el hecho de que esa persona existiera y haya hecho lo que hizo ha hecho que el mundo evolucione hasta ser como es hoy en día. Y ¡quién sabe! Quizás, si esa persona no hubiera existido como tal, ahora el mundo podría ser un lugar mucho peor.
Supongo que tendría que pensarlo muy bien hasta llegar a escoger a algún personaje que, de no haber existido con su profesión real, hubiera hecho que el mundo fuera al menos un poco mejor de lo que es hoy en día.
No sé… ¿Quizás George W. Bush? Seguro que habría estado bien como contador de huevos de gallina en alguna granja de Texas…

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¿Cuál es tu relación exacta con lo gótico? ¿Cómo te sentiste vistiéndote de blanco en los indianos?

Jajajaja… creo que ya sé quién me hace esta pregunta…
¿Mi relación con lo gótico? Pues en realidad creo que no tengo mucha. Me gusta la música gótica en general, y podría decirse que algunas cosas del modo de pensar “gótico”, aunque no es ni de lejos lo que más escucho. En cuanto a la vestimenta y demás, no me considero gótica tampoco, aunque sí es cierto que visto siempre de negro.
¿Cómo me sentí vistiéndome de blanco en los indianos? ¡Pues muy incómoda! El blanco es un color que ODIO, que no me queda bien y que no llevo nunca salvo en casos muy muy concretos y excepcionales. ¡Menos mal que los Indianos son sólo una vez al año!

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PUM. Capítulo 12.

by Itahisa on Mar.05, 2010, under Novedades, PUM

Hola hola!!

Como podréis ver, tanto yo como mi inspiración hemos estado de vacaciones carnavaleras primeor, y luego de fin de semana de evasión, así que hace varias semanas ya que ni PUM ni yo damos señales de vida. ¡Lo siento mucho!

Para compensar, además de un capítulo bastante largo, os dejo otra sorpresilla para celebrar de paso que El Blog Sin Nombre ¡ha superado las 4000 visitas! Vale, sí, sé que la mayoría probablemente serán mías, porque aquí no entra ni cristo si no es porque yo le acoso para que lo haga, pero de todos modos me hace ilusión. ¡Dentro de nada serán ya 5000 visitas!

El nuevo look bloguero está todavía en fase de prueba, iré cambiado cosillas poco a poco, porque esta es una plantilla que encontré por ahí y que he ido tuneando poco a poco como he podido (algo que no me resulta muy fácil que digamos). ¡Espero que les guste!

Ah, ¡y el capítulo también!

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Ж

Salieron juntos de la casa y caminaron hacia el centro de la ciudad, como todos los habitantes del bosque. Desde el día anterior había corrido como la pólvora la noticia del regreso de Byshael y todos esperaban ansiosos escuchar el relato de su viaje y las noticias que traería del exterior. Pero lo más importante para cada uno de los habitantes de Ayua era saber si había completado su misión con éxito: el futuro de aquella ciudad dependía de que así hubiera sido.

No tardaron mucho en llegar al claro en el que se encontraba el Haradyan, la Gran Madre. Cualquiera que lo viera por primera vez comprendería enseguida por qué le habían dado semejante nombre. Se trataba de un goeb gigantesco, tan enorme que ni cincuenta personas podrían abarcar su tronco, cuya corteza mostraba un intenso color dorado. Desde la distancia, nadie podría imaginar lo que aquel inmenso árbol, cubierto permanentemente de pequeñas y llamativas flores doradas, albergaba en su interior. Sólo al acercarse se percibía que las ramas más bajas y gruesas, que nacían totalmente horizontales a unos treinta metros de altura, se iban curvando hacia abajo hasta llegar al suelo, con lo que se formaba bajo ellas una especie de amplia bóveda vegetal con el tronco principal como columna central. Las frondosas ramas habían crecido hasta hundirse en el suelo, de manera que parecían vástagos del árbol principal, mientras que las más altas se curvaban a distintas alturas hasta dar al Haradyan el aspecto de una colosal fortaleza dorada.

Presidiendo la estancia, podía observarse el pequeño hueco que había en el tronco del goeb, a unos tres metros de altura. La madera alrededor de la hendidura, en lugar de presentar su característico color dorado, era de un negro intenso, como si hubiera sido pasto del fuego de un modo extrañamente localizado. En su interior, una forma verde oscura que emitía unos debilísimos destellos blancos era el centro de todas las miradas y arrancaba comentarios preocupados a mucha gente.

La mayor parte de los habitantes de Ayua estaban ya congregados bajo la fantástica cúpula cuando Silara y Byshael se abrieron paso entre la multitud, que al verlos guardó un respetuoso silencio. Por todas partes se habían reunido en pequeños grupos, a la espera de que la asamblea comenzara. Casi todos ellos, conscientes de los graves problemas que atravesaba la ciudad, la esperaban con inquietud, y observaron con atención mientras los recién llegados se acercaban hasta la tarima con diez grandes sillas de madera que habían colocado junto al tronco, justo debajo de la misteriosa hendidura en la cual palpitaba la pequeña y oscura forma. Los diez sabios de la Asamblea se encontraban ya allí, aguardando. Aunque todos tenían el mismo rango dentro de ella, Yhoahlibeth, el de más edad, era el más influyente y habitualmente ejercía de portavoz. Cuando la mujer y el joven se detuvieron frente a la plataforma les miró un instante y, acto seguido, dio comienzo a la reunión.

-Bienvenido seáis, Byshael –dijo solemnemente Yhoahlibeth desde su lugar en el centro de la Asamblea, mientras miraba fijamente al muchacho.

-Esperábamos ansiosos vuestro regreso –continuó Zhyra, que ocupaba el lugar inmediatamente a su izquierda.

-Ha sido un viaje largo y difícil –respondió Byshael, tras hacer una leve reverencia a modo de saludo-, que me ha llevado más lejos de lo que habría imaginado al partir. Me alegra estar de nuevo en mi hogar.

-Caballero de los Deseos… –dijo Xiory, la tercera, con ansiedad-, disculpad mi rudeza, pero no creo que os molestéis si paso directamente al asunto principal. Hace ya varios años que partisteis y con vos nuestras esperanzas. Hemos aguardado durante mucho tiempo sin tener ninguna noticia, así que, por favor, decidme, ¿habéis tenido éxito en vuestra misión?

-Lamentablemente… –comenzó a decir el joven, pero el inmediato murmullo de todos los asistentes no le permitió continuar.

La preocupación era visible en el rostro de todas y cada una de las personas allí reunidas, que se veían incapaces de contener su nerviosismo por más tiempo.

-Calma, amigos, Byshael aún no ha terminado– interrumpió Yazamey, poniéndose en pie.

-Lamentablemente –continuó el joven cuando volvió a hacerse el silencio, mientras miraba a todos los presentes-, me ha sido imposible traer la solución completa a nuestro problema. Sin embargo -continuó, alzando la voz, mientras la conmoción se extendía entre la multitud que le escuchaba-, tengo una parte de ella.

Ante semejante revuelo, Yhoahlibeth se levantó, despacio, y se dirigió a Byshael al mismo tiempo que el silencio volvía a hacerse en la sala.

-¿Decís que nos habéis traído una parte?  -preguntó el anciano, mientras trataba de disimular su inquietud-. Por favor, os ruego que os expliquéis.

-Cuando me fui -comenzó Byshael, encarándose con el pueblo de Ayua-, iba con la idea de visitar otras ciudades. Pensaba que en alguna de ellas podría encontrar la solución a nuestro problema, porque quizás en otro lugar podrían haber tenido antes el mismo problema que nosotros. Sin embargo, descubrí que no somos los únicos que contemplamos cada día cómo nuestra Zabay se muere.

-¿Qué queréis decir? -preguntó rápidamente Xiory, inquieta.

-Todas las piedras sagradas se encuentran en el mismo estado que la nuestra -anunció Byshael, con seriedad-. Visité cada una de las Edhëreas, y en todas ellas encontré la misma perplejidad ante lo que había ocurrido. Nadie sabía cómo había ocurrido, o si había sucedido ya antes, ni mucho menos cuál era el remedio para volver a la vida a las Zabay.

-Entonces esta situación es mucho más grave de lo que habíamos imaginado -dijo Yazamey, apesadumbrado, mientras se sentaba.

Entre la multitud, no se escuchaba ni el más pequeño murmullo. Todos comprendían hasta dónde alcanzaba la magnitud del problema, las funestas consecuencias que podía tener para todos. Además, ahora ya no sólo ellos corrían peligro, sino también todos sus hermanos de las demás Edhëreas.

Byshael hizo ademán de continuar, pero al observar cómo Yhoahlibeth se movía inquieto sobre la tarima decidió esperar un instante. El anciano parecía preocupado y pensativo, como si luchara mentalmente con una idea demasiado difícil de aceptar.

-Bysahel… -comenzó, con voz trémula-. ¿Estáis seguro de que… todas las Zabay han corrido la misma suerte que la nuestra? ¿Las siete?

-Completamente seguro, Venerable Yhoahlibeth -respondió el joven, respetuoso-. Y no sólo eso. Estoy convencido de que aquel extraño aullido que emitió el bosque en el instante en que nuestra Zabay moría no fue casual. En cada una de las Edhëreas pregunté a alguien sobre esto y en todas ellas obtuve la misma respuesta, pues parece que fue un fenómeno común. Más aún, creo que todas las piedras murieron al mismo tiempo, en todas las ciudades, y que en todos los casos fue el bosque en su totalidad el que se lamentó de forma tan desgarradora con la muerte de las Zabay.

-Definitivamente el problema es mucho más grave de lo que habíamos creído… -se lamentó Yhoahlibeth-. En las otras ciudades, ¿tenían alguna sospecha acerca del motivo de todo esto? ¿alguna solución?

-Realmente no –explicó Byshael-, o al menos no la tenían cuando yo las visité. En uno de los Oráculos del Este me contaron que poco antes de que su Zabay muriera las voces parecían haberse vuelto locas. Los encargados de anotar cada uno de los mensajes del Oráculo habían tenido que huir de allí para no caer en la locura, pues los gritos y los mensajes ininteligibles se sucedían sin cesar. Sin embargo, en medio de tal algarabía parece que hubo un extraño mensaje que se repetía sin cesar, sólo unas pocas palabras que parecían anunciar el final de nuestra era, el final de las Edhëreas.

De nuevo surgió un murmullo de las gargantas de todos los presentes. Las noticias que traía el Caballero de los Deseos no eran ni de lejos las que ellos habían deseado escuchar. Yhoahlibeth se había ido poniendo pálido durante el relato del joven, así que varios miembros de la Asamblea se levantaron y le ayudaron a sentarse de nuevo.

-Decidnos de una vez, por favor –esta vez fue Zhyra la que habló-, qué es eso de que habéis traído parte de la solución al problema.

-Vagué mucho tiempo por toda Aghya, e incluso llegué a viajar al exterior en busca de un remedio que volviese la vida a las Zabay. Sin embargo, en ningún sitio parecían saber qué podía hacerse. Cuando ya casi había perdido la esperanza y pensaba en regresar, llegué a las terribles cordilleras de Hazait, a las que me dirigía en busca de una última pista que me pudiera devolver al camino correcto -comenzó a relatar de nuevo el joven-, y enseguida noté que algo o alguien guiaba mis pasos. No puedo explicar exactamente cómo ocurrió, pero de pronto me encontré avanzando con total seguridad hacia una colina cercana y poco tiempo después vi la entrada a una cueva. Al internarme en ella me di cuenta de que era muy profunda y estaba habitada. Y allí fue donde la encontré, en el fondo de aquella gruta.

-¿Y qué era? –preguntó Aruan, el más joven, con impaciencia.

-No era algo, sino alguien.

-Así que la encontrasteis -dijo Yhoahlibeth, en un tono apenas audible, mientras miraba alternativamente a Byshael y a Silara.

-Sería más preciso decir que ella me encontró a mí -respondió el joven mientras asentía-. Al final de uno de los túneles estaba ella, Yashoadara. Ella me había guiado hasta allí, conocía nuestro problema, sabía que las Zabay estaban muriendo y que yo buscaba desesperadamente una solución. Aunque ella no la tenía, supo que debía decirme algo, algo que probablemente ninguno de nosotros sabía: nuestras piedras sagradas son alimentadas por una extraña energía que llega a ellas y les permite dar vida a todo lo que hay a su alrededor, y es precisamente la carencia de esa energía la que ha hecho que mueran.

-¿Qué energía es esa, Caballero? –interrogó Yhoahlibeth.

- Nadie lo sabe -dijo Byshael-, ni siquiera Yashoadara supo decírmelo, pero es seguro que sin ella la vida de los hogares de las Zabay comenzará a extinguirse.

De nuevo el murmullo de los asistentes impidió que el joven continuara su relato. Hablaban todos a la vez y muchos se habían levantado de sus lugares mientras comentaban lo que acababa de decir Byshael. Todos sabían lo que aquello significaba: la vida del bosque desaparecería poco a poco si no se encontraba la solución. De hecho, en algunas zonas de Thrakien ya se había hecho patente el efecto que había tenido la muerte de la Zabay.

-¡Calma! –gritó Zhyra para hacerse oír por encima del alboroto.

Cuando la multitud comenzó a serenarse y volvió el silencio, se encaró con el joven.

-¿Cómo podemos recuperarla, Byshael? -preguntó, muy seria-. ¿Dónde y cómo podemos encontrar esa energía? No nos quedaremos de brazos cruzados mientras contemplamos el mundo a nuestro alrededor morir.

-No lo sé… -respondió el Caballero de los Deseos, con tristeza-. Yashoadara tampoco sabía de dónde provenía esa energía. Sin embargo…

El pueblo de Ayua se mostraba cada vez más agitado. La gente se había puesto en pie y murmuraba con nerviosismo mientras continuaba observando con atención cuanto ocurría sobre la tarima central. Esta vez fue el turno de Silara para llamar al orden.

-Sin embargo… -repitió el joven, mientras la expresión de su rostro se endurecía-. Hay algo que sí sabemos. La última vez que vi a Yashoadara me reveló que la salvación vendría de manos de un humano. Que él traería de vuelta la energía que reviviría las Zabay. No quise creerla, pero más tarde regresé al Oráculo de Vaula y supe que allí las voces, que seguían gritando enloquecidas, habían revelado ese mismo mensaje.

-Así que no nos queda más opción que esperar a que venga a nosotros ese humano –dijo Xiory, lentamente, con evidente desagrado-. ¿Y cómo podremos estar seguros de que esa mujer te dijo la verdad? ¿Cómo sabemos que el mensaje del Oráculo es realmente cierto?

Esta vez fue Silara la que contestó.

-No podemos saberlo… -sentenció, mirando fijamente a cada uno de los miembros de la Asamblea-. Sin embargo, no tenemos más remedio que creer en sus palabras. Simplemente, no hay otra opción. Es nuestra única esperanza.

Y esta vez no se produjo ningún alboroto bajo la dorada y luminosa bóveda del Haradyan. Un silencio sepulcral se extendió entre los habitantes de Ayua, que se miraban unos a otros con perplejidad, pues nunca antes habían pensado que pudieran encontrarse en una situación semejante.

Era cierto, aunque ninguno de ellos quisiera creerlo.

Un humano era su única esperanza.

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Todos los derechos reservados
(All rights reserved)
La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

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Este capítulo es uno de los que más me costó escribir en un principio, porque es donde se explica una de las cosas más importantes de toda la trama de PUM, así que, ¡por favor!, si ven que hay algo que no se entiende bien, pregúntenme y así podré reescribirlo de forma que se entienda mejor!

¡Muchas gracias!

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#Escuchando… Shatter me with hope - HIM

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Not alone.

by Itahisa on Feb.13, 2010, under Citas, Días especiales, Foto del día, Música

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No estás sol@
(…)
Porque no estás sol@
Yo estoy siempre ahí contigo
Y nos perderemos juntos
(…)

Lost - Michael Bublé
A veces, cuando nos sentimos tristes o estamos pasando por un mal momento en nuestras vidas,  podemos pensar que estamos solos, que nadie está a nuestro lado para sostenernos.
La mayoría de las veces, simplemente no estamos viendo a esas personas ‘invisibles’ que están siempre ahí con nosotros, que nos ayudarán y tenderán su mano hacia nosotros cada vez que lo necesitemos. Puede ser familia, amigos, la pareja o incluso un desconocido al que conoces en el lugar adecuado, en el instante adecuado.

Esta foto (y esta entrada) es para todas esas personas.

#Escuchando… Lost - Michael Bublé

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IMPRESIONANTE.

by Itahisa on Feb.12, 2010, under De interés

Al ver por ahí los comentarios de “el mejor vídeo que he visto en mi vida”, me entró curiosidad, aunque pensé que, como siempre, no sería más que una exageración.

Sin embargo, después de verlo… me he quedado sin palabras. Lo único que puedo decir es… WOW!!

Simplemente véanlo, los doce minutos y medio que duran bien valen la pena por las sensaciones que transmite, por la increíble belleza de cada una de sus imágenes. Realmente me parece impresionante, no pueden perdérselo.

Disfrútenlo.

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The Third & The Seventh from Alex Roman on Vimeo.

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PD: Me ha costado un buen par de minutos volver al MundoReal! Cuando he visto que terminaba lo único que he pensado ha sido “Noooooooooo!!!!”…

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Complicidad.

by Itahisa on Feb.11, 2010, under Foto del día

Hay miradas que lo dicen todo.

Otras, no dicen nada.

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#Escuchando… Close to me - The Cure

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Para los curiosos.

by Itahisa on Feb.10, 2010, under Novedades, Preguntas

Ayer, a sugerencia de DarkSapiens (;P), terminé por hacerme un formspring.me. ¿Que qué es eso?

Bien, es una web en la que puedes preguntarme cosas, ¡cualquier pregunta que se te ocurra! ¿Quieres saber algo sobre mí? ¿Qué opino sobre algo? Cualquier duda que tengas, simplemente pregúntala y responderé en cuanto pueda.

Así que… ¿a qué esperas? Basta hacer click AQUÍ y dejar la pregunta. ^.^ ¡Anímate!

Como ejemplo, dejo la primera pregunta que me hicieron, con su correspondiente respuesta.

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Existen los extraterrestres???

Creo sinceramente que sí que existen, siempre y cuando entendamos por “extraterrestres” cualquier tipo de ser vivo originario de un lugar externo al planeta Tierra.

Hay demasiadas galaxias en el Universo, con demasiadas estrellas en ellas, con demasiados planetas orbitando a su alrededor, como para que entre todos ellos no haya al menos uno en el que se dé también la extraordinaria serie de casualidades que ha permitido la vida aquí.
Sería, además, demasiado arrogante de nuestra parte pensar que somos los únicos seres vivos de todo el Universo, los únicos privilegiados que reciben premio en esta suerte de lotería cósmica.

Todos estos “extraterrestres”, por supuesto, no tienen por qué ser (y de hecho no creo que sea muy probable que lo sean) como los seres vivos tal y como los conocemos en nuestro planeta, y hé ahí lo más fascinante de todo esto, el imaginar qué clase de criaturas podrían encontrarse en todos esos planetas misteriosos que aún hoy no podemos sino descubrir al mirarlos “de reojo”. ¡Hay tantas posibilidades ahí fuera!

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#Escuchando… There you’ll be (from Pearl Harbor OST) - Faith Hill

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Para los angelitos.

by Itahisa on Feb.09, 2010, under Días, Foto del día

Hay días en los que, nada más levantarte, te das cuenta de que el hemisferio derecho del cerebro está pidiendo guerra. Días en los que sientes que tienes que expresar lo que llevas dentro, sea mucho o poco, grande o pequeño, interesante o aburrido. Días en los que la inspiración te llega con la luz del Sol (o de la Luna) y te animas a escribir, o a hacer una foto nueva o tal vez a dedicarle el tiempo necesario a algo que hace tiempo lo reclamaba.

Días como hoy, supongo.

Así que, aprovechando la excusa, he decidido dar una pequeña sorpresa a alguien, sin ningún motivo en particular. O más bien debería decir que es por todos esos motivos que se acumulan día tras día sin ser apenas reconocidos, por esos pequeños y grandes momentos que pueden hacerte sonreír, llorar o que te llevan a sentir que muchas veces no estás tan sola como crees, que hay quien te comprende, que te demuestran que hay personas que realmente vale la pena conocer, de las que te puedes sentir orgullosa cada día.

Supongo que hoy se me cruzaron los cables, angelito.

Porque hoy me apeteció darte las gracias, simplemente porque sí (just because ;P).

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#Escuchando… I’m not ready to die (from The Island OST) - Steve Jablonsky

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Thank you, life! (o semana nueva, vida nueva)

by Itahisa on Feb.08, 2010, under Días, Foto del día

Bueno, abro la primera entrada “no PUMiana” del año disculpándome por no haberla escrito antes. Realmente no tengo excusa más que la vagancia, lo poco inspirada que he estado y, en parte, la falta de tiempo, porque la verdad es que ha sido un final y comienzo de año de lo más ajetreado.

Han sido muchas las cosas que han pasado en todo este tiempo, muchos los recuerdos de estos días los que se acumulan en mi mente. Cada uno de ellos merecería por sí solo una entrada de blog, o al menos unas líneas, pero me temo que para algunos de ellos ya es demasiado tarde y aún no siéndolo, me llevaría mucho más tiempo del que tengo expresar decentemente con palabras cada uno de esos momentos, de modo que tendrán que conformarse con el huequecito que les hago en mi memoria, a la espera de que algún día me decida a dedicarles más que algún pensamiento esporádico.

Sin embargo, sí que podría y debería decir algo sobre lo que vendrá. Hoy me he despertado en mitad de un sueño. Uno de esos que no se olvidan fácilmente y te hacen pensar durante un buen rato cuando tú en realidad lo que más desearías es volverte a dormir. Supongo que saben a qué tipo de sueños me refiero.

Al final, me he levantado, a pesar de que era demasiado temprano. Es un día blanco y lluvioso en Mordor, de los que me gustan para salir a pasear conmigo misma meintras pienso en cualquier cosa. Hoy no he salido, pero sí que he reflexionado y tomado una decisión.

Me he declarado la guerra.

Sí, a mí misma. O para ser más concretos, a la peor parte de mí, la que me hace odiarme cada segundo, la que me avergüenza hasta el punto de no ser capaz de reconocerlo ante nadie. Esa yo, si tengo éxito, tiene los días contados.

Semana nueva, vida nueva.

Deséenme suerte.

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PD: Sí, sé que debería haber puesto capítulo nuevo de PUM el viernes, pero mi inspiración se ha ido de vacaciones, o quizá esté ya por ahí celebrando el carnaval. ¡Lo siento!

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#Escuchando… Memory (from Cats) - Elaine Page

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PUM. Capítulo 11.

by Itahisa on Ene.29, 2010, under PUM

Hoy no tengo tiempo de escribir nada sobre el capítulo, así que simplemente, ¡espero que les guste!

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Todo ocurría durante la hora que precedía al alba. En esos momentos, en los que el aire es más frío y la noche aún más oscura si cabe, comenzaba lenta y casi imperceptiblemente aquella transformación casi milagrosa. El cielo celebraba la llegada del nuevo día con una auténtica fiesta de colores, y con toda aquella belleza el resto del mundo despertaba poco a poco del sueño de las tinieblas.

Mientras paseaba hacia su lugar favorito, Byshael no podía dejar de percibir cómo la brisa era cada vez más cálida, cómo comenzaban a escucharse aquí y allá los tímidos trinos de las aves más madrugadoras, cómo el bosque entero parecía estremecerse de emoción esperando los primeros rayos de aquella luz que para todos significaba la vida. Había visto muchos amaneceres en su largo camino, pero aquel tenía el encanto de lo conocido y largamente añorado.

Desde donde estaba, ya podía ver una buena parte de Aghya extendiéndose ante sus pies. Al contemplar la belleza, aún en sombras, de aquel pequeño mundo, no pudo evitar preguntarse dónde estaría ahora la extraña muchacha que había robado su Yhaara. Su rostro aparecía una y otra vez en su cabeza, con aquella extraña expresión de felicidad mientras dormía. Y entonces volvía a escuchar sus sollozos desesperanzados y debía admitir ante sí mismo que ella le intrigaba, aunque su instinto le aseguraba una y otra vez que ella no era sino una humana más.

La silueta del brillante Ayron recortándose contra el horizonte del oeste alejó de su mente cualquier pensamiento ajeno a la hermosa escena que tenía delante. Sintiendo la brisa en el rostro, Byshael se recostó contra el majestuoso tronco del goeb en el que estaba apoyado y respiró hondo, dejando que el aire aún fresco de la madrugada sacara de su interior todo cuanto le perturbaba, para dejar paso a aquella única sensación de simple tranquilidad que le resultaba tan difícil encontrar en cualquier otro sitio y momento.

Los colores cambiaban ahora rápidamente en el inmenso cielo, como si algún pintor loco se divirtiera variando mil veces cada tonalidad sin quedar nunca totalmente satisfecho. Sin embargo, cuando la radiante luz del día hubo invadido con descaro completamente los antiguos dominios de las sombras, el joven se obligó a regresar a casa de Silara. Había mucho que hacer, que hablar, antes de la reunión que se celebraría por la tarde, de la que dependía en gran medida el futuro de todos los habitantes de las Edhëreas. Se forzó a repasar mentalmente todo lo que debía decir, los puntos en los que tenía que hacer especial hincapié, mientras emprendía el camino de regreso.

Al llegar, encontró a Silara atareada junto al fuego, sobre el que humeaban varios brebajes de olores, colores y consistencias muy diferentes.

-Casi había olvidado tu antigua costumbre de escabullirte de madrugada -dijo ella, sin volverse a mirarle-. Pensé que los años y el polvo del camino te habrían hecho apreciar una cama cálida y cómoda.

-No podía dormir -dijo él, pensativo, mientras apoyaba la espalda en el marco de la puerta-. Y me ha hecho bien recordar lo hermosos que pueden ser los lugares más comunes, los más conocidos. El hecho de tenerlos ante nosotros cada día no hace que sean menos especiales, pero tal vez resulta más difícil darse cuenta de que realmente lo son.

-Es una hermosa conclusión, y muy acertada -contestó Silara, sonriendo y mirándole por primera vez desde que había entrado.

Un sonido del exterior interrumpió repentinamente la conversación. Alguien se acercaba rápidamente a la puerta y Silara se levantó con agilidad y salió a su encuentro. Era una ninfa muy joven, y por la expresión seria y preocupada de su rostro, se podía imaginar que acudía a Silara en busca de ayuda. Recordando que aquellas visitas repentinas eran habituales en casa de la mujer, Byshael se mantuvo al margen, escuchando con atención pero sin intervenir, a pesar de las miradas curiosas que de vez en cuando le dirigía la ninfa. Uno de los nespit que hacían guardia junto al río, se había asustado al ver a varios hombres remontándolo en una barca y, al caerse al suelo desde la rama en la que estaba, se había herido con varias de las agudas púas de los arbustos, además de haber sufrido un fuerte golpe. Silara dirigió una mirada a Byshael a modo de excusa y se alejó rápidamente junto a la jovencita.

Sonriendo, Byshael se sirvió una taza de la infusión que Silara había estado preparando y salió al exterior. No muy lejos de allí vio a Hekki que, junto a otros ilanit, estaba siendo entrenado por un grupo de hábiles nespit que montaban a su vez en varios ilanits, pero en cuanto vio que su amigo salía de la casa, se las ingenió para volar a su encuentro. Los demás ilanit se sumaron con gusto al motín y fueron tras él, chillando emocionados por la forma en que habían abandonado el entrenamiento y comenzaron a revolotear a su alrededor, eufóricos.

-Parece que habrá que dar por terminada la sesión de hoy -dijo, malhumorado, uno de los nespit, acercándose al vuelo mientras agitaba sus diminutas manos.

-Vamos, Jyri, no me lo tengas en cuenta -respondió Byshael, sonriendo divertido al reconocerle-. Supongo que Hekki me ha echado de menos.

-¡Vaya! ¡Si aún sabes reconocer a los amigos! -replicó el nespit, con una nota de rencor en la voz-. Pensé que a estas alturas ya me habrías olvidado.

-¿Cómo iba a olvidar al único nespit con mal genio de toda Ayua?

-Al único… ¡Habráse visto! ¡Mal genio! ¡Yo! ¡Es intolerable! Si no fuera porque eres quien eres ya te habría…

-¡De acuedo, de acuerdo! -exclamó Byshael, interrumpiéndole, al tiempo que soltaba una sonora carcajada-. Queda claro que no tienes mal genio.

-¡Faltaría más! -respondió, indignado, Jyri.

Hekki, al margen de la discusión que mantenían su amo y su entrenador, continuaba revoloteando alrededor del primero, en un vano intento de captar su atención.

-Él no es el único que te ha echado de menos -dijo el nespit, mientras observaba al pequeño ilanit-. Todos por aquí hemos estado ansiando tu regreso desde casi el mismo momento en que te fuiste.

-Lo sé -respondió Byshael, cabizbajo y pensativo-. He estado demasiado tiempo fuera, pero espero que haya valido la pena

-Todos lo deseamos. Sabes que estamos en tus manos.

-Sí, Jyri -contestó el joven, sonriendo con aparente calma-. En un rato se celebrará una asamblea junto al Haradyan. Espero verte allí.

-Por supuesto que estaré allí -contestó el nespit, al tiempo que se alejaba junto al pequeño grupo de ilanits.

Una de aquellas pequeñas criaturas, desconcertada, voló rápidamente hasta Hekki y tiró de él para que les acompañara, como habitualmente. Esa vez, sin embargo, el ilanit le silbó a modo de despedida y se aferró firmemente al brazo de Byshael. Tras dedicarle una sonrisa y una caricia de agradecimiento, el joven continuó caminando por los alrededores mientras contemplaba la ciudad.  A pesar de ser casi última hora de  la mañana, la actividad era incesante. El pequeño mercado diario tendía sus puestos a pocos metros de allí, y todos se esmeraban por convencer al resto de que sus productos eran los mejores, a fin de obtener a cambio de ellos lo que necesitaban.

Le sorprendía muchísimo ver cómo había cambiado todo durante su ausencia. La ciudad se había extendido y ahora ya tenía más de un millar de habitantes. Mucha gente le miraba con mal disimulada curiosidad mientras paseaba junto a Hekki con tranquilidad y un grupito de niños de distintas especies incluso había comenzado a seguirle mientras trataban de imitarle entre risas divertidas. Cuando al fin uno de ellos se atrevió a acercársele, Byshael vio que Silara se dirigía hacia él, de modo que se excusó rápidamente con los pequeños y les prometió que más tarde tendrían muchas historias nuevas de sus aventuras.

-¿Cómo se encuentra el nespit? –preguntó, interesado.

-Bien, sólo tenía un arañazo con un poco de veneno y algunas magulladuras –respondió ella con una sonrisa-. Se pondrá bien enseguida.

-Hablábamos de tu paseo de esta mañana -preguntó Silara, cuando estuvieron de nuevo en su casa, para retomar el hilo de la conversación anterior-. ¿Has conseguido ordenar tus ideas?

-Sí… -dijo el joven, sin sorprenderse ya de que ella pudiera adivinar tan fácilmente sus intenciones-. Creo que sí. He estado dándole vueltas a la reunión de esta tarde, tengo que encontrar la forma de explicarlo todo sin crear alarma entre la gente.

-Sí, eso es cierto -dijo Silara, deteniéndose un momento-. Has de ser muy prudente, cuando hables esta tarde, pero eso no lo único que te inquieta.

Esta vez fue Byshael el que se mantuvo inmóvil, junto a la puerta abierta, con la vista fija en algún punto indeterminado del exterior. Suspirando, entró y se sentó sobre unos cojines, apoyó la cabeza en la pared y cerró los ojos.

Imágenes.

Una visión acelerada de varios momentos de los últimos años apareció ante sus ojos, haciéndole revivir con intensidad cada uno de ellos. La impotencia que había sentido en aquellos instantes se sumó ahora a la rabia y a la vergüenza y sellaron sus labios antes de que alcanzara siquiea a abrirlos. Había cosas de las que no se sentía capaz de hablar aún, pues aún le resultaban demasiado dolorosas o frustrantes como para tratar de compartirlas con nadie.

-No he visto el Yhaara entre tu equipaje -comentó Silara, cambiando de tema al adivinar que él no estaba preparado todavía para hablar-. ¿Tampoco vas a hablarme de ella?

Aquellas palabras tomaron por sorpresa a Byshael, que dio un respingo y miró de hito en hito a la mujer. Se sentía demasiado avergonzado por su torpeza, por haber perdido aquello que debía ser lo más importante para él, como para iniciar aquella conversación por él mismo, a pesar de que aquél era uno de sus mayores problemas. Su vida, en gran medida, dependía de aquel aparentemente insignificante pedazo de madera, y lo había perdido de la forma más estúpida que pudiera imaginar, pero lo peor es que no tenía la menor idea de cómo recuperarlo.

-No es necesario que seas tan duro contigo mismo -dijo Silara, con suavidad, al ver que él se llevaba las manos a la cabeza, presa de la frustración-. Fue un accidente, nada más.

-¡Un accidente! -replicó él, de inmediato, con amargura-. No es necesario que seas tan condescendiente conmigo. Ambos sabemos que ha sido un error imperdonable por mi parte y que no podré estar tranquilo de nuevo hasta que vuelva a tener el Yhaara sano y salvo en mis manos.

-Sí, debes recuperarlo cuanto antes -respondió ella, con calma-, pero no tienes por qué torturarte cada segundo. No vas a solucionar nada de esa manera…

-Claro que no solucionaré el problema torturándome, Silara, pero no puedo evitarlo. ¿Tienes idea de lo que podría hacer conmigo esa humana si supiera lo que tiene entre las manos?

-¿No crees que si tuviera idea de que la bonita figura de madera que encontró tirada en el bosque es algo más que eso ya habría hecho algo al respecto?

-Tal vez esté esperando algo, o a alguien, no sé… -dijo Byshael, nervioso, mientras se levantaba y comenzaba a andar por la habitación-. Nunca hay que fiarse de los humanos, por inocentes que parezcan.

-Nunca hay que… -repitió Silara, pensativa-. Esa es una opinión muy radical, ¿no te parece?

-Es la verdad -contestó él, volviéndose hacia la puerta, que continuaba abierta-. Son mezquinos, traidores y mentirosos. Les complace ser crueles y destruir todo cuanto les rodea, se regodean en la desgracia ajena, ni siquiera se preocupan por sus propios semejantes, lo único que les interesa es conseguir todo cuanto se les antoja, cueste lo que cueste.

-Tú no eres muy distinto a esos humanos a los que tanto odias, Byshael -sentenció la mujer, con seriedad-. Tal vez te convendría no olvidarlo.

-Hace mucho que dejé de ser uno de ellos, y lo sabes -respondió el joven, con su rostro deformado por el rencor y el desprecio.

-Por más que reniegues de tu pasado, siempre estará ahí, y no puedes hacer nada para cambiarlo. Algún día tendrás que aceptarlo.

Llegados a este punto, alguien llamó a la puerta, interrumpiendo una vez más la conversación. Silara se levantó, y tras hablar brevemente con la misma ninfa que antes había avisado del accidente del nespit, se dirigió con seriedad a Byshael.

-La reunión junto al Haradyan ya está preparada –anunció la mujer-. Es hora de que vayamos.

-Será mejor que  no les hagamos esperar.

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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

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Bueno, algo sí tengo que decir, y es que he reescrito prácticamente todo este capítulo en un tiempo record, así que no me lo tengan muy en cuenta si encuentran muchos fallos por ahí. En cuanto disponga de un poco más de tiempo lo revisaré con más calma.

¡Hasta la próxima!

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#Escuchando… The Chairman’s Waltz (from Memoirs of a Geisha) - John Williams

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PUM. Capítulo 10.

by Itahisa on Ene.22, 2010, under PUM

¡Y volvemos a la rutina de los viernes! Capítulo 10 ya, ¡vamos avanzando! Y para estrenar nueva decena, capítulo de un color nuevo, ¡blanco! Eso quiere decir que el punto de vista será el de otro personaje distinto en este capítulo. Tengo que decir que, en mi original, el capítulo es de color NEGRO, pero claro, en un blog con fondo negro, poner texto en negro…

En fin, que me estoy enrollando mucho, ¡espero que les guste!

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Ж

El día, aunque había comenzado en medio de una espesa y húmeda niebla, transcurría ahora bajo la cálida y radiante luz del sol, y de igual modo parecían haberse disipado las dudas que había albergado la noche anterior respecto a qué haría su rebelde nieta aquella mañana. Hacía ya varias horas que había salido el sol y nadie había visto aún a Khuanya, lo cual le resultaba de lo más conveniente, puesto que podría demostrar una vez más a su yerno la conveniencia de imponer una disciplina aún más dura a la muchacha e, incluso, la posibilidad de hacer que alguno de sus múltiples parientes la acogiera lejos de allí. Pensaba en todo esto, satisfecha al ver cómo aquel plan comenzaba a realizarse ante sus ojos, cuando una criada llamó con timidez a su puerta para informarla de que el desayuno ya estaba servido.

Sabiendo que debía presentar convincentemente sus argumentos a Khar cuanto antes, se dispuso a bajar al salón, al que entró en el preciso momento en que el Rey preguntaba por su hija a una de las doncellas.

-Nadie la ha visto hoy, Majestad -contestó la muchacha rápidamente.

-¡Desvergonzada! -exclamó Sinea al escuchar la respuesta, mientras ocupaba su lugar junto a Khar en la mesa y comprobaba que, efectivamente, Khuanya no estaba allí-. Toda la ciudad comenta cómo sale a hurtadillas del castillo cada noche, y fueron muchos los que la vieron regresar ayer con ese asquecto de vagabunda miserable. ¡Por Ayron! Si parecía una cualquiera, con ese vestido de campesina que se empeña en llevar siempre todo roto y mojado.

Se interrumpió sólo el tiempo necsario para dar un sorbo a su infusión y mirar con severidad al resto de los comensales. Comprobó con interés si le estaban prestando atención. Khar, que se había decidido a dejar la cama a pesar de no estar totalmente restablecido, parecía escuchar mientras en su cabeza se libraba la eterna lucha entre lo que sabía que debía hacer y lo que le gustaría. Khure, por el contrario, parecía más concentrado en el bienestar de Yanara, que se sentaba frente a él, que en atender a lo que se estaba diciendo sobre su hermana. Sinea carraspeó sonoramente par captar su interés antes de proseguir.

-Si estuviera en tu lugar, Khar, no permitiría ni un día más esa conducta indigna de una princesa de Kharsean -continuó, convencida-. Opino que tendrías que ser más firme con ella, es lo que siempre te he dicho. Quizás, incluso sería conveniente enviarla lejos una temporada, de ese modo las malas lenguas se acallarían y tal vez así pudiéramos conseguirle un buen casamiento antes de que termine de echar por tierra su reputación. Si escribiera a mi hermano…

-Tú no estás en mi lugar, Sinea -sentenció Khar, de inmediato-. Y aunque lo estuvieras, sólo yo tomaría una decisión tan importante respecto a mi hija. No vas a escribir nada a tu hermano sobre enviar  a Khuanya lejos de su hogar. Ella no se irá de aquí a menos que yo lo estime conveniente.

-Pero tú mismo viste ayer de lo que es capaz -interrumpió Sinea, molesta-. No le importa arrastrar por el lodo su buen nombre y mucho menos el de la familia si con ello consigo satisfacer sus ridículos caprichos. Y a pesar de todo, hoy ha vuelto a escaparse, haciendo oídos sordos a mi prohibición de salir de nuevo al menos hasta que el vergonzoso incidente de ayer se olvidara.

-La abuela tiene razón, padre -intervino Khure, que hasta el momento se había limitado a ser un mero espectador-. Khuanya siempre hace lo que quiere, sin pensar en las consecuencias que sus actos pueden tener para los demás.

-No seas tan duro con tu hermana, hijo -respondió el Rey, mientras miraba más allá del joven príncipe-. Yeixa…

-¿Sí, Majestad? -contestó la muchacha, acercándose unos pasos a la mesa.

-¿Has visto hoy a mi hija?

-¿La has vigilado, como te ordené? -interrumpió Sinea-. Deberías haber avisado de inmediato a alguien al ver que la Princesa salía sola del castillo sin autorización una vez más.

-Sí, Majestad, lo sé. Pero…

-¿Qué excusa tienes para tan imperdonable negligencia, muchacha? -interrogó la anciana.

-La Princesa no ha salido de su habitación, Majestad -se apresuró a decir la doncella-. Sigue en su habitación.

-¿Cómo lo sabes? -continuó, desconfiada, Sinea.

-Poco después del amanecer me asomé discretamente a su puerta y la Princesa aún dormía. Hoy no ha ido a pasear, Majestad.

-¿Y por qué no ha bajado a desayunar con nosotros?

-No… no lo sé, señora. Yo bajé a las cocinas hace apenas unos minutos, pues debía cumplir con mis obligaciones en la mesa.

-Sube a buscarla, por favor, Yeixa -pidió Khar.

-¿Qué es lo que estás esperando, muchacha? -ordenó Sinea, alzando la voz, al ver que la doncella dudaba un instante-. ¡Sube a buscarla! Si piensa que podrá quedarse en su habitación todo el día por una pataleta de niña consentida, está muy equivocada. Si no baja a desayunar con nosotros enseguida, se quedará sin tomar nada todo el día.

-Sí, Majestad. Se lo diré enseguida.

Yeixa corrió por los pasillos y corredores hasta llegar a la habitación de su señora. Realmente apreciaba a Khuanya, ella siempre la había tratado bien, con respeto, y no quería ocasionarle más problemas con su abuela de los que ya tenía. Llamó con la aldaba, pero nadie respondió. Pensando que la Princesa tal vez estaría en el estudio, como tantas otras veces, y no la escucharía desde allí, abrió la puerta y entró, en silencio.

-¿Princesa? -llamó, cautelosa.

Una tenue claridad penetraba en la habitación por el espacio que había entre los pesados cortinajes de las ventanas, pero era suficiente para ver con claridad el interior de la estancia. Para asombro de la doncella, Khuanya aún dormía, o eso es lo que parecía desde la puerta. Se acercó, lentamente, y la llamó.

-Princesa, debéis levantaros -dijo, en voz baja, para no sobresaltarla-. Vuestra familia os está esperando en la mesa para desayunar.

Tras estas palabras, la única respuesta que obtuvo fue un sonoro maullido de Khaisa, que observaba atentamente desde los pies de la cama de su ama. Pensando en algo que fuera más convincente e hiciera levantarse a la Princesa, continuó.

-Vuestra abuela ha dicho que si no estáis allí en diez minutos os quedaréis sin tomar nada todo el día -prosiguió, mientras seguía avanzando hacia la cama.

Estaba ya muy cerca de Khuanya, que yacía con los ojos cerrados. Parecía muy abrigada, a pesar de que no hacía frío en la habitación, y no se movía. Le pareció que su rostro lucía aún más pálido que de costumbre. Además, se aferraba con fuerza a algo que llevaba en las manos, lo apretaba contra su pecho. No podía ver bien de qué se trataba, pero le pareció muy extraño.

-¿Os encontráis bien, Majestad? -preguntó, inquieta, al fin.

Al no hallar respuesta tampoco esta vez, se atrevió a extender la mano y rozar la frente de la joven. Estaba muy caliente y el sudor perlaba todo su rostro, pero a pesar de aquel calor que emanaba, la Princesa temblaba como si tuviera mucho frío.

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La Princesa y el unicornio de madera by Itahisa N. Glez A.
está inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual, nº 00/2007/3488.
Prohibida la distribución o copia.

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¡Mua ha ha!

¿¿Qué creen que hará ahora Sinea??

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#Escuchando… All of them! (from King Arthur OST)- Hans Zimmer

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